Arantxa Sánchez Vicario

10 / 10 / 2008 0:00 Alfonso Ussía
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¡Gracias!

Luchaba y corría como nadie. Ha sido la más grande y brillante tenista de España.

Lo que peor hace Arantxa Sánchez Vicario es escribir su nombre. Arantxa es Aránzazu, y se escribe “Arancha” en español y “Arantza” en vascuence. Pero el detalle carece de importancia. Lilí Álvarez fue nuestra primera gran jugadora de tenis, pero el tenis femenino en España no podría concebirse sin Arantxa. Tuvimos la gran fortuna de que coincidiera con Conchita Martínez, primera española vencedora en Wimbledon, pero no tan influyente como Arantxa. Estableciendo comparaciones se podría decir que Arantxa ha sido a Santana lo que Conchita a Gimeno.Y Santana es el apellido sagrado del tenis español junto al Nadal de Manacor.

Marcando la diferencia.

Arantxa ganó en París el Roland Garros a Steffi Graf, aquella mujer y deportista alemana maravillosa. También triunfó en el Abierto de los Estados Unidos, y a un paso estuvo de conquistar Wimbledon. Conchita era tronca, alta y delgada, como casi todas las tenistas, y Arantxa, fuerte y regordeta. Aparentemente tenía las piernas redondas y cortas, pero las movía como una gacela. Su “¡Vamos, coño, vamos!” se hizo grito de guerra. Y además, aunque seria y dura en la pista, era simpática y educada, lo que siempre se agradece. Sin Arantxa, el tenis femenino español sería un bello sueño alegrado por una luz inesperada. El Wimbledon de Conchita Martínez, que batió en la gran final a Martina Navratilova ,probablemente la más grande de todos los tiempos. Pero es Arantxa la que marca el antes y el después, si bien el segundo no ha resultado tan brillante como esperábamos todos. La invasión del Este y las hermanas negras neoyorquinas han contribuido a ello. Arantxa hubiera podido con ellas. Si martirizó a Steffi, lo mismo habría torturado a Sharapova , y a las Williams las hubiera sacado de quicio. Luchaba y corría como nadie. Alcanzó la plena maestría muy pronto, y se mantuvo en el poder de la WTA durante una década. Patriota hasta el tuétano, no admitió nunca tejemanejes nacionalistas. Sus hermanos Emilio y Javier , notables tenistas –Emilio especialmente–, algo tuvieron que ver en su perseverancia. Su madre, doña Marisa, acompañó a su hija allá donde fuera, y alguna broma tuvo que soportar por ello. Ha sido la más grande, la más inteligente y la más brillante tenista de España. Ahora es una guapa mujer estilizada que busca su felicidad. Merece encontrarla porque nos hizo felices, y en muchas ocasiones, a sus compatriotas. Si esa felicidad dependiera de su grito, nos pondríamos todos a ulular. Sí, Arantxa, por ti. “¡Vamos, coño, vamos!”. Y ganarás de nuevo.

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