¿Una campaña decisiva?

09 / 12 / 2015 Agustín Valladolid
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Ya hay más certezas arraigadas que incógnitas: gana el centro derecha y dice adiós el bipartidismo

Los expertos anuncian la campaña electoral en ciernes, a efectos del resultado final, como una de las más decisivas de la democracia, si no la que más. En parte tienen razón. La irrupción en la carrera de dos nuevos actores no residuales, Ciudadanos y Podemos, va a someter a la Ley D’Hondt a una prueba inédita: cuatro partidos de ámbito nacional por encima, muy probablemente, del 15% de los votos. En este escenario, los restos van a ser determinantes a la hora de asignar escaños en muchas provincias, también en las que aportan un menor número de diputados. Por esa misma razón resulta cuando menos osado adjudicar número de asientos a cada formación política mediante entrevistas telefónicas de no más de 1.500 encuestados, tal y como están haciendo algunas empresas demoscópicas a demanda de los medios de comunicación. Una osadía que puede salir cara si nos atenemos a los pocos estudios solventes que se conocen y cuyas conclusiones dibujan horquillas de amplitud desconocida. Uno de esos estudios es el que ha realizado Ignacio Varela por encargo de Llorente&Cuenca. Varela analiza el histórico de los resultados provincia por provincia, los cruza con los de las autonómicas y municipales de 2015, aplica las correcciones que estima pertinentes y llega a varias conclusiones, la primera de las cuales incide precisamente en el enorme riesgo que supone adjudicar escaños, tanto por la volatilidad del entorno como por las “sorpresas” que pueden provocar los restos.

Las proyecciones serias trazan holgados abanicos de adjudicación de actas. Como la de Varela, que en función de los distintos escenarios que plantea sitúa al PP entre los 109 y los 134 diputados; al PSOE, entre 75 y 101; a Ciudadanos, entre 46 y 71, y coloca a Podemos y sus socios en una horquilla de los 23 a 54. Otro trabajo de consumo restringido, pero similar metodología, reduce la oscilación y, con un margen de 5 escaños arriba o abajo, ratifica el pronóstico: PP, 128; PSOE, 85; C’s, 60; Podemos (y aliados), 40.

El pulso PSOE-Ciudadanos. Cierto que en los últimos días algunos sondeos señalan como posible que Albert Rivera supere a Pedro Sánchez, y ninguno de los tres expertos que he consultado se atreve a descartarlo. Esa es la gran incógnita del 20-D: si durante la campaña Ciudadanos seguirá su escalada hasta alcanzar al PSOE o este logrará frenar el trasvase de simpatía de sus históricos votantes hacia el partido naranja. Este pulso no está aún cerrado. El PP, amortizadas en buena medida la crisis y la corrupción, ya ha perdido todo lo que tenía que perder. Los socialistas, en cambio, están teniendo grandes dificultades para mantener sus apoyos. En todo caso, a fecha de hoy, la distribución territorial del respaldo a ambos partidos favorece al PSOE. Ciudadanos concentra un alto porcentaje de su voto en tres comunidades, Madrid, Cataluña y Comunidad Valenciana, siendo muy irregulares los respaldos que recibe en el resto. No obstante, una de las variables que no se descartan es que C’s supere al PSOE en votos pero no así en escaños. Cosas de la Ley D’Hondt. Pero más allá de este interrogante –de alcance indudable por cuanto va a marcar el futuro inmediato de los socialistas y de su líder–, el discurrir de los días y la evolución de los nuevos acontecimientos con capacidad de influir de forma determinante en el voto (Cataluña y terrorismo yihadista) parecen convalidar tres realidades que se han ido configurando a partir de las elecciones al Parlamento Europeo y que tras las catalanas del 27-S se ven reforzadas.

La primera es que, salvo sorpresón descartado por los expertos (precisamente por la debilidad del PSOE y la falta de implantación territorial de C’s), el PP va a ganar las elecciones. Se habrá dejado en el camino unos 50 escaños, que no es moco de pavo, pero la distancia que se le otorga respecto del segundo le debiera permitir liderar con cierta tranquilidad la formación de un nuevo Gobierno con el probable apoyo de C’s.

La segunda de las certezas con las que parece dará comienzo la campaña, si nos atenemos a las encuestas, es que el país, a pesar de lo que ha llovido en la legislatura, va a votar centro derecha (hoy por hoy la probabilidad de que la suma PP y C’s alcance la mayoría absoluta es altísima). Lo que sugiere al menos dos reflexiones. Una: en estos tiempos de agitación la gente no quiere aventuras. Dos: la oposición, el PSOE para ser más exactos, no ha sabido armar una alternativa convincente. Y la tercera de las conclusiones es que los partidos emergentes consolidan su apuesta y nos asomamos a una nueva etapa en la que, clausurado el bipartidismo, la negociación y el diálogo deberán regir los nuevos modos de hacer política. Que así sea.

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