¿Seguridad versus libertad? No, libertad frente al terrorismo

21 / 01 / 2015 Agustín Valladolid
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

En torno al viejo pulso entre seguridad y libertad se empieza a escribir ahora un nuevo capítulo, puede que el más trascendente desde la Segunda Guerra Mundial.

"La primera obligación de los responsables gubernamentales es garantizar la seguridad de las personas”. No siempre ha estado así de claro. La afirmación, recogida de un reciente editorial de El País, es ya opinión mayoritaria y fiel reflejo de un estado de ánimo golpeado por las masacres de Charlie Hebdo y la tienda de comida kosher situada en la Puerta de Vincennes de la capital francesa. Masacres, dicho sea de paso, no más espeluznantes que las cometidas por las mismas manos en Nigeria, Siria o Pakistán. La diferencia es que se producen en el portal de al lado y buscan precisamente lo que reclama Marine Le Pen cuando exige la “suspensión inmediata de la Europa sin fronteras interiores”: el recorte brusco de libertades que ha costado mucho conquistar. En torno al viejo, viejísimo pulso entre seguridad y libertad, se empieza a escribir ahora un nuevo capítulo, puede que el más trascendente desde la Segunda Guerra Mundial. Al Qaeda y el llamado Estado Islámico (EI) cobran impuestos, controlan pozos de petróleo, se han hecho con varios bancos, cuya incautación les ha permitido prescindir, al menos en el caso del EI, de la financiación de los “donantes” del Golfo; están presentes, en mayor o menor medida, en la Península Arábiga, Magreb, Somalia, Nigeria, Siria, Irak, África Occidental, Pakistán, sureste asiático, Filipinas, Cachemira, Rusia, India...; y cuentan con miles de seguidores dispuestos a inmolarse por la causa en los países occidentales. Si no estamos ante una guerra, se le parece mucho. No hay soluciones convencionales ante esto. Pero tampoco hay que cometer el error de convertir en normal lo que debe ser excepcional. Los controles masivos e indiscriminados de ciudadanos, la recuperación de fronteras, las torturas, los campos ilegales de detención, son algunas de las prácticas conocidas o sugeridas que, cuando no excepcionales, han sido, son o serían sencillamente ilegales. No es en cambio excepcional reforzar las fronteras exteriores, intercambiar con mayor eficacia y celeridad información policial entre aliados, mejorar la colaboración judicial o penetrar en las redes de comunicación que a través de Internet utilizan los grupos terroristas para comunicarse y ordenar atentados.

El frente de la comunicación es también un elemento esencial de esta guerra. Son muchos los jóvenes musulmanes a los que el eficaz proselitismo digital de Al Qaeda y el Estado Islámico convierte en “soldados de Alá” dispuestos al sacrificio. Como ha escrito el periodista Pedro González, en referencia a la pugna por el liderazgo de la Yihad que mantienen ambos grupos terroristas, “el EI ha modernizado notablemente el envoltorio de su mensaje, demostrando que el dominio de la informática no parece estar reñido con la concepción medieval de la sociedad que preconiza”.

La comunidad internacional democrática no puede limitarse a defender su integridad. Esta batalla no acabará, o al menos no reducirá su brutal impacto hasta hacerlo soportable, mientras no se actúe en los países de origen con más inteligencia de la hasta ahora demostrada. Con ayudas en unos casos y medidas coactivas en otros. Las muertes de los periodistas, dibujantes, policías y ciudadanos judíos en París pudieran no ser inútiles. Su sacrificio podría servir para que Europa gestionara, como las circunstancias exigen, la extraordinaria reacción solidaria de la mayoría de sus ciudadanos y gobernantes, recuperando el lugar que le corresponde en el mundo y que se encuentra en estado de acelerado deterioro por incomparecencia; reafirmando sus señas de identidad más identificables, como la tolerancia, el respeto a los derechos humanos y la multiculturalidad. Y no levantando de nuevo inútiles barreras.

Pero solo desde la firmeza a la hora de defender nuestro sistema de vida, imperfecto pero el más civilizado del planeta; desde el convencimiento de que sin seguridad el ejercicio de la libertad es solo una entelequia; y solo desde la aceptación de una realidad distinta, que utiliza la nuevas tecnologías y que, a pesar de su dogmatismo grosero y cruel, ha convertido en global la amenaza terrorista, solo así, estaremos en disposición de ganar esta batalla.

Grupo Zeta Nexica