Los tres escenarios posibles del 21-D
Los cuatro partidos con opciones se repartirán 318 escaños, según el CIS. Estas son las combinaciones más factibles
En la noche del pasado lunes media España se paró frente al televisor para ver discutir sobre sus propuestas a cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno. Bueno, casi. Aunque a la cita acudieron los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, de Ciudadanos, Albert Rivera, y de Podemos, Pablo Iglesias, el atril del PP no lo ocupó Mariano Rajoy. El presidente, en plena campaña por tierras andaluzas, prefirió descansar en Doñana y solo acudirá a la cita del próximo lunes con el candidato socialista.
A cambio envió a quien desde hace unas semanas se ha convertido en la figura omnipresente del PP en los medios. Soraya Sáenz de Santamaría lo mismo ha bailado una coreografía junto a Pablo Motos en el plató de El hormiguero que ha estado a punto de estrellarse con un globo al lado de Jesús Calleja en su programa de aventuras. Es la figura amable del PP. Mucho más joven que el presidente del Gobierno, Sáenz de Santamaría tiene la ventaja de no desentonar junto a los nuevos líderes de la oposición. Le saca ocho años a Albert Rivera, siete a Pablo Iglesias y apenas unos meses al candidato socialista, Pedro Sánchez. Su juventud y la buena valoración en las encuestas frente a un presidente con una de las peores notas de la democracia, la han impulsado a compartir cartel electoral. No solo es la número dos de la candidatura sobre el papel. También en la publicidad electoral que cuelga en las farolas de Madrid desde hace una semana. La cara de la vicepresidenta ha acabado acaparando tanto protagonismo como la de Mariano Rajoy. Tiene los mismos carteles que el presidente, 1.400, distribuidos por toda la capital, muchos en barrios tradicionalmente populares, como Chamberí o Centro.
Todo eso sin contar con su papel institucional. La vicepresidenta es la encargada cada semana de dar la cara ante la prensa tras el Consejo de Ministros. Es un trampolín que le otorga protagonismo constante en los medios. Más aún con un Rajoy que en esta legislatura no se ha caracterizado precisamente por la frecuencia de sus apariciones públicas.
Además, en clave interna a la vicepresidenta le ha favorecido el resultado de las municipales y autonómicas del pasado mes de mayo. Después de mucho tiempo compartiendo protagonismo con la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, en el binomio PP-Gobierno, la derrota de la expresidenta de Castilla-La Mancha ha despejado el camino de Sáenz de Santamaría como indiscutible mano derecha de Rajoy. Tanto que incluso en los últimos meses se ha hablado en varias ocasiones sobre su papel en el futuro del partido. Meses antes de la convocatoria, cuando Rajoy atravesaba los momentos más bajos de la legislatura, algunas voces la situaban incluso como candidata de emergencia ante una hipotética retirada del presidente. Esta, por supuesto nunca se produjo, pero la vicepresidenta ha conseguido consolidarse como opción de futuro para el Partido Popular.
Solo desde Galicia puede disputarle el título de sucesora el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y aun así, este debe enfrentarse en 2016 a unas elecciones autonómicas. En caso de no salir victorioso, la derrota electoral se convertiría en una piedra casi insuperable en el camino de la sucesión.
Operación Menina. Cómo se produzca ese relevo tendrá mucho que ver con las elecciones del próximo domingo, día 20. Si Rajoy gana con autoridad y es capaz de tejer complicidades con otros grup0s para gobernar, nadie osará toserle al líder. El problema llegará si la victoria es parcial y el PP se ve arrinconado por el resto de las fuerzas, incapaz de investir a Rajoy. Ciudadanos, quizá la opción más clara de pacto que tienen los populares, ha asegurado que no apoyará el proyecto antiguo del PP y el PSOE y Podemos no quieren ni oír hablar de un Gobierno liderado por la derecha.
En este escenario, ha corrido como la pólvora entre los corrillos políticos un rumor que sitúa a Soraya Sáenz de Santamaría como vía de escape al bloqueo institucional. Según esta teoría, que roza lo conspiranoico, Ciudadanos estaría dispuesto a apoyar al PP siempre que Rajoy no fuese el candidato a la presidencia del Gobierno, sino la vicepresidenta.
Otros cambian el apoyo explícito de Ciudadanos por una abstención del PSOE, pero siempre que Rajoy no fuese el presidente. Ambos, por supuesto, lo niegan. El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, le puso nombre hace poco a esta hipótesis en la recepción oficial del día de la Constitución. La llamó “operación Menina” (un nombre muy criticado por la connotación machista del término: niña o dama de compañía), pero también hay quien habla de la operación Soraya. La propia vicepresidenta quiso entrar en la polémica y explicó que el Partido Popular no necesita ningún plan B “por si falla el plan A”. E su opinión, Rajoy lleva 15 años siendo “el plan A” y el partido “se va a dejar la piel por que gane otra vez”. De hecho, más que de “operación”, la vicepresidenta se limitó a hablar de “efecto Soraya” para englobar todo cuanto ella aporta al equipo que lidera Mariano Rajoy.


