El tubo de ensayo de los nuevos modos de la política

25 / 03 / 2015 Agustín Valladolid
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Andalucía, por su peso en el conjunto de España, es el primer test serio de cómo sobrevivir al ocaso del bipartidismo.

En el fortín socialista andaluz no está todo dicho. El elevado porcentaje de indecisos que reflejan las encuestas (el 37,8% según la última de Metroscopia) puede dar alguna sorpresa, y no precisamente en la dirección prevista. Habrá quien lea este artículo cuando ya se conozcan los resultados, por lo que me ahorraré cualquier tipo de análisis profético para centrarme en las posibles repercusiones que unos comicios siempre trascendentales para el conjunto de España van a tener en la política nacional.

Lo primero que hay que recordar es que Andalucía es la comunidad que más diputados (60) aporta al Parlamento español. Lo segundo, que, salvo en el postzapaterismo (generales de 2011 y autonómicas de 2012), el PSOE ha mejorado casi siempre el resultado de las autonómicas en la elección al Congreso de los Diputados. Y lo tercero, que si analizamos el comportamiento histórico de los indecisos comprobaremos cómo la decisión final de estos suele fortalecer a los dos grandes partidos. De ahí que los últimos sondeos no publicados que manejan los cuarteles generales de estos ya estén situando al PSOE muy cerca del porcentaje de voto obtenido en 2012 y al PP en el entorno del 30%, tres y cuatro puntos por encima de la media de las encuestas conocidas. Veremos lo que finalmente ocurre, pero si las elecciones andaluzas son, como algunos pronostican, un buen test para descifrar lo que va a ocurrir en el conjunto de España, la primera conclusión sería que socialistas y populares comienzan a limitar daños aunque no en la proporción suficiente como para evitar alianzas que aseguren la gobernabilidad.

Ejercicio inédito.

Este va a ser sin duda uno de los ejes esenciales de la estrategia de los partidos en lo que queda de año. En primer término porque habrán de medir muy bien los pasos que dan antes de las municipales y autonómicas de mayo; y, después, porque vamos a asistir muy probablemente a un ejercicio masivo y casi inédito en la política española; al menos hasta las generales de noviembre-diciembre: ayuntamientos y Gobiernos autonómicos gobernados por el partido más votado, pero sin mayoría suficiente, con apoyos puntuales de otras formaciones. Una experiencia a la que no estamos acostumbrados y que debiera servir, al menos, para acabar con algunas de las patologías provocadas por la persistencia en muchas instituciones de las mayorías absolutas.

Así debiera ser en Andalucía, donde, si no se equivocan las encuestas, los nuevos gobernantes habrán de cambiar muchos de los modos de hacer política sedimentados durante décadas hasta alcanzar insoportables niveles de clientelismo. No es previsible que haya un acuerdo de gobernabilidad PSOE-PP. Cosa distinta es no oponer resistencia a que gobierne el partido más votado. El precedente interesa a Mariano Rajoy en tanto probable ganador con minoría mayoritaria de las generales. En todo caso, es muy probable que los socialistas andaluces se vean empujados a llegar a acuerdos con nuevos socios para asegurar la estabilidad. Y estos, ya se llamen Podemos o Ciudadanos, solo asumirán el riesgo de sostener un Gobierno si los cambios van mucho más allá de la cosmética de otras ocasiones y pueden rentabilizarlos.

El factor Ciudadanos.

Susana Díaz ha descartado pactar con el PP y Podemos. Las opciones que quedan son Ciudadanos e Izquierda Unida. No desbanquemos de entrada a la coalición de izquierdas. Si los números salen, y no es del todo improbable, podemos asistir a una reedición del Gobierno de coalición, a pesar de ser poco atractiva en términos de regeneración y suponer el reconocimiento de un fracaso por ambas partes. Quedaría el pacto PSOE-Ciudadanos, el menos contemplado en las encuestas y el que podría tener un mayor recorrido en clave nacional.

Esta hipótesis solo sería posible si no pusiera en riesgo la aventura de Albert Rivera, que trasciende Andalucía. Desde un plano meramente programático, la tendencia de Susana Díaz a la centralidad debiera constituir un punto a favor de acuerdos entre la socialdemocracia y el centro reformista que representa Ciudadanos.

Nada está decidido. Habrá que esperar al dictamen de las urnas. Pero el futuro del PSOE pasa por que a la presidenta andaluza le salga bien la operación, aunque su éxito represente algo más que un inconveniente para Pedro Sánchez. El PP se juega menos, a pesar de que a juicio de algunos de sus dirigentes Rajoy se ha involucrado en exceso en esta campaña.

En todo caso, desde que Susana Díaz decidiera adelantar la cita autonómica, lo que parece claro es que Andalucía se convertirá a partir del domingo en el primer ensayo serio de cómo sobrevivir al ocaso del bipartidismo.

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