El cuaderno verde de Susana Díaz
Algunos la definen como “un Felipe con el pelo largo”. Son muchos los que miran hacia la presidenta andaluza para contener el empuje de Podemos y recuperar al PSOE.
Guste o no, el PSOE se ha convertido en la compuerta de casi todas las variables políticas que pueden aventurarse en un próximo futuro. De su descomposición o resistencia va a depender en buena parte el dibujo político que salga de esta montaña rusa electoral que va a ser 2015. Algunos ya han vendido la piel del oso, pero nada garantiza hoy que Podemos supere a los socialistas en las elecciones generales, sobre todo si estos resuelven el problema de liderazgo que la mayoría de los dirigentes y cuadros del partido ya tienen interiorizado. Que el PSOE mantenga el segundo puesto del podio o descienda al tercero –hipótesis que, junto a la victoria del PP, hoy parecen las más probables–, son variantes de la máxima trascendencia. Para el PSOE y para el país. Vayamos por partes.
Pedro Sánchez no se consolida. Y le queda poco tiempo. El que media hasta las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. Y puede que ni eso. De las dudas se pasó a la preocupación, del apoyo al arrepentimiento, y si Susana Díaz, como parece, da el paso de adelantar a marzo las elecciones andaluzas, el pronóstico de los que bautizaron a Sánchez como Pedro el Breve estará más cerca de cumplirse. En las conversaciones cruzadas que la presidenta andaluza ha mantenido con la intelligentsia del partido han quedado dos cosas claras: no se puede abrir una guerra interna y a Sánchez hay que darle su oportunidad. Si el resultado de mayo es entre razonable y óptimo, pues cada uno a lo suyo. Si no es así, se invitará cortésmente al secretario general a replantearse sus ambiciones.
Sánchez necesita una sorpresa.
Pero falta fe. Y Susana Díaz no quiere que la cojan con el paso cambiado. Piensa en ella y también en el partido, justo es reconocerlo. Ha sopesado opiniones y sabe lo que tiene que hacer: ganar las elecciones andaluzas para tener la misma o mayor legitimidad democrática que su secretario general, que fue elegido por el voto directo de los militantes; hacerlo antes de que Podemos se consolide en Andalucía; y, en todo caso, también antes de que un mal resultado del PSOE en las municipales debilite su posición tanto en el ámbito regional como en el nacional.
Cumplido el guion escrito en el cuaderno verde, supuestamente reforzado el liderazgo, y con Díaz reasentada en San Telmo, esta decidirá el siguiente paso, a ejecutar al día siguiente de la cita municipal. A Pedro Sánchez solo le salvaría un resultado en el que casi nadie cree. Salvar los muebles no será suficiente. El análisis que se está manejando es que si el PSOE consigue el 24-M un resultado “decente”, esto es, que no se desploma y logra mantener la posición en algunas plazas importantes, no será como consecuencia del impulso del nuevo secretario general, sino más bien por las ganas que se le tiene al PP y la falta de implantación de otras formaciones, como Podemos o Ciudadanos. Sánchez necesita una sorpresa, y esta no parece probable.
Susana Díaz ha fraguado un discurso propio, se ha lanzado a ocupar básicamente el centro, como hizo Felipe González, y no se va a mover de ahí. Entiende que el lugar que le corresponde a Podemos es el que hasta ahora ha ocupado Izquierda Unida, solo que mejorado debido a la crisis, y, al contrario de lo que ha practicado Sánchez, va a marcar cada vez más distancias con un Pablo Iglesias al que percibe como una estrella mediática y fugaz, pero sin enjundia. Y si la jugada le sale bien, dará un paso al frente y se presentará a las primarias. Con o sin Pedro Sánchez de adversario.
Cataluña en mitad del camino.
Pero la operación Susana no está solo diseñada de puertas adentro. El PSOE necesita recuperar fortaleza allí donde en el pasado cimentaba su victoria en las generales. Por su bien y por el del país. Cataluña no es solo, no era, un granero electoral. En la cita pactada por Mas y Junqueras España se juega bastante más que unas autonómicas, y la reanimación del PSC se ha convertido casi en cuestión de Estado. No van a volver los tiempos en los que el PSC-PSOE barría en las generales en Cataluña, pero subsiste todavía una base social, hoy desencantada, a la que en parte podría recuperarse con un nuevo liderazgo y un discurso nítido y sin matices de defensa de un Estado fuerte y un proyecto común. Y todos miran a Susana, “un Felipe con el pelo largo”, como la definen algunos.
Nada está escrito, pero como dice un colega, ¿y si después del maratón electoral lo que da a luz este año es un ratón? La evolución de la economía y la tendencia a conservar de los ciudadanos cuando se les llama a elegir al Gobierno de la Nación, sugieren cambios no tan bruscos como los pregonados. En todo caso, los análisis de evolución del voto basados en las encuestas realizadas en el último año dibujan un Parlamento mucho más plural, en el que los nacionalismos perderán el peso de otros tiempos, con un PP ganador pero sin mayoría absoluta, dos partidos que irrumpen con fuerza, Podemos (que diluye a IU) y Ciudadanos (que supera con claridad a UPD) por este orden, y la incógnita de un PSOE que puede recuperar el papel de fuerza política esencial para la estabilidad del país (de ahí la importancia del liderazgo) o convertirse en una opción intrascendente.



