Ucrania, manzana de la discordia

23 / 12 / 2013 12:41 Alfonso S. Palomares
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El país está dividido en dos corrientes encontradas. Por una parte, los seguidores del presidente Yanukóvich, que prefieren entrelazar sus intereses económicos y políticos con Rusia. Por la otra, el movimiento Euromaidán, que apuesta por la UE.

No estábamos acostumbrados a que en un país se produjeran manifestaciones masivas a favor de la asociación e integración con la Unión Europea. Más bien todo lo contrario, la indiferencia o el euroescepticismo son los sentimientos dominantes, ya que la articulación se hace conforme a unos modelos mercantilistas donde los egoísmos nacionales lo contaminan todo. No hay 28 países que se reúnan para acordar las normas de un Gobierno común. Está claro que la alemana Angela Merkel es la que tiene la batuta. La idea de una Europa política es buena, incluso podría resultar apasionante, pero esa Europa no existe, no solo en la realidad, tampoco se sitúa como esperanza en los discursos de los máximos dirigentes.

Por eso resultan llamativas las manifestaciones masivas que llevan a cabo los europeístas ucranios reclamando acuerdos de asociación y la integración más adelante. Estos movimientos, que reciben el nombre de Euromaidán, se han convertido en ríos que desembocan en las plazas de las grandes ciudades, donde los manifestantes proclaman que quieren unirse a la UE. Gritan con verdadera pasión, como si el futuro les fuera en ello. Y tal vez les va. En los días de las convocatorias masivas no es fácil llegar a la plaza de la Independencia de Kiev, ya que la policía trata de impedirlo con porras y escudos, pero lo consiguen bordeando callejas escondidas. Han planteado una verdadera lucha para ejercer su derecho a manifestarse.

La responsable de la política exterior europea, Catherine Ashton, ha viajado a Kiev para manifestar la buena disposición de Bruselas a un acuerdo, pero ese posible buen acuerdo, según el comisario de Ampliación, encuentra demasiadas reticencias por parte del presidente Yanukóvich, que sigue manteniendo en la cárcel a su rival, la ex primera ministra Yulia Timoshenko. El motivo oficial del encarcelamiento es el de haber alcanzado acuerdos de compra de gas demasiado favorables para Rusia.

Política geoestratégica.

El país está dividido en dos corrientes encontradas. Por una parte, los seguidores del presidente Yanukóvich prefieren entrelazar sus intereses económicos y políticos con Rusia. Por la otra, el movimiento Euromaidán apuesta por la Unión Europea. Se trata de una política geoestratégica en la que se juegan intereses globales que trascienden los límites de Ucrania. A una de las últimas manifestaciones masivas asistieron dos importantes senadores estadounidenses, el republicano John McCain y el demócrata Chris Murphy, lo que indica que se está librando una batalla que trasciende también los límites europeos. Por parte europea son frecuentes los contactos de los ministros y los líderes de las diversas escalas para colmarles de promesas que estimulen su lucha.

Hay dos Ucranias, pero no tan trasversales como las llamadas dos Españas: la filorrusa está situada al Este y al Sur, se trata de una sintonía de vecindad y de haber compartido mucha vida en los tiempos de la URSS; la favorable a Europa ocupa las tierras del Oeste y el centro del país. Recordemos que al Oeste limita con Polonia, Eslovaquia y Hungría, países que tras la caída del Muro de Berlín bascularon claramente hacia Occidente.

Existe una clara confrontación interna ante la propuesta europea de firmar un acuerdo de libre comercio profundo y exhaustivo. La firma de este acuerdo llevaría a los ucranios a la modernización de tipo occidental que conllevaría la liberalización del mercado, lo que supone romper con la planificación centralizada y la productividad basada en el incremento de la innovación tecnológica, y la apertura a las inversiones extranjeras. Una apertura hacia el campo neoliberal abriría los mercados a mayores intercambios comerciales que sin duda beneficiarían a los países europeos si tenemos en cuenta que en estos momentos los datos nos dicen que Ucrania importa más del 60% de lo que exporta. Una rápida liberalización supondría unos ajustes tan drásticos en la economía de Ucrania que Europa sería incapaz de paliar, sobre todo en estos tiempos de crisis.

Rusia mira con la máxima desconfianza los movimientos de acercamiento de la oposición ucraniana hacia la UE. Putin está diseñando lo que podríamos calificar como la gran Rusia: quiere retomar el papel de la vieja Rusia y la potente URSS. Busca la creación de la Unión Económica Euroasiática con los antiguos países de esas geografías que se movían en la órbita de Moscú. A pesar de la decadencia europea y del descrédito en el que ha caído la UE, sigue teniendo un cierto atractivo sobre países como Ucrania y otros situados en el Este. Putin quiere crear un espacio geográfico postsoviético para construir su fortaleza. Ucrania podría ser la perla de la corona y veremos la ferocidad con que se disputan su futuro.

En el fondo, los rusos consideran lo que está ocurriendo en Ucrania como política interior, hay muchos lazos sentimentales de historia en común. Consideran la hipotética asociación de Ucrania con la UE no solo como el alejamiento de Rusia, sino algo así como una amputación. Por eso Putin hará lo posible para impedirlo. Potenciará la Unión Económica Euroasiática y hará nuevos movimientos políticos y económicos. En los discursos que estos días se pronuncian en las plazas ucranianas se habla de que el acercamiento a la UE abrirá la posibilidad de conseguir un país más justo, más transparente y menos corrupto. Un bonito discurso que sirve para los ciudadanos europeos que queremos una Europa política donde exista una verdadera democracia sin mandarinatos, sin arbitrariedades y sin corrupción.

Apoyo a las protestas.

Alrededor de Ucrania se avecina una gran batalla geoestratégica. Tanto Putin como su primer ministro, Dimitri Medvédev, y con más pasión el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, han denunciado las carreras de los políticos europeos y americanos para prometerles apoyo a los manifestantes de Kiev. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, ha defendido el derecho de los políticos europeos a apoyar a los manifestantes, ya que sus manifestaciones son pacíficas y fruto de la libertad de expresión. Los medios de comunicación rusos –tanto las televisiones como las radios y los medios impresos– tratan los asuntos ucranianos casi como si fueran nacionales, por eso se sienten ofendidos cuando desde el exterior se apoya a los manifestantes.

El Consejo de la Resistencia Nacional, que sostiene y empuja las protestas contra el régimen de Yanukóvich, exige para sentarse a negociar que el presidente cese a su Gobierno, que se castigue a los responsables de la represión policial y se libere a los presos políticos. Uno de los miembros más visibles del comité de resistencia, Yuri Lutsenko, frenó la petición de un voto de censura contra Yanukóvich, ya que no tiene cabida en la legalidad constitucional.

Desde Bruselas se afirma que Ucrania es un socio prioritario para la Unión Europea y desde Moscú se sostiene que Ucrania es un aliado imprescindible para los nuevos diseños políticos de Rusia.

En Ucrania hay mucho en juego. Un conflicto de grandes intereses. Se habla de resolverlo a través del diálogo, pero no resultará fácil entenderse para conjugar posiciones tan opuestas.

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