Rohaní gana en Irán

30 / 05 / 2017 Alfonso S. Palomares
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

El candidato reformista vence al ultraconservador en las elecciones presidenciales.

El presidente electo de la República Islámica de Irán, Hasán Rohaní. Foto: ATTA KENARES/AFP

El significado de ciertas palabras varía en función del país donde se pronuncien. Acaban de celebrarse elecciones presidenciales en Irán y las informaciones fechadas en Teherán por los corresponsales occidentales dicen que las ganó el reformista moderado Hasan Rohaní. Efectivamente, las ganó con el 57% de los votos frente al ultraconservador Ibrahim Reisi, que obtuvo el 38%. Una cifra considerable para un candidato que defiende las esencias del sistema como en los tiempos de Jomeini. Es lógico que lo haga para seguir siendo fiel a sí mismo, a la parte negra e imborrable de su biografía. En 1988 fue un activísimo miembro del Comité de la Muerte, que participó en la ejecución de más de 3.000 disidentes por orden del ayatolá Jomeini. Ahora se presentó con un programa en el que defendía el aislacionismo y la ruptura de relaciones con el exterior.

Rohaní quiere abrir Irán al mundo y establecer la cooperación y el diálogo con las naciones occidentales, particularmente con Estados Unidos. Tiene un fuerte apoyo de los jóvenes, que buscan desarrollar su vida en un ámbito de libertad, y de las mujeres, que luchan por liberarse de los corsés coránicos que les rodean con sus asfixiantes velos.

Hace dos años, el Gobierno de Rohaní firmó con Estados Unidos y con los otros cuatro países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, además de Alemania, un tratado por el que se comprometía a suspender las actividades encaminadas al desarrollo de armas nucleares, a cambio entraba en el concierto internacional de las naciones y se suspendían las sanciones económicas que pesaban sobre el régimen. Se escribieron muchos análisis sosteniendo que esta apertura significaría para Irán un gran salto adelante en el terreno económico. En realidad, el crecimiento del 6,5% del año pasado facilitó ese salto. Sin embargo, este macrocrecimiento económico no se ha notado en la vida de la gente, que continúa padeciendo una alta cifra de desempleo, el 13%, y profundas desigualdades sociales.

La palabra “reformista” en Irán tiene un significado limitado, ya que el presidente tiene un frágil techo de cristal en sus poderes, debido a que el Líder Supremo de la Revolución, el ayatolá Alí Jamenei, controla la política de defensa y de seguridad, así como la ortodoxia del régimen teocrático a través de los Guardianes de la Revolución (Pasdarán), el poder judicial y el clero, que en su mayoría es medieval y conservador. Tenebroso, incluso teniendo en cuenta que no se respetan los mínimos derechos humanos: según Amnistía Internacional, entre 2014 y 2015 hubo 700 ejecuciones de condenados por delitos de opinión. En todas las partes del mundo soplan vientos agrios contra las estructuras del poder establecido, si en Irán hubiera verdadera libertad de voto y el poder saliera de las urnas, el régimen teocrático de los ayatolás volaría por los aires. El pueblo está cansado y harto de tanta ideología teológica. De tanto Alá Akbar.

En plena resaca electoral iraní, el presidente Donald Trump llegaba a Arabia Saudí, donde firmó contratos multimillonarios de venta de armas. Arabia Saudí e Irán mantienen un secular odio dogmático: Teherán es la capital de los chiíes, y La Meca, el epicentro del islam suní. Las dos tratan de convertirse en potencias hegemónicas de la zona. Trump acusó al régimen de Teherán de ser un foco básico del terrorismo y pidió a Arabia Saudí a y los otros países musulmanes que se implicaran en la lucha antiterrorista. Debería saber que el terrorismo islámico tiene su origen en el wahabismo saudí. Trump, si supiera de qué va, debería de apoyar a gentes como Rohaní para posibilitar las reformas tan necesarias en Irán.

Grupo Zeta Nexica