Represión sistemática en la Rusia de Putin
Las movilizaciones contra la corrupción impulsadas por el opositor Navalni y saldadas con detenciones masivas irritan a las autoridades europeas, que han instado a Putin a cumplir sus compromisos con los derechos humanos.
Es muy difícil, por no decir imposible, ejercer la oposición a Vladimir Putin en Rusia, lo sabe muy bien el abogado y activista Alexei Navalni, detenido el pasado domingo 26 de marzo en la avenida Tverskaya de Moscú mientras encabezaba una manifestación contra la insoportable corrupción del poder. Una corrupción que se extiende por las ramas y las raíces de la Administración, según la Fundación de la Lucha contra la Corrupción, que preside el propio Navalni.
Para calentar la opinión pública, a principios de marzo, Navalni, el crítico más feroz y constante del régimen, subió a YouTube un exhaustivo informe sobre la riqueza que había acumulado el primer ministro, Dmitri Medvedev, el hombre escogido por Putin para que ejerciera de presidente, mientras él no pudiera volver a presentarse. Al parecer, no solo se dedicó a las pesadas tareas del Gobierno, también tuvo tiempo para acumular un patrimonio espectacular. Durante varios meses, Navalni y su equipo habían investigado la fortuna de Medvedev y a lo largo de sus investigaciones encontraron que el primer ministro poseía una red de lujosas mansiones y centenares de hectáreas de tierra en las afueras de Moscú, en las regiones de Ivanovo, en las costas del Mar Negro y en las montañas del Cáucaso, así como una casa en la Toscana. Tiene diversas explotaciones y grandes extensiones de viñedos con bodegas regentadas por familiares y amigos.
Muy pronto el vídeo se hizo viral en la Red y ya lo han visitado 40 millones de personas. En ese clima ambiental, Navalni y su equipo convocaron a través de las redes sociales manifestaciones en 99 ciudades a través de todo el país, bajo el lema: “Dimon lo pagará”, Dimon es el diminutivo del primer ministro. Las autoridades las prohibieron en 72, tolerando solo el resto, en los núcleos donde creían que iba a tener pocos seguidores. La de Moscú, que iba a tener como escenario la plaza Puskin y la avenida Tverskaya, la enorme arteria que desemboca en el Kremlin, fue prohibida con severas amenazas. Pese a todo y al desmesurado despliegue policial, miles de personas secundaron la protesta, especialmente jóvenes y, por supuesto, Navalni.
Manifestantes de paseo
Para disimular la protesta decían que iban de paseo, pero al juntarse varios miles empezaron a corear consignas contra la corrupción y la Policía desplegó un eficaz abanico de violencia. Detuvieron a Navalni, pero mientras lo detenían él ordenó que siguiera la manifestación, al final los detenidos sumaron 800, de los cuales 130 pasaron la noche en comisarías. Para conseguir que lo liberaran, Navalni tuvo que pagar el lunes 313 euros.
El éxito de estas manifestaciones ha sorprendido al régimen y a los observadores, recordaban las movilizaciones de 2011 y 2012 contra las irregularidades de las elecciones presidenciales y parlamentarias. En otras ciudades como San Petersburgo, en la siberiana Novorsibirsk y en Vladivostok, en la costa del Pacífico, la Policía tuvo que emplearse a fondo para neutralizar las protestas. Muchos de los manifestantes llevaban patos de plástico con una inscripción que decía: “Quiero una casa como la de los patos”. Era una alusión a la secuencia del vídeo subido a YouTube donde se ve, en una de las mansiones de Medvedev, un bello estanque donde nadan unos patos felices.
Presiones de la Unión Europea
La responsable de la Unión Europea para las relaciones internacionales, Federica Mogherini, ha hecho un llamamiento a las autoridades rusas para que cumplan sus compromisos internacionales, incluyendo los contraídos con el Consejo de Europa y la OSCE. Es evidente que han impedido la libertad de expresión, de asociación y de asamblea pacífica, que son derechos fundamentales recogidos en la Constitución rusa. Algunos dignatarios europeos han manifestado sus quejas por las violentas actuaciones policiales, y el Gobierno, a través del portavoz del Kremlin, Dimitri Percok, ha respondido que la Policía había actuado con gran profesionalidad y siempre dentro del respeto a la ley.
Alexei Navalni es el principal rival para disputarle la presidencia el próximo año a Putin, pero hoy por hoy es solo un decir: Putin no tiene rival, tiene detrás todo el aparato del Estado y el control casi absoluto de los medios de comunicación, especialmente los del Estado. Navalni nunca participa, porque no le llaman, en los debates de las grandes cadenas de televisión, ni en otros medios clásicos importantes. Sabe utilizar muy bien las redes sociales, pero eso no es suficiente frente al todopoderoso Putin. Incluso no sabemos si podrá presentarse, porque le condenaron por un extraño caso de desvío de fondos con una sentencia calificada por la Corte Europea de arbitraria y políticamente motivada. Al ver a este joven Navalni, tan osado como indefenso a uno le dan ganas de decirle: “Plántalo todo Alexei. Márchate, sálvate. Solo tienes 40 años. Si te matan nadie te dará las gracias”. Eso le pasó hace dos años a Boris Nemtsov, que fue asesinado junto a los muros del Kremlin. A pesar de todas las advertencias y de sus nulas posibilidades, seguirá en la brecha.


