Portugal o la indecisión política
Si el primer ministro, Passos Coelho, no logra que el Partido Socialista le apoye (otros ya lo han rechazado), se verá obligado a formar un Gobierno provisional en funciones para los próximos seis meses y convocar obligatoriamente elecciones
Los portugueses han hablado en las urnas, pero no demasiado claro, de ahí las variadas interpretaciones de su mensaje. Una gran incertidumbre política se extiende sobre el futuro. El centroderecha formado por la coalición de los partidos PSD y CDS, liderados por el primer ministro Passos Coelho y el viceprimer ministro Paulo Portas, han obtenido 104 diputados, lejos de los 116 que exige la mayoría absoluta en un Parlamento de 230 escaños. En los primeros momentos repicaron victoria y brindaron con los fervores del entusiasmo. Sin embargo, la victoria no ha sido tan brillante como la pintaron y si leemos los datos incluso saltan serios interrogantes acerca de si puede calificarse de victoria.
Es cierto que han ganado, pero con matices sustantivos. Han perdido 28 escaños respecto a las elecciones de 2011 y les será imposible formar un Gobierno estable si no es con el apoyo de los socialistas. Si se suman los escaños del Partido Socialista, el Bloque de Esquerdas y el Partido Comunista se obtienen 121 escaños, una confortable mayoría absoluta. Todos los partidos de izquierda han subido en votos y escaños, el que más, el Bloque de Esquerdas, que pasó de 8 diputados a 19. Este éxito se debe, según todos los observadores, a la magnífica campaña conducida por su dirigente Caterina Martins. Hay voces que piden que el socialista Antonio Costa lidere un Gobierno de izquierdas; Caterina Martins se apuntó a esa posibilidad al declarar que no sería el Bloque quien impidiese formar un Gobierno de izquierdas, pero el socialista Costa no está por la labor, lo dejó claro al decir que la mayoría a favor del cambio no es una mayoría de gobierno y que no está dispuesto a aliarse con planteamientos negativos. El Bloque de Esquerdas está en las coordenadas de Syriza o de Podemos, defiende la reestructuración de la deuda y unas políticas alejadas de los dogmas de la austeridad. Es posible que con el Bloque se avinieran a negociar los socialistas, pero con los comunistas parece imposible. Los comunistas defienden la salida del euro y el impago de la deuda, algo radicalmente lejos del pensamiento y la acción política de Costa y del socialismo portugués.
Puntos de encuentro. El guion a partir de ahora será el previsible: el presidente Aníbal Cavaco Silva llamará al líder de la coalición más votada y actual primer ministro Passos Coelho para encargarle formar Gobierno. ¿Lo conseguirá? Depende del Partido Socialista, que hasta ahora no solo ha aclarado las dudas sino que las ha sembrado. Passos Coelho ya ha ofrecido buscar puntos de encuentro, pero no parece tan fácil encontrarlos. Si no logra que el Partido Socialista le apoye, los otros ya se han negado en redondo, se verá obligado a formar un Gobierno provisional en funciones para los próximos seis meses y al cabo de ese tiempo convocar obligatoriamente elecciones. Parece que esta será la salida más lógica del callejón en que los resultados electorales han metido a Portugal. Sea provisional o sea más estable, lo previsible es que en un futuro inmediato haya un Gobierno de derechas con un Parlamento con mayoría absoluta de izquierdas.
El Partido Socialista se juega mucho en la decisión, y hay posicionamientos encontrados sobre este tema, además de un gran debate interno sobre el liderazgo de Costa. Notables dirigentes del partido vienen pidiendo su dimisión desde la misma noche electoral, pero él ha manifestado que no piensa dimitir. ¿Por qué piden su dimisión habiendo subido once escaños? Ya sabemos que el éxito o el fracaso se miden en función de las expectativas y las expectativas eran las de ganar después de los dramáticos ajustes sobre la economía que han llevado a tantos portugueses a la pobreza. El pasado mayo las encuestas daban a los socialistas cinco puntos por encima de la coalición de derechas y la caída final la atribuyen a una mala campaña de Costa, que no supo golpear en los puntos débiles del Gobierno, que eran muchos; también erosionó al Partido Socialista la salida de la cárcel del ex primer ministro José Sócrates, que puso en la primera página de la opinión pública las acusaciones de corrupción que pesan sobre él. Para salir de las tensiones internas, Costa parece decidido a convocar un congreso del partido, al que también se presentará si en estos vaivenes no termina por tirar la toalla, lo que hasta el momento en que escribo no parece probable.
Desesperación y resignación. Por ahora ya han salido dos candidatos para disputarle la secretaría general, el más notable es Álvaro Beleza. En esta coyuntura, lo más probable es que los socialistas le nieguen el oxígeno parlamentario a un Gobierno de la derecha, aunque depende del análisis que hagan sobre las consecuencias electorales de esa decisión. La situación económica del país es desesperada y fruto de esa desesperación es que medio millón de portugueses se han marchado al extranjero desde 2011. ¿Por qué ha ganado la derecha? Los portugueses son resignados y desconfiados, parece que en circunstancias tan penosas prefieren el mal presente a un futuro incierto, aunque pueda ser mejor.


