Portugal,en manos extranjeras

16 / 01 / 2014 11:16 J. Marcos y Mª Ángeles Fernández (Lisboa)
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El rescate financiero de la UE está atrayendo a inversores de terceros países, sobre todo de Asia. La mayor compañía energética del país está ahora en manos chinas. 

El Gobierno portugués ha lanzado su penúltimo envite anticrisis con un nuevo impuesto sobre la producción eléctrica. Esta vez el temblor se ha sentido a miles de kilómetros de distancia, concretamente en China, accionista mayoritaria de la compañía Energías de Portugal (EDP) y su tercer mayor socio comercial fuera de la Unión Europea. La medida ha provocado un cortocircuito en las relaciones entre ambos países, poniendo en la cuerda floja las inversiones asiáticas en Portugal. La descarga llega en un mal momento para el Ejecutivo del socialdemócrata Passos Coelho, consciente de que buena parte de las grandes empresas nacionales está en manos extranjeras. Quien paga manda y hoy Portugal depende en buena medida de potencias como China y Brasil.

El gravamen afecta de manera especial a la compañía estatal china Three Gorges (CTG), que ostenta el 21,35% de acciones de EDP, la mayor corporación lusa. Los chinos no solo han aceptado la apuesta, sino que la han doblado. Así se lo han hecho saber en una carta al Gobierno y a la que ha tenido acceso el semanario Expresso, que revela un “tono duro” que alerta de las posibles “consecuencias en las futuras inversiones”. CTG denuncia no haber sido informada de una decisión a través de la cual el Ejecutivo espera recaudar cerca de 150 millones de euros.

De puertas para fuera, el Partido Social Demócrata mantiene que ninguna nación soberana tiene la obligación de informar previamente a nadie sobre las leyes impositivas. Queda la duda de si se trata de una partida Estado-empresa (Portugal-CTG) o Estado-Estado (Portugal-República Popular China). Sobre el tapete está no solamente la credibilidad sino la estabilidad e incluso la independencia económica y política de Portugal.

EDP no es la única empresa portuguesa a merced del capital internacional. Le siguen ANA, BCP, Cimpor, Galp, PT... Portugal se queda sin siglas propias. O lo que es lo mismo, pierde peso en sectores clave como el energético, el bancario, la construcción, el de los transportes y el de las comunicaciones. Según Cátia Miriam Costa, investigadora de la Universidad de Lisboa, “la pérdida del control sobre algunos sectores estratégicos tendrá un coste elevado en el futuro”.

El rescate dicta las normas.

El tridente que conforma la Troika (FMI, BCE y CE) ha sido empuñado por los principios liberales del Gabinete de Coelho. “En términos de privatización el Gobierno ya traspasó la meta definida por la Troika, sin explicar su lógica de decisiones. No tiene sentido ninguno privatizar empresas lucrativas, es decir, entidades que contribuyen a disminuir el déficit”, incide Sandro Mendonça, profesor de Economía en el ISCTE Business School. Desde mayo de 2011, el rescate financiero impuso el punto final a las acciones de oro que mantenía el Estado en empresas estratégicas, privilegios que le otorgaban la última palabra, a través de posiciones residuales en el accionariado.

La recesión y las condiciones crediticias hicieron el resto. Los grandes accionistas portugueses, sumidos en deudas, vieron cómo se cerraba el grifo de los créditos y empezaron a ahogarse en problemas de liquidez. Por su parte, los bancos, también accionistas de empresas como PT y EDP, fueron forzados por el Banco Central Europeo a mejorar sus balances, lo que les condujo a la puerta de salida de sectores clave. Hasta ahora el Ejecutivo ha ingresado casi 7.000 millones de euros a través de su programa de privatizaciones, y en la agenda de 2014 están anotados la Empresa General de Fomento (egf), Redes Energéticas Nacionales (REN) e incluso la línea aérea TAP.

La versión oficial habla de una buena jugada: “No encaramos estas inversiones de forma negativa, además de porque los centros de decisión continúan en Portugal, porque son una prueba de confianza en la economía portuguesa y en la capacidad de nuestras empresas y gestores para triunfar y crear valor para los accionistas, estén donde estén”, explica el consejero económico y comercial de Portugal en Madrid, Eduardo Henriques.

Portugal es un diamante en bruto para los capitales extranjeros: mano de obra cualificada a bajo precio. El botín es doble para los inversores que no pertenecen a la UE: la entrada en el mercado europeo. “La confianza en nuestra economía y en el potencial que representa Portugal por su posición geográfica y cultural son la base de la apuesta que estas inversiones hacen en nuestro país”, admiten desde la Agencia para la Inversión y Comercio Exterior de Portugal.

El control de CTG sobre EDP ha abierto al gigante asiático las puertas a los mercados en los que estaba la compañía energética: Estados Unidos, Canadá, Brasil, España, Reino Unido, Francia, Bélgica, Polonia, Rumanía y Angola. “Es una alianza entre China, Europa y África”, esclarece un dirigente de la compañía. Las fichas de dominó se han movido en estos países y, por ejemplo, España ha modificado las leyes del sector energético, retrasando los planes chinos de entrar el sector español por la puerta abierta de Portugal.

Los candados de Madrid y el resto de la UE, así como los de países de habla portuguesa, son ahora más frágiles con las llaves maestras que el capital chino ha conseguido en Lisboa. Así, la presencia del país asiático en Portugal no deja de crecer: controla un cuarto de las acciones de REN, así como del suministro del agua de varias localidades, ha abierto un nuevo centro tecnológico, se ha producido el desembarco de dos bancos y se habla de la posible creación del vuelo directo Pekín-Lisboa. La tendencia es visible incluso en las principales avenidas de la capital, donde las marcas internacionales y las tiendas de lujo apuestan por dependientes de origen chino, un claro gesto para atender al nuevo perfil de clientes.

Los visados oro (oficialmente, Autorización de Residencia para Actividad de Inversión) han dejado más de 300 millones en su primer año de vigencia (2013). Dos tercios han ido a parar a manos chinas. Se trata de fomentar, allende la UE, la llegada de inversores VIP (con al menos un millón de euros, que abran un negocio que contrate al menos a diez empleados o que compren un inmueble de valor superior a los 500.000 euros). “Una forma de incentivar a las personas con dinero con la oportunidad de conseguir un visado europeo. Fue tomada como una medida excepcional por la crisis, pero comporta esa cuestión moral de conceder derechos a cambio de dinero”, expone Miriam Costa.

China no es la única potencia con presencia e intereses en Portugal. Desde Brasil y Angola, así como desde algunos países europeos, llega dinero para controlar a las mejores compañías lusas. Los ejemplos brotan por doquier.

Lazos con otros países.

Los franceses han obtenido la concesión de los aeropuertos para cincuenta años y tienen el 95% del capital de ANA-Aeropuertos de Portugal. El mayor banco privado, el Banco Comercial Portugués (BCP), está dominado por el conglomerado angoleño Sonangol, con el 19,44%, y Caixabank controla el 46,2% del Banco Portugués de Inversiones. En las telecomunicaciones se prevé que, con la fusión de PT con la brasileña Oi, el capital sudamericano se haga con el 61,9% de la unificación, al igual que el entendimiento entre Zon y Optimus deja una empresa mixta de capitales luso-angoleños prácticamente al 50%. En la construcción, el grupo Soares da Costa (SGPS) acaba de pasar a manos angoleñas en un 66,7%, y la cementera Cimpor se ha convertido en brasileña (94,1%). Otro caso clave es Galp, que a pesar de seguir siendo portuguesa (el 38,34% está en manos de la mayor fortuna de Portugal, Américo Amorim), tiene un fuerte matiz angoleño (Sonangol).

Algunos de estos territorios “tienen vínculos históricos con Portugal, caso de Angola, Brasil y China, lo que puede justificar la mayor facilidad a la hora de negociar, en un conocimiento mutuo que va desdibujando algunas desconfianzas que surgen en países permanentemente bajo el foco de las agencias de rating, como ocurre con Portugal. En cuanto a los países europeos, el interés alemán y francés se trata en muchos casos de una inversión moderada, en el sentido de aprovechar las oportunidades que el mercado puede ofrecer en depreciación, sobre todo el inmobiliario”, argumenta Costa. “El mundo ha cambiado mucho en los últimos años –sostiene Eduardo Henriques– y el hecho de que las potencias emergentes consideren a empresas portuguesas como activos de valor es para nosotros un motivo de orgullo”.

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