Perú: la sombra de Montesinos vuelve a agitar el país
El que fuera jefe de los servicios de espionaje de Fujimori vuelve a la actualidad tras la revelación de que un excolaborador suyo goza de protección policial.
Perú ha revivido en los últimos meses viejos fantasmas de los años del régimen de Alberto Fujimori (1990-2000), uno de los periodos más oscuros de su historia moderna, a causa de un escándalo político que ha hecho planear sobre el panorama político nacional la sombra de Vladimiro Montesinos, actualmente en prisión y que fuera poderosísimo y muy corrupto asesor presidencial y jefe de los servicios de inteligencia de la etapa de Fujimori. El caso estalló a mediados de noviembre pasado, cuando una investigación periodística reveló que la casa de un siniestro personaje acusado de haber sido durante la época de Fujimori uno de los colaboradores más cercanos de Montesinos, estaba fuertemente protegida desde hacía año y medio por varias patrullas de policía a pesar de no ostentar cargo público alguno.
A partir de ese momento el caso ha acaparado decenas de portadas de la prensa y ha ocupado horas y horas de radio y televisión con todo tipo de revelaciones, detalles y giros que han ido implicando a un importante asesor de Ollanta Humala, el actual presidente, así como a congresistas, mandos militares y policiales y algún que otro juez.
El escándalo no solo ha metido en un apuro al Gobierno y sacudido a la clase política, sino que ha puesto en evidencia a la policía y ha cubierto con el velo de la duda al ejército. Ha hecho caer a un ministro del Interior, un viceministro, el mencionado consejero de Humala y seis generales de la Policía Nacional.
Como consecuencia, se han abierto tres investigaciones oficiales (una de la Fiscalía anticorrupción, una del Congreso y otra de la Policía Nacional) y se ha producido un duro enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y la policía. Los partidos políticos lo han utilizado para lanzarse ataques mutuos, pues el personaje en el centro de la polémica, Óscar López Meneses, es una especie de conseguidor, un intermediario en todo tipo de chanchullos que había logrado establecer una red de relaciones que alcanzaba a buena parte del espectro político y casi todos los ámbitos de poder de Perú.
Al conocerse el caso, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas se culparon mutuamente por lo sucedido, con acusaciones de grueso calibre entre algunos de sus altos mandos, que se tildaron unos a otros de “mentirosos”. Varios jefes policiales, entre ellos el general Raúl Salazar, aseguraron que ellos creían estar vigilando la casa del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas peruanas, José Cueto, y que fue este quien les pidió protección y les proporcionó para ello la dirección que resultó ser de López Meneses. Pero Cueto ha negado este extremo categóricamente.
Humala, un militar retirado, tuvo que tomar partido para que el enfrentamiento no fuera a más y lo hizo a favor de sus antiguos compañeros de armas, pese a que otros tres generales de la Policía Nacional respaldaron la versión de Salazar. Según la interpretación de los hechos que ha dado hasta ahora el presidente, estos se deben a “prácticas corruptas donde muchas veces algunos malos policías” utilizaban medios y vehículos de la institución para “asignarlos a personas que les daban una retribución por este servicio”.
Esta explicación, que reduce el caso al soborno a altos mando policiales para obtener vigilancia a precio de ganga, no parece haber convencido a casi nadie, salvo quizás a los altos mandos militares. La oposición no le otorga ningún valor y parece que la mayoría de los peruanos tampoco, a tenor de las encuestas.
Teorías descabelladas.
A falta de una explicación convincente, se ha aireado en la prensa un amplio abanico de teorías, algunas realmente descabelladas. Desde que el apartamento bajo vigilancia albergaba sofisticados aparatos de interceptación telefónica utilizados por el Gobierno para tareas de espionaje, hasta que Montesinos era sacado subrepticiamente de la cárcel para reunirse en esa casa con miembros del Ejecutivo. Daniel Abugattás, congresista del Partido Nacionalista, la formación de Humala, ha llegado a atribuir todo a un plan de la oposición para crear “condiciones para dar un golpe” de Estado. El caso ha dado pie incluso a que congresistas del fujimorismo, ahora en la oposición, acusaran al Gobierno de “montesinista”.
Después de su caída en desgracia, cuando se derrumbó en el año 2000 el régimen de Fujimori, Montesinos se ha convertido en Perú en sinónimo de la corrupción. Él fue no solo uno de los principales responsables de la política contraterrorista de ese régimen, que si bien acabó con la guerrilla de Sendero Luminoso incurrió en gravísimas violaciones contra los derechos humanos (incluida la creación de un grupo paramilitar) que se perpetuaron después de la derrota de este grupo subversivo y que se dirigieron contra cualquier voz crítica. Era también el encargado de comprar en nombre de Fujimori a políticos, empresarios y dueños de medios de comunicación.
La estrategia de Fujimori.
En la actualidad Montesinos está cumpliendo, al igual que Fujimori, varias condenas de cárcel por corrupción y por crímenes de lesa humanidad, como matanzas y desapariciones. Sin embargo, el expresidente, que se enfrenta a un nuevo juicio por el soborno de directores de varios periódicos para que apoyaran su relección en el año 2000 y pusieran a caldo a sus opositores, intenta presentarse ahora como una víctima que vio traicionada la confianza que había depositado en Montesinos, que actuó a sus espaldas.
Esta estrategia le ha servido al partido de Fujimori, liderado por su hija Keiko, para convertirse en la principal fuerza de la oposición y para pasar en 2011 a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, que perdió ante Humala por un estrecho margen. En el caso López Meneses hay demasiados interrogantes que en teoría no deberían ser complicados de despejar, lo que ha despertado las sospechas de la ciudadanía de que en realidad, la élite política no tiene mucho interés en resolver el caso pues todos saldrían perjudicados.
López Meneses se ha codeado desde hace años con militares, policías y personajes de la judicatura en relaciones poco claras. Tras la caída del régimen de Alberto Fujimori fue acusado por malversación de fondos, posesión ilegal de armas de fuego (se encontraron en su domicilio dos metralletas, explosivos, municiones y chalecos antibalas), interceptación telefónica (se le incautó un equipo de telecomunicaciones) y asociación ilícita. Tuvo que ser deportado desde Estados Unidos, donde se había refugiado, pero después de cuatro años de prisión provisional logró ser absuelto de algunos de esos delitos y que los otros prescribieran.
Al recuperar su libertad consiguió rehacer su vida y volver a relacionarse con personajes del poder. Se dejó ver, y fotografiar, con asiduidad con mandos militares, en actos oficiales de la policía, con un magistrado del Tribunal Constitucional... Él, que ha negado conocer el motivo por el que frente a su casa había tanta vigilancia policial, asegura sin embargo que en 2006, estando aún en prisión, colaboró como asesor en la primera campaña presidencial de Ollanta Humala, en la que este fue derrotado por Alan García.
Poder de intimidación.
Según las encuestas, la mayoría de los peruanos creen que Humala tenía conocimiento de la protección que recibía López Meneses y aproximadamente la mitad de la población considera que este caso demuestra la existencia de vínculos entre el actual Gobierno y Montesinos.
El periodista y analista político Gustavo Gorriti, por cuyo secuestro durante el autogolpe de Estado que dio Fujimori en 1992 fueron condenados el expresidente y su poderoso asesor, afirma que este último todavía tiene cierta influencia en la política peruana debido a su poder de intimidación, ya que “tiene un montón de información grabada sobre mucha gente” en los conocidos como vladivideos, en los que registró con cámaras ocultas cómo sobornaba a todo tipo de personajes entregándoles fajos de billetes en su oficina. Para Gorriti, “una gran cantidad de gente que estuvo profundamente comprometida con el régimen, sobre todo en el nivel empresarial, se recicló, prosperó y logró finalmente más poder que el que tenía entonces”.
No obstante, pone en duda que el actual presidente tenga alguna relación con el exasesor de Fujimori: “Puede ser que haya gente cercana a él que tenga algunos lazos clandestinos, pero pienso que Humala plantea una diferencia radical con Montesinos”.



