Los hechos de Colonia dan alas a la xenofobia
Las agresiones sexuales de la noche de fin de año fortalecen los movimientos islamófobos de toda Europa
Al principio, los sucesos de Colonia fueron considerados altercados coyunturales; ahora, amenazan con romper los esquemas básicos sobre la política de acogida a los refugiados en Alemania y en Europa. Las noches de fin de año suelen celebrarse con excesos, pero este año lo acontecido en Colonia y en Hamburgo, la agresión sexual a docenas de mujeres, supera lo tolerable. Miles de personas salieron a la calle en Colonia para celebrar la llegada del año nuevo, se arremolinaron en la plaza que une la catedral con la estación para disfrutar de esas horas mágicas, símbolo del tiempo que pasa. La plaza era una fiesta colorista y ruidosa de bengalas y música. En medio de ese remolino festivo, unos mil individuos identificados por sus víctimas como árabes norteafricanos se dedicaron a cometer todo tipo de agresiones sexuales contra mujeres, aparte de robos y amenazas.
A lo largo de los diez primeros días de enero se realizaron 516 denuncias, de las cuales 200 por agresión sexual y dos por violación. Los hechos se fueron conociendo en sus dimensiones más graves a partir del día siguiente porque aquella noche la Policía practicó la ocultación y apenas intervino para impedir los graves acontecimientos. La actuación policial fue descalificada por todos, desde los poderes municipales a los federales. El jefe de la Policía, Wolfgang Abers, fue obligado a una jubilación forzosa. A medida que se fueron conociendo las denuncias, los ánimos se calentaron contra los agresores de manera generalizada, de manera especial entre los que tienen como levadura primaria la islamofobia y la xenofobia como el movimiento Pegida (acrónimo alemán de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) o el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania. La ola de la indignación subió de tono hasta convertirse en un problema político de primer orden, tanto que amenaza la estabilidad del Gobierno de Angela Merkel. Le echan la culpa de los acontecimientos a las políticas migratorias de la canciller, que ante las primeras oleadas de emigrantes se declaró dispuesta a acogerlos en Alemania y presionar para que los acogiera también la Unión Europea. Los de Pegida, acompañados por otras muchas voces gritan: “Merkel tiene que irse”.
Onda expansiva. La indignación populista ha entrado en una onda expansiva que responsabiliza de las agresiones al conjunto de refugiados y emigrantes árabes e islámicos. Solo el año pasado Alemania acogió a 1,1 millones de refugiados. La presión creciente ha obligado a Merkel a salir a escena para proclamar: “Lo ocurrido en Nochevieja son repugnantes actos criminales que exigen respuestas decididas”. Su partido, secundado por los socialdemócratas, ha presentado un documento para retirar la condición de refugiado a todos aquellos que sean condenados en firme.
Acontecimientos como este contribuyen a enrarecer la convivencia favoreciendo la xenofobia, y los responsables musulmanes deberían jugar un papel importante a la hora de neutralizar a los violentos y antisociales. En el fondo, los musulmanes que llegan a Europa deberían hacer un contrato social con la modernidad y con las normas que rigen en los países de acogida y los países de acogida deberían superar el binomio bárbaro-civilizado que atribuyen a unos y a otros. Hechos como estos consolidan los prejuicios. El escritor argelino Kamel Daoud, al analizar los acontecimientos del fin de año en Alemania, dice entre otras muchas cosas: “En el mundo de Alá, el sexo representa la miseria más grande, proviene del vasto universo de dolores y atrocidad que es la miseria sexual del mundo árabe musulmán donde la mujer es velada, negada, encerrada y poseída. La relación con la mujer es el nudo gordiano del mundo de Alá”. El muro
de burkas, velos, yihabs y nikabs impide la relación normal entre los dos sexos y provoca delirios sexuales enfermizos y agresivos. Las religiones monoteístas han predicado con frecuencia los velos femeninos, pero el cristianismo y el judaísmo se han ido modernizando y liberando, ese es el desafío del islam ahora, la modernidad.
El factor miedo. Lo ocurrido en Colonia contribuye a alimentar en Francia los músculos del Frente Nacional y a justificar el endurecimiento de las leyes frente a la interminable riada de refugiados en varios países, especialmente en el Este. La información de que entre los investigados hay refugiados acogidos al asilo político se ha convertido en poderoso argumento para sus agresivas políticas de disuasión. Se ha creado, con cierta lógica, el factor miedo, especialmente entre las mujeres, que en algunas ciudades de Alemania confiesan tener miedo a salir solas a ciertas horas de la noche.
Nos encontramos en una difícil encrucijada para la articulación de la diversidad en Europa, pero a pesar de todo hay que luchar por la convivencia. En su alocución de hace unos días al cuerpo diplomático el papa Francisco pidió que, por temor a la seguridad, Europa no pierda las bases humanísticas del espíritu de acogida a los refugiados. Hay que hacer esfuerzos por las dos partes.



