La realidad recorta el discurso de Maduro
La situación económica de Venezuela hará necesaria una devaluación de su moneda que obligará al Gobierno de Nicolás Maduro a tomar medidas impopulares.
Tradicionalmente el curso político venezolano comienza al día siguiente de Reyes. Durante los años del presidente Hugo Chávez, en las vísperas de ese día los ministros ponían sus cargos a disposición del presidente para que tuviera las manos libres y poder llevar a cabo sin cortapisas los cambios y combinaciones que creyera necesarios. El año pasado se rompió la tradición porque Chávez mantenía una lucha desesperada contra la muerte, que la muerte terminó ganando. Este año Nicolás Maduro retomó la tradición de Chávez y los ministros pusieron los cargos a su disposición. Hizo cambios en siete carteras, aunque realmente solo entraron tres caras nuevas, el resto cambió de función ministerial. La salida más notable fue la de la ministra de Trabajo, María Cristina Iglesias, que llevaba doce años junto al difunto líder carismático. Maduro justificó esta salida diciendo que la necesitaba en un puesto clave para la consolidación ideológica del chavismo. Será la encargada de organizar el próximo congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela. También se considera importante la entrada en Trabajo de Jesús Martínez, conocido mentor del presidente Maduro en sus años de sindicalista. En cambio mantiene como ministro de Planificación a Jorge Giordani, el ideólogo y todopoderoso planificador chavista que compatibilizaba la cartera de Planificación con la de Finanzas. El gran cambio de Maduro al asumir la presidencia fue nombrar ministro de Finanzas a Nelson Merente, considerado bastante más pragmático que Giordani. Desde que subió a la presidencia el día 19 de abril del año pasado ha hecho variaciones en 12 ministerios y en una vicepresidencia.
Nicolás Maduro comenzó entre sospechas de fraude su mandato y las ridículas apelaciones a Chávez, que se le aparecía cantando en forma de pajarito, rayaron el ridículo. La economía iba mal y el desabastecimiento de bienes de consumo de primera necesidad fue clamoroso. La oposición esperaba que en las elecciones municipales de diciembre se estrellara, pero no se estrelló, las ganó por poco, pero las ganó, y esa victoria le dio una notable fuerza y contribuyó a la radicalización de sus discursos. Llegó a decir que acentuaría la lucha de clases, laminaría a la oposición y caminaría hacia el modelo cubano. Es curioso, cuando Raúl Castro descalifica su modelo y hace cambios desesperados para superar la crisis económica que le atenaza, Maduro dice que se dirige hacia ese modelo. Imita a Chávez con el radicalismo verbal, pero carece del carisma recitador del maestro y de su fuerza de provocación.
Corazas verbales.
Este año va a ser el primero en el que Maduro va a afrontar los problemas del Gobierno sin la omnipresencia de Chávez, a cuerpo, aunque se ponga corazas verbales como: “Chávez vive, la patria sigue”. Estos días han llamado la atención estas declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello: “Chávez era el muro de contención para las ideas locas que se nos ocurrían. Debería vivir muchos años.” Causa extrañeza que alguien califique a Chávez de muralla de sensatez, al tiempo que desea que no aparezcan las ideas locas de que habla Cabello porque sería inevitable el camino hacia el desastre. Diosdado Cabello figuró entre los posibles herederos del carismático líder hasta que este se decidió por Maduro. Dicen que no ha perdido la esperanza de sucederle.
En los planteamientos para este año, Maduro se había propuesto reducir la inseguridad y la criminalidad del país, pero de un modo silencioso, quitándole importancia a las tragedias de las muertes cotidianas. A pesar de las cifras alarmantes, Chávez nunca le dio importancia a un fenómeno que en los países autoritarios, y ya no digamos en Cuba, está totalmente controlado. Un acontecimiento trágico sacudió a la opinión pública venezolana y puso con el máximo relieve y en primer plano los problemas de la inseguridad y la violencia. La noche de Reyes una pandilla de pistoleros mataba a tiros a la popularísima actriz y exreina de la belleza venezolana Mónica Spear y a su marido, el irlandés Thomas Henri Berry, resultando herida su hija de 5 años. Circulaban en un coche modesto por la autopista que une las ciudades de Puerto Cabello y Valencia, una zona montañosa de la costa norte de Venezuela. Los medios de comunicación se volcaron con el trágico acontecimiento y con tal motivo publicaron amplias informaciones sobre la inquietante inseguridad y la violencia que atenaza al país. Según las cifras del Gobierno, en el año que acaba de terminar murieron por actos violentos 11.000 personas, sin embargo, otros observatorios sitúan esa cifra en 25.000, convirtiendo Caracas en una de las ciudades más violentas del mundo y Venezuela en uno de los países más inseguros, situándolas a la altura de las zonas en guerra.
Concertación.
Ante la alarma suscitada, el Gobierno puso en marcha una política de concertación con la oposición, convocando a los gobernadores y a los alcaldes de todos los signos políticos, incluido el líder opositor, Henrique Capriles, gobernador del Estado de Miranda, para buscar soluciones conjuntas al problema y coordinar las respuestas al crimen. Se pudo ver reunidos en el mismo salón a Capriles y a Maduro dándose la mano. El Gobierno, que ha sido acusado de carecer de política para los huérfanos de la barbarie, anunció la creación de una oficina de atención a las víctimas que trabajará con los familiares de quienes sufren pérdidas por homicidios. Esta realidad ha rebajado, de momento, el lirismo de Maduro al hablar de profundizar en la revolución y laminar a la oposición, porque ha tenido que contar con ella.
Todos los observadores y analistas de la realidad venezolana coinciden en afirmar que el gran desafío para este año será la economía. El año pasado se cerró con una inflación del 56% y un crecimiento del 1,5%, aparte del clamoroso desabastecimiento de productos básicos y la escasez de otros. Maduro responsabilizó del desabastecimiento a las maniobras de la oposición de acuerdo con comerciantes e importadores. El presidente ha prometido publicar estos días un plan de choque económico que neutralice los malos augurios que sitúan la inflación en el 75% y el crecimiento en el 0,5%, unos datos que llevarían el país al desastre.
El panorama de Venezuela no es muy comprensible, teniendo en cuenta que es uno de los mayores productores de petróleo del mundo. El chavismo optó por una política de subvenciones a las clases marginadas, en vez de invertir en fomentar las capacidades tecnológicas y humanas. La devaluación del bolívar, explícita o implícita, es una necesidad y a partir de ahí el Gobierno de Maduro se verá obligado a tomar medidas impopulares, incluso para sus seguidores. Dado que para tratar el problema de la violencia el Gobierno negoció con la oposición, la pregunta es obvia: ¿se verá también obligado a negociar con sectores políticos y empresariales una salida de la crisis? Escuchando los discursos políticos cargados de promesas revolucionarias, se diría que no, pero a veces la realidad impone sus implacables dogmas sobre la ideología. A pesar de los altos precios del petróleo habrá restricciones para acceder a las divisas y de ahí se derivará el desabastecimiento de ciertos productos, entre ellos el de papel para los periódicos de la oposición. El desequilibrio fiscal obligará a subir las tarifas de los servicios públicos, a incrementar el precio de la gasolina y a recortar gastos en el Gobierno.
En una situación así, Maduro ¿optará por el radicalismo o por la negociación? Lo veremos muy pronto.



