La peligrosa vida de las palomas en Israel

06 / 03 / 2009 0:00 Kevin Peraino
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La izquierda israelí ha resucitado con la guerra y, con una agesiva postura al estilo de los duros del Likud, aumenta sus opciones de ganar las elecciones del 10 de febrero. En cambio, está acabando con las posibilidades de llegar a un acuerdo con los palestinos.

Sólo hace unas semanas las perspectivas políticas de Ehud Barak eran de broma. El ministro de Defensa apareció a finales de diciembre en un programa de gran audiencia de la televisión israelí, donde suscitó las mayores carcajadas cuando sugirió que ganaría las elecciones a primer ministro. A los fundadores del Estado judío —que pensaron que el Partido Laborista de Barak representaba el ideal laico sionista— les hubiera dolido ver a su heredero ridiculizado. Pero el Partido Laborista, que una vez estuvo influido por Karl Marx y sigue siendo la antorcha política de la izquierda israelí, lleva bastante tiempo en decadencia. En noviembre, el novelista moderado Amos Oz declaró que el laborismo había “completado su papel histórico”. Desde que empezaron a caer las bombas en Gaza, sin embargo, la suerte de los izquierdistas de Israel se ha revigorizado. Durante meses, el líder de la oposición de Israel, el halcón Benjamin Netanyahu, ha encabezado las encuestas sobre las elecciones legislativas del 10 de febrero. La guerra de Gaza —popular en casa aunque no lo sea en el extranjero— ha impulsado a sus rivales. Una encuesta publicada la semana pasada refleja que se ha doblado el apoyo al Partido Laborista de Barak y ahora se prevé que logre quince escaños en el Parlamento en lugar de siete. Otra sugiere que la popularidad personal del ministro de Defensa ha escalado diecinueve puntos. Más importante para la política de coalición de Israel: estudios de la Universidad de Tel Aviv dicen que hay más apoyos a un amplio bloque de izquierda que incluyera al Partido Kadima de la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, que a Netanyahu y sus aliados. Las encuestas muestran que cada sector ganaría sesenta escaños de los 120 del Parlamento. En cualquier caso, la validez de estas previsiones es efímera, dependiendo del resultado de los ataques en Gaza. Pero sería muy irónico si la guerra, que ha puesto furiosos a los activistas pacifistas en todo el mundo, termina sin llevar al poder a las palomas de Israel.

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Palomas de línea dura

Con más de mil muertos en Gaza, incluidos muchos civiles, hay algo vagamente orwelliano al referirse a Livni y Barak como palomas. El coste moral de la guerra ha sido inmenso: un ataque a una escuela de la ONU mató a más de cuarenta personas, y la Cruz Roja acusó a Israel de violar la ley internacional por no socorrer a los civiles palestinos heridos. Comparados con el derechista del Likud Netanyahu, que regularmente recrimina la división de Jerusalén y la devolución de la tierra a los palestinos, Barak y Livni son mucho más flexibles sobre las concesiones que hay que hacer para lograr la paz. Pero se están beneficiando de apoyar la línea dura frente a Hamás. Netanyahu ha sido durante mucho tiempo la voz más alta a favor de un ataque a Gaza. Según el historiador israelí Tom Segev, Barak “lo está haciendo bien porque ahora está haciendo lo que le dijo Netanyahu”. Y continúa: “La gente respalda al general Barak, no al líder laborista. No son la misma persona”. Como líder laborista, Barak se ha calzado los zapatos de los mayores iconos de Israel. Simon Peres, el presidente israelí que en 2005 se unió a Kadima, es el más conocido alumno vivo del movimiento. La cultura sionista secular de los kibutz —infundida con ideas comunita- rias y ardor revolucionario— es uno de los romances más duraderos del Estado. Siempre fue más un mito que una realidad; a medida que los tiempos cambiaron, los kibutz evolucionaron. Los fundadores de Israel han madurado en lo que Yaron Ezrahi, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea, llama “la era de las ideologías” a finales del siglo XX. Entonces el mundo se encontraba en una espiral de intrigantes ismos, ahora los nietos de los fundadores tienen pocas utopías. La decadencia laborista, dice Ezrahi, tiene en parte que ver con “la victoria del pragmatismo sobre la ideología”. Barak, héroe de guerra convertido en paloma, está satisfecho de aquellos días. Como oficial de la unidad militar de élite Sayeret Matkal a principios de los 70, entró en Beirut disfrazado de mujer para asesinar a los miembros de la OLP responsables del asesinato de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich. Décadas después, ya como primer ministro, Barak airó a los derechistas israelíes entablando negociaciones con Líbano sobre los Altos del Golán y diciendo que devolvería a los palestinos los barrios árabes en Jerusalén este y Cisjordania como parte del acuerdo de paz. Lo que no está claro, sin embargo, es si la escalada de Barak y Livni habrá durado lo suficiente como para que sus leales ganen las elecciones y, en última instancia, lleguen a un acuerdo de paz. El aumento de las víctimas y la intensificación del ultraje internacional podrían hacer a Israel inclinarse hacia la guerra, como en el verano de 2006 en el conflicto de Líbano. Pero si Barak y Livni atraen a los centristas de otros partidos, se arriesgan a ignorar a sus bases en un contexto de guerra. Sin embargo, Barak ha preparado el terreno político ante cualquier giro que pudieran dar los ataques en Gaza.

Expandir el conflicto

Así, hace días, cuando los líderes israelíes debatían si expandir el conflicto a los centros de Gaza, una filtración decía que el ministro de Defensa se oponía a intensificar el ataque terrestre, incluso cuando otros miembros del Gabinete querían ampliarlo. “No quiere presionar”, dice una fuente cercana a Barak. Se piensa que Livni estaba en una línea similar. Ante una situación de alto el fuego en la que Hamás sigue al frente de Gaza, se espera que Netanyahu diga que la guerra terminó demasiado pronto y que su resultado hubiera sido más decisivo si él hubiera estado al mando. La consecuencia, según Yosi Beilin, decano del pacifismo israelí, es que el militarismo israelí estaba “al borde de la victoria y entonces, un día paramos. Es muy difícil refutar una cosa así”. Aún más, en ese punto, las negociaciones de paz para fortalecer a los moderados palestinos a expensas de Hamás se harán más importantes. Los votantes israelíes preferirán en la silla de primer ministro a un entusiasta de la vuelta a las negociaciones que a un obstruccionista como Netanyahu. Pero con los líderes israelíes a favor de luchar desafiando al Consejo de Seguridad de la ONU, las palomas palestinas tienen un problema. El presidente, Mahmud Abbas, ha perdido credibilidad por sus infructuosas conversaciones con los israelíes. Los islamistas “no van a ser erradicados –dice Mohammed al Masri, leal a Abbas y antiguo jefe de inteligencia en Gaza–. Hamás saldrá más fuerte sobre el terreno que antes”. El resurgimiento de las palomas de Israel no llevará paz si sus contrapartes palestinas resultan mutiladas en el proceso.

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