La mujer que siempre cumple las normas

20 / 01 / 2012 14:09 Roger Boyes (Newsweek)
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La canciller alemana, Angela Merkel, hermética en su vida privada y paradigma mundial del liderazgo sin carisma, parece no albergar más pasiones que el respeto reverencial a las reglas. Casi dos tercios de los alemanes aprueba su gestión de la crisis.

La dama los prefiere rubios. Angela Merkel, de 57 años, a la que muchos apodan la Reina de Europa, se rodea de colaboradores bien afeitados, impecables en el vestir y, sí, con frecuencia rubios. No hay más que mirar a su asesor de comunicación más destacado, el encantador Ulrich Wilheim; o al hombre que eligió para ser presidente de Alemania, el estirado Christian Wulff; o al asesor económico al que nombró jefe del Bundesbank, Jens Weidmann, cortado por el mismo patrón. Claro, que la canciller no les dio su confianza por su acicalamiento o por sus genes arios, sino por sus enfoques sobrios y genuinamente germánicos a la hora de afrontar la crisis, y que se podrían resumir en la siguiente frase: en caso de duda, limítate a seguir las normas.

Para los alemanes el fair play no tiene nada que ver con el cricket, sino que lo identifican más bien con la noción de “legitimidad”. La verdadera cuestión (cuya respuesta entronca directamente con el enigma Merkel) es hasta qué punto la cólera fría de Alemania cristalizará en la imposición de políticas de línea dura al resto del continente. Como economía más grande de Europa, pero sobre todo como país que tendrá que pagar la mayoría de las facturas, Alemania reclama para sí el derecho de imponer condiciones y líneas de actuación a los países más endeudados: quiere imponer una disciplina fiscal germánica a todo y a todos. Es su contrapartida por rescatar a Grecia y al resto de países del euro con problemas, a los que en todo momento advirtió de los riesgos de no mantener los equilibrios macroeconómicos. “Queremos garantías de acero forjado, compromisos por escrito, certezas de que los incumplimientos recibirán castigo”, afirma un destacado dirigente democristiano alemán.

Por su parte, el electorado alemán apenas cuenta en este esfuerzo de Berlín por salvar la Eurozona; las decisiones las toman unas pocas personas del equipo de la canciller o del jefe del Bundesbank. Y es que, en último caso, el destino de la UE descansa sobre los hombros de una mujer que se crió en la Alemania Oriental y que alcanzó su madurez política coincidiendo con el desplome de la URSS. En noviembre de 1989, el día que empezó a resquebrajarse el Muro de Berlín, Merkel no se echó a la calle para formar parte del mayor acontecimiento histórico en décadas. En vez de ello acudió a su sesión semanal de sauna. Hoy sus detractores critican que la canciller empezó a ocuparse tarde de la crisis, y hacen bromas sobre el hecho de que pasó dos años en la sauna mientras fuera el deterioro económico se hacía cada vez más denso e irrespirable. La oposición, además, la acusa de dar bandazos en otras cuestiones políticas clave. Un ejemplo es su decisión de renunciar a la energía nuclear tras el desastre de Fukushima, pese a que anteriormente había defendido la posición contraria. 

¿Y por qué Merkel es una gestora de crisis tan lenta? Una de sus biógrafas, Margot Heckel, cuenta una anécdota que arrojaría algo de luz a este respecto. Al parecer, Merkel, de niña, tenía un miedo irracional a sumergirse en el agua. Un día, en clase de natación, el profesor le ordenó que se subiera al trampolín más alto de todos para tirarse. La pequeña Merkel se subió y ahí se quedó, inmóvil, batallando interiormente consigo misma durante largos segundos, hasta que la hoy canciller reunió por fin el valor para tirarse a la piscina, en la que se sumergió hasta el mismo fondo. Sobrevivió.

Valor y prudencia.

No está claro cuál es la moraleja de esta historia. La enseñanza más obvia es que Merkel es una mujer que duda y sopesa largo tiempo las decisiones de gran calado antes de reunir el valor suficiente para decantarse por una de las opciones. Pero no hace falta ser psiquiatra para deducir otras razones que llevan a Merkel a tardar mucho en lanzarse a cualquier piscina. Una de ellas es su enorme descoordinación física, que le viene desde niña. Con 5 años ya se entrenaba subiendo y bajando escaleras, para superarla. ¿Podría explicar esto que aquel día no se tirara cuando había de hacerlo? ¿Tenía miedo, quizá, de tropezar delante de los demás? Y lo que es más revelador, ¿por qué, pese a retrasarse, saltó del trampolín dentro del tiempo que se le dio, y no tres minutos más tarde, cuando ya no hubiera nadie en la piscina? ¿Fue por respeto reverencial a las normas? Es cierto que tardó más de lo normal en tirarse, pero aun así lo hizo dentro de los límites establecidos. ¿Sucederá algo parecido con la solución a la crisis de deuda de la Eurozona?

Pero la historia más reveladora de Merkel data de 1981, cuando se separó del marido cuyo apellido aún conserva, Ulrich Merkel. Se habían conocido en Leipzig, donde ambos estudiaban Física, y tras casarse, se establecieron en Berlín oriental. Durante tres años, Ulrich hizo las labores domésticas mientras Angela completaba su doctorado. Y fue entonces, cuando todo estaba limpio y reluciente, cuando la hoy canciller decidió largarse. “Un día simplemente recogió sus cosas y se marchó”, recalca su exmarido. Se conoce que fue una separación en la que apenas se cruzaron palabras, y en la que ella solo se llevó consigo un objeto, la nevera, que cogió cuando Ulrich no estaba en casa. Esa es Angela Merkel: una mujer que se larga con tu nevera.

No hay nadie realmente cercano a la canciller. Su actual marido, Joachim Sauer, una eminencia en el campo de la química cuántica y cuyo nombre suena con frecuencia en las quinielas del Nobel, apenas se deja ver. Todo lo que se sabe de él es que le encanta Wagner (la prensa alemana le apoda el Fantasma de la ópera) y que es muy aficionado al senderismo. Aquellos que han llegado a escuchar de pasada alguna conversación de la pareja se sorprenden de lo formales que resultan; y a la hora de la cena se rumorea que suelen hablar de centros científicos, música y de los dos hijos mayores de Sauer. La visión de Europa que tiene Merkel está muy influenciada por la de su mentor y padrino político, el excanciller Helmut Kohl. Y aun así entre ambos existe la diferencia entre un viejo enfoque europeo, idealista pese a las dificultades, y otro nuevo, tan escéptico como pragmático. Kohl estaba en sintonía con otros líderes europeos que como él pertenecían a la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial, como por ejemplo François Mitterrand. En cierta ocasión, cuando el presidente francés pronunció un discurso sobre sus experiencias durante la guerra, Kohl
 derramó algunas lágrimas. Kohl, de hecho, a menudo lloraba en público, algo que Merkel jamás ha hecho. Kohl apostó por el eje franco-alemán para evitar otra guerra y trató de extender este sentimiento paneuropeo por el resto del continente. Merkel, sin embargo, desconfía de su par francés, Nicolas Sarkozy, y se dice que detesta el término que ha acuñado la prensa para designar su alianza conjunta para liderar la UE: Merkozy.

Juventud política.

Cuando se produjo la reunificación alemana, Kohl no supo muy bien cómo actuar con Alemania Oriental. Colocó en su gabinete como ministra de Mujer y Juventud a Merkel, de la que por entonces solo sabía tres cosas: que había destacado como dirigente democristiana en el Este; que venía de un ambiente protestante (su padre era pastor) y que, pese a haber pertenecido a la organización comunista Juventud Alemana Libre, no tenía conexiones con la Stasi. Kohl la trató como trataba en general a todos los alemanes del Este: con una benévola condescendencia. Das Mädchen (la chica), llamaba a Merkel, que por entonces ya tenía 36 años.

Pero como muchos otros políticos alemanes, Kohl la subestimó. Unos años más tarde la chica hizo su apuesta y publicó un artículo en el que llamaba a los democristianos a sustituir a sus viejos líderes. Fue un nuevo momento largarse con la nevera. Los líderes jóvenes del partido, todos ellos hombres y la mayoría rubios, guardaron silencio y observaron, pensando que Merkel les haría el trabajo sucio. Pero sorprendentemente fue ella la que acabó sucediendo a Kohl y convirtiéndose en la canciller alemana al frente de una gran coalición formada por democristianos y socialdemócratas, precursora de los gobiernos tecnocráticos que en la actualidad no dejan de ganar terreno en toda Europa. Por otro lado, temerosa de la opinión pública, Merkel simplemente evitó por sistema las decisiones polémicas.

Esta fórmula no sirvió ni en Alemania ni en Europa. Kohl conocía el valor de la pasión para crear corrientes de opinión favorables, y cuando fue canciller les dijo a los ciudadanos que el euro era la diferencia entre la paz y la guerra. Merkel, por su parte, no se ha molestado en vender la importancia de preservar la unidad de Europa a una opinión pública mucho más euroescéptica que durante los gobiernos de Kohl. En privado, los miembros de su equipo trazan una clara línea divisoria entre la Eurozona y la Unión Europea, y solo garantizan que sea esta última la que sobreviva, pues su prioridad es proteger el interés nacional de Alemania, lo que pasa por mantener a toda costa la unidad del mercado europeo. Escéptica con respecto a los eurobonos, preocupada por que el electorado se pueda volver contra ella y presionada por el resto de la UE y por la Casa Blanca, Merkel, que duerme poco, se muerde las uñas y manda mensajes de móvil constantemente, se está refugiando en lo que mejor conoce: reglas, reglas y más reglas. Su plan para hacer más estrictos los límites de endeudamiento en la Eurozona necesita tener el apoyo de más países, pero ahora que la situación de emergencia parece haberse estabilizado y que se está hablando de nuevos tratados e instituciones, Merkel parece sentirse más a gusto en su papel de líder, según la experta en asuntos europeos Katinka Barysch. “Políticamente, la estrategia está funcionando: casi dos tercios de los alemanes aprueba hoy la gestión de Merkel de la crisis del euro, frente al 45% de octubre”, dice.

Grupo Zeta Nexica