La consulta-trampa de Tayyip Erdogan

25 / 04 / 2017 Alfonso S. Palomares
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Los observadores internacionales denuncian la falta de garantías democráticas y las irregularidades en el referéndum convocado por el presidente turco, que le permitirá asumir todos los poderes, por encima del poder legislativo.

Erdogan saluda a sus seguidores desde el palacio presidencial de Ankara, después de ganar el referéndum constitucional en Turquía. Foto: Adem Altan/AFP

El pasado domingo 16, los turcos acudieron a las urnas para votar en un referéndum donde se preguntaba si daban al presidente Recep Tayyip Erdogan todos los poderes o mantenían unas coordenadas democráticas. El país se movía en un crispado enfrentamiento entre el Evet (sí) y el Hayir (no). El sí convertiría a Erdogan en el nuevo sultán retrocediendo casi un siglo en la historia. Se trataba de dar un salto cualitativo, pasar de la democracia a la autocracia y quizá, dado el temperamento del presidente, abrirle las puertas a la tiranía. El resultado fue ajustadísimo y corto para un cambio de tal naturaleza. El sí obtuvo el 51,31% de los votos, mientras que el no respiró en su espalda con el 48,69%.

El referéndum había despertado curiosidad e inquietud en toda Europa, ya que Turquía ocupa un lugar estratégico al articular Europa con Asia y tener fronteras con el sangriento avispero de Oriente Medio, en concreto con el matadero sirio. La Unión Europea le paga una importante cantidad para que le sirva de escudo para frenar en esa puerta de Europa a las caravanas de desventurados que sueñan y luchan por llegar al Viejo Continente. El país es miembro de la OTAN y aspira desde hace más de una década a entrar en la Unión Europea. Después de este referéndum, esa posibilidad se ha debilitado mucho, si es que no ha desaparecido del todo. Para terminar con la posibilidad de una hipotética integración europea, la Turquía de Erdogan quiere implantar de nuevo la pena de muerte, lo que le cerraría definitivamente las puertas de la Unión.

La OSCE y la Asamblea del Consejo de Europa enviaron 63 observadores a la consulta, presididos por la italiana Tana de Zulueta, que han difundido un duro informe denunciando que el marco legal de este referéndum ha sido inadecuado y que no ha respondido a los estándares exigidos para una consulta como esta. Como se sabe, en Turquía las libertades fundamentales para un proceso democrático siguen restringidas por el estado de emergencia, por lo que las dos opciones enfrentadas no tuvieron las mismas oportunidades. Los observadores también hacen hincapié en que la Comisión Electoral Suprema tramitó como válidos más de un millón y medio de votos emitidos en papeletas sin los sellos preceptivos que la mesa electoral coloca en cada uno de ellos antes de entregarlo a los votantes. La crispación entre los partidos de la oposición sigue al rojo vivo y cada día aumenta decibelios al descubrirse los recursos estatales que utilizados por el presidente Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). 

Extraño golpe de Estado

Desde el golpe de Estado, o pseudogolpe, del pasado mes de junio, el país vive en permanente estado de represión, que han sufrido los sospechosos de todos los sectores, principalmente enseñantes, militares y funcionarios. Y por supuesto, los seguidores del clérigo Fetula Gulen, a quien Erdogan culpó de la intentona. Erdogan mantiene un severo pulso diplomático con Estados Unidos para que extraditen a Gulen. Es curioso, el golpe estaba mal planificado, en caso de que se tratara de un golpe, lo que estaba bien planificada era la represión. La maquinaria represiva comenzó a funcionar cuando todavía el golpe no había sido dominado. Al día siguiente comenzó un grito unánime desde las filas de los seguidores de Erdogan reclamando la pena de muerte y ahora el presidente quiere dar una respuesta positiva a esa petición. Afortunadamente muchos de los presuntos golpistas siguen vivos porque no existía pena de muerte, de lo contrario, hoy serían cadáveres. 

De la democracia a la autocracia

El líder del Partido Popular Republicano, de corte socialdemócrata, Kemal Kilisdaroglu, reclama la anulación del referéndum, aduciendo múltiples irregularidades, mientras el presidente Erdogan se da amplios baños de multitudes celebrando su victoria. Proclama que ha sido un éxito y un paso hacia delante en la modernización del país. Hay una cuestión de fondo y de largo alcance que enfrenta a los dos partidos más importantes, el Partido Popular Republicano es laico, siguiendo la doctrina de Kemal Atatürk, el fundador de la República de Turquía, mientras el de Erdogan es musulmán, y en los últimos años las mujeres del país se han ido cubriendo de velos. El salto atrás es enorme para la condición femenina. Pero, ¿qué es lo que cambia en la naturaleza del régimen este referéndum? Se dice en comentarios a vuelapluma que pasa de un régimen parlamentario a uno presidencialista. Es decir, de un régimen como el italiano a uno como el estadounidense, pero no es eso, pasa de una democracia a una autocracia. El cambio más importante es que el presidente asume todos los poderes, asume los que tenía el primer ministro, que queda eliminado, pero tampoco es controlado por el poder legislativo ya que puede gobernar por decreto, seleccionar a su Gobierno sin que la Cámara tenga que otorgarle ningún voto de confianza y también nombrará directamente a cuatro de los once jueces del Supremo. A pesar de la euforia de Erdogan, la nueva presidencia nace muerta.

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