Francia frena al Frente Nacional
La movilización del electorado contra la ultraderecha en la segunda vuelta de las elecciones regionales, en la que los socialistas han llegado a retirar algunas de sus listas, evita los Gobiernos del Frente Nacional
Los franceses partidarios de los valores republicanos respiraron tranquilos al conocer los resultados de la segunda vuelta de las elecciones regionales al comprobar que el Frente Nacional de Marine Le Pen no había logrado gobernar en ninguna de las 13 regiones metropolitanas. La derecha presidirá, siete; los socialistas, cinco; y los nacionalistas han ganado en Córcega. Ya se sabe que el éxito o el fracaso en unas elecciones se mide en relación con las expectativas que se tengan, y en esta ocasión los frentistas de Le Pen tenían muchas, ya que en la primera vuelta se habían situado como los más votados al obtener el 27,73% de los sufragios.
El Frente Nacional significa la destrucción de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, que conllevan los de justicia, laicidad y solidaridad, ya que ellos defienden un nacionalismo exacerbado que predica la salida de la Unión Europea, del euro y de la política agrícola común. Desde que se conocieron los resultados de la primera vuelta, el más batallador contra los ultranacionalistas fue el primer ministro, Manuel Valls, que llegó a decir: “El de Marine Le Pen es un partido que busca enfrentar a unos contra otros. La división y la estigmatización nos pueden llevar a la guerra civil. Respeto a los franceses que hacen esa elección porque es un voto de cólera. Pero hay que advertirles de que están votando por un partido antisemita, racista, que no ama la República y que miente a los franceses”. Valls no se limitó a hacer unas declaraciones apasionadas y beligerantes, sino que definió una estrategia que incluía un coste muy alto de consejeros regionales para su partido, a la par que le daba unos ases valiosísimos a los rivales de la derecha para ganar la batalla al Frente Nacional.
En la región Norte Paso de Calais-Picardía se presentaba la líder frentista, Marine Le Pen, que había obtenido en la primera vuelta el 40,64% de los votos, todo un récord, y acariciaba la victoria en la segunda vuelta. Algo parecido ocurría con su sobrina Marion Marechal-Le Pen en Provenza Alpes-Costa Azul, donde había obtenido el 40,55% de los sufragios. Nunca su abuelo y fundador del partido había rozado esa cifra. Para las sensibilidades republicanas, el país se encontraba al borde del abismo: un partido neofascista como el Frente Nacional podía hacerse con el poder en dos regiones muy importantes. Por eso los socialistas decidieron retirar sus listas en esas dos zonas y pedir el voto para sus rivales. La estrategia tuvo los efectos esperados, la derecha ganó al Frente.
El candidato bocazas. Nicolas Sarkozy, a pesar de haber ganado su partido, ha quedado malparado entre los suyos. Ha perdido imagen, su comportamiento fue exactamente el contrario al de Valls. No solo no planteó retirar ninguna lista sino que llegó a decir: “Votar al partido Frente Nacional no es inmoral”. Esta y otras frases análogas llevaron a Xavier Bertrand, candidato de la derecha que se oponía a Marine Le Pen, a pedirle que se callara. Sarkozy se movió de forma vidriosa durante toda campaña, llegó a pedir a los votantes frentistas que dejarán de hacerlo ya que de ese modo favorecían a los socialistas. Todos los analistas están de acuerdo en que estas elecciones han lesionado el liderazgo de Sarkozy, que tendrá muy difícil obtener en las primarias la nominación a candidato a la presidencia de la República frente a los otros tres o cuatro candidatos que pueden disputársela, entre ellos Alain Juppé. Estas elecciones han lesionado su liderazgo porque los resultados de la primera vuelta han sido similares a los de hace cinco años y el éxito de la segunda vuelta se debe en parte a la incomparecencia de los socialistas. (Hago un paréntesis para precisar que a la segunda vuelta de las elecciones regionales francesas pasan los partidos que obtienen más del 10% de los votos, algo muy distinto a lo que ocurre en las presidenciales, a cuya segunda vuelta solo acceden los dos primeros).
Como apunté antes, los éxitos y fracasos de unas elecciones se miden en función de las expectativas. Las de los socialistas estaban por los suelos, la mayoría de los sondeos les auguraban una seria derrota. Los resultados fueron buenos, ganaron en cinco regiones. ¿A qué se debió el cambio? Sin duda influyó la gestión que hizo François Hollande de los crueles atentados yihadistas en París, pero también se debió a los planteamientos tan nítidos de Valls contra el populismo nacionalista.
A pesar de todo, conviene decir que el peligro ha pasado, pero no se ha alejado. Hay que resaltar que en esta segunda vuelta hubo una movilización importante en el electorado, alarmado por la posibilidad de que la ultraderecha llegara al poder. En la primera vuelta acudió a las urnas el 49% del censo, en la segunda, el 59%, diez puntos por encima. Hay que remontarse a las presidenciales de 2002 que enfrentaron a Jacques Chirac con Jean Marie Le Pen para encontrar algo parecido. De todos modos, los partidos que defienden los valores de la República tienen que plantearse respuestas políticas y económicas para neutralizar al neofascismo francés.



