Europa no olvida el espionaje

23 / 12 / 2013 13:32 Clara Pinar
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Una investigación del Parlamento Europeo sobre el espionaje de EEUU promete fricciones con ese país. 

Al principio fue la indignación. Países como Francia y Alemania se llevaron las manos a la cabeza al saberse que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos había interceptado conversaciones telefónicas y electrónicas de sus ciudadanos. La afrenta llegaba, en el caso de Berlín, hasta la canciller, Angela Merkel, uno de los líderes mundiales a los que el espionaje estadounidense intervino el teléfono. Sin embargo, uno a uno, algunos países, entre ellos España, fueron reconociendo que sus servicios secretos colaboraron con la NSA, algo justificado en la lucha contra el terrorismo. Y el asunto, que suponía deteriorar las relaciones con EEUU justo cuando se negocia un nuevo acuerdo comercial bilateral, fue olvidado por las capitales.

No ha sido así en el caso del Parlamento Europeo, que se encuentra investigando el alcance del espionaje de EEUU en Europa y que se centra sobre todo en cómo afectó al derecho a la privacidad de los europeos la interceptación de llamadas de teléfono y correos electrónicos. Los Estados miembros, que circunscribían esta cuestión al ámbito de la política de seguridad nacional, van a encontrarse en 2014 con que el Parlamento Europeo se atribuye competencias para investigar el espionaje de EEUU en Europa porque afecta a la protección de datos de los europeos, de la que ellos son garantes. Justo en año electoral.

A nadie se le escapa que una campaña a favor de la protección de la privacidad de los ciudadanos es una buena tarjeta de visita frente a las elecciones de mayo. Más aún: en el borrador de informe que acaba de presentar el liberal británico Claude Moraes se apuesta por, entre otras medidas, suspender el acuerdo de intercambio de datos entre empresas de la UE y de EEUU y la negociación del nuevo tratado comercial que acaba de empezar su tercera ronda y pone en juego 120.000 millones de euros en intercambios mutuos. Para evitarlo, EEUU debe aceptar antes que los europeos puedan reclamar ante tribunales estadounidenses violaciones a su privacidad, algo que a la inversa sí ocurre.

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