Esperanza en Francia, ilusión en Europa

12 / 05 / 2017 Alfonso S. Palomares
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La victoria de Macron neutraliza de momento el peligro de la extrema derecha antieuropeísta, pero el gran desafío empieza ahora.

Se necesitaba una gran dosis de coraje y audacia para entrar en la carrera a la presidencia de Francia sin cumplir ninguno de los ritos convencionales exigidos. A Emmanuel Macron le sobra coraje y audacia. No tenía partido, solo contaba con el movimiento ¡En Marcha!, que había fundado hacía menos de un año, y no había participado en ningún tipo de elecciones, ni siquiera para concejal. Era como si de repente se pusiera a escalar los últimos quince metros del Everest sin pasar por los campamentos previos. Le decían que siendo tan joven ya tendría tiempo. Pero Macron no estaba dispuesto a hacer cola esperando su turno, ni a perder tiempo deshojando margaritas.

Todo lo ha hecho rápido y de manera brillante. Fue el alumno de referencia en el colegio de jesuitas La Providence en Amiens. Se traslada a París con 16 años, cuando termina el Bachillerato se prepara para entrar en la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración, entra en la Inspección de Finanzas. Una vez graduado entró muy pronto en la banca de inversiones Rothschild, donde escaló rápidamente la cúpula y protagonizó importantes operaciones financieras que le ganaron el sobrenombre de Mozart de las finanzas. Se hizo rico, que era también como ganar la libertad para la acción política. François Hollande le llamó al Elíseo, primero como consejero de Economía y después como ministro del ramo. Fue entonces cuando se propuso como objetivo convertirse en presidente de la República. Lo vio como una necesidad imperativa para regenerar la vida pública francesa y simplificar la pesada máquina administrativa para hacerla más eficaz. “Eficacia” es una de sus palabras preferidas.

Europeísta convencido y fervoroso, quería cambiar Francia para articular el cambio en Europa, especialmente después del brexit. Conoce muy bien los dosieres europeos. La ruptura de Europa dejaría este viejo continente a la deriva, zarandeada por los vientos de Donald Trump desde Estados Unidos, los del zar Vladimir Putin desde Rusia y los expansivos de la China de Xi Jinping. Europa solo resistirá a esos vientos devastadores si fortalece su unión, tanto política como económica. Para él, la única forma de fortalecer Francia es fortalecer Europa. Para eso había que frenar a los xenófobos de Marine Le Pen, que cada día se sentían más fuertes, amenazantes y activos. Quieren tanto a Francia que la estrangularían al sacarla de Europa.

Un debate a cara de perro

Después de estas reflexiones su objetivo de luchar por la presidencia se convirtió en una decisión firme e irrenunciable. Había que poner en marcha la estrategia adecuada. Dimitió como ministro de Economía y creó ¡En Marcha!, un pequeño partido liberal social. Importantes políticos como Manuel Valls, al ver que las bases socialistas habían elegido en primarias al izquierdista Benoît Hamon, se integraron en el proyecto de Macron. El Partido Socialista se hundió en la primera vuelta, cosechando solamente el 6% de los votos. Un naufragio en toda regla. En la primera vuelta, Macron resultó vencedor tres puntos por delante de Le Pen. Una vez solos en la pista, Macron y Le Pen mantuvieron una pelea a cara de perro, despiadada. Macron despedazó a Le Pen y desmontó su ideario político en un tormentoso debate televisivo, lo que le permitió aumentar la distancia entre ambos.

Le Pen se había fijado como techo obtener el 40% de los votos y que Macron no sobrepasara el 60%. Las urnas dieron el 66,06% al segundo y el 33,93% a la primera. El éxito de una elección, como en tantas otras cosas, se mide en función de las expectativas, utilizándolas como vara de medir, está claro que Macron logró un notable éxito y Le Pen cosechó un fracaso, a pesar de ser el mejor resultado obtenido por el Frente Nacional desde fundación.

Los grandes desafíos empiezan ahora. Es el tiempo de convertir la teoría en práctica. A partir del próximo domingo se convertirá en presidente y la primera y más importante decisión será el nombramiento de su primer ministro. A la hora en que escribo hay muchas especulaciones, pero ninguna certeza, ya que Macron lo mantiene en el más cerrado de los secretos. El nombre del primer ministro nos dará pistas sobre el camino que quiere tomar. Ha reconocido que tiene una necesidad imperativa: reconciliar el país. Francia es un país viejo, nostálgico, amargado, fracturado y balcanizado, al menos en cuatro partes, las que seguían a los cuatro principales candidatos. Los dos partidos que representaban la derecha y la izquierda tradicionales han quedado en la cuneta ¿para siempre? No creo, pero hay que ver cómo se levantan. El populismo de la derecha fascista se ha frenado por el momento, aunque haya cosechado más de diez millones de votos. Tampoco ha desaparecido el populismo de izquierdas.

El próximo mes se celebrarán las elecciones a la Asamblea Nacional, ¿saldrá una Asamblea fracturada? ¿Logrará Emmanuel Macron una mayoría que arrope su proyecto? Son grandes preguntas cuya respuesta ignoramos a día de hoy, pero el próximo mes tendremos la respuesta y sabremos qué apoyos va a tener su presidencia.

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