Escombros y esperanza en Nepal

03 / 05 / 2017 D. Adhikari y S. Mauer (DPA)
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Dos años después del terremoto que asoló el país, la reconstrucción avanza lentamente en el caos burocrático.

Las ruinas de un templo hinduista en la aldea de Bungamati, situada en el valle de Katmandú, en la zona central de Nepal. Foto: Subel Bhandari/DPA

Chinimaya Shrestha comparte su cabaña con un perro y un par de polluelos. Sobre el suelo hay listones de madera y tres cestas. La cama está en el centro de la sala y solo en un rincón el techo es lo suficientemente alto como para que esta mujer nepalí pueda ponerse de pie.

Shrestha sobrevivió al devastador terremoto que asoló el país hace ahora dos años. El 25 de abril de 2015, la tierra tembló en el Estado del Himalaya con una furia como no se veía en más de 80 años. Unas 9.000 personas murieron y otras 22.000 resultaron heridas. Según datos del Gobierno, 600.000 casas se vinieron abajo. La Cruz Roja habla incluso de 800.000.

Enterrados vivos

La casa de Shrestha, de 51 años, fue una de las que se derrumbó, dejando enterrados entre los escombros a ella y a su marido. Los vecinos retiraron los restos con palas o con sus propias manos y lograron rescatarlos, pero para otros muchos, la ayuda llegó demasiado tarde. “Después, fui a vivir a casa de unos familiares –cuenta la mujer–. Desde hace un año, esta cabaña es mi hogar”. Su pueblo, Syaule, se sitúa en el distrito de Sindhupalchok, en el noreste del país, una de las áreas más pobres de Nepal. Y precisamente aquí, el terremoto fue especialmente devastador. En la capital, Chautara, hay algunas casas reparadas junto a decenas de viviendas en obras. Entre medias, ruinas y montañas de grava, ladrillos y otros materiales de construcción.

El administrador jefe del distrito, Antar Bahadur Silwal, intenta expresar en cifras la lucha que está librando la población. “Nos han pedido ayuda para la reconstrucción de 78.000 viviendas –cuenta–. A casi todas hemos podido concederles una primera tanda de 500 dólares [460 euros]”. En realidad, a cada casa deberían ir destinados unos 3.000 dólares (2.755 euros), pero las normas de la autoridad responsable de la reconstrucción, la NRA, son tan complejas que solo una de cada diez viviendas ha solicitado la segunda entrega”.

La NRA asumió su labor hace apenas un año. El Gobierno nepalí, en Katmandú, lo conforman numerosos pequeños partidos y sus 40 ministros cambian constantemente, por lo que una y otra vez hay disputas en torno a las competencias de cada cual. Como sucede con el papel de la NRA: poco después de su fundación, cambió de director.

Entre tanto, el director original, Govind Raj Pokharel, ha vuelto a estar al mando de la NRA y reconoce que las normas de la institución son demasiado estrictas. En todo el país hay más de 600.000 viviendas que necesitan ayuda, pero no todos los constructores tienen ni el dinero ni los conocimientos para asegurarlas ante terremotos. Sin embargo, la NRA solo puede financiar viviendas seguras frente a seísmos y, además, no logra llegar a los controles.

Críticas y disputas

Pokharel critica que durante su ausencia la institución fue despojada de sus poderes. “Ahora es como uno de tantos ministerios”, sostiene. Y como las disputas por las competencias no cesan, es difícil emprender medidas contundentes de protección. “Deberíamos reubicar totalmente varias localidades que no son seguras. Pero el Gobierno no dispone de tierras para alojar a tanta gente”.

Manish Gautam, que trabaja como coordinador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) en el distrito de Sinhupalchok, sí ve algunos éxitos en la reconstrucción, aunque no se los atribuye al Gobierno. “Claramente vemos más actividad constructora que el año pasado –afirma–. Pero la asumen las comunidades locales, no el Ejecutivo”.

La mayoría de ciudadanos piden prestado dinero a familiares o se financian a través de créditos con intereses altísimos. “Muchos perdieron toda su existencia en el terremoto. La reconstrucción solo tendrá éxito si las personas consiguen valerse por sí mismas también económicamente”, añade. Abril todavía es un mes seco en muchas zonas de Nepal y las temperaturas son agradablemente cálidas. Pero pronto a muchas víctimas del terremoto les espera la tercera temporada de lluvias y, después, el tercer invierno que deben afrontar sin refugios de emergencia ni casa.

“El Gobierno se ha marcado un plazo de cinco años para la reconstrucción –señala el director de la NRA–. Todavía estamos a tiempo para lograrlo. Pero para eso, el Gobierno, los ministerios y todos los afectados debemos trabajar de una vez unidos y hacer de la reconstrucción nuestra máxima prioridad”.

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