Dudas atómicas
Una nueva generación de reactores nucleares ha visto la luz, pero probablemente lleguen tarde.
Ha costado décadas, miles de millones de dólares en sobrecostes, colapsos financieros y muchas batallas legales por resolver. Y estas son las buenas noticias. Pero en 2018, con un poco de suerte, dos tipos de reactor nuclear que anuncian una nueva era tecnológica estarán por fin listos y en funcionamiento. Las malas noticias son que probablemente lleguen demasiado tarde para frenar la progresiva desaparición del sueño nuclear.
En Sanmen, en el este de China, se espera que el primer reactor AP1000 alcance pleno rendimiento en 2018. Esto despejará un poco el pesimismo que ha rodeado a la industria desde que el fabricante, Westinghouse, una filial de Toshiba, se declaró en quiebra en Estados Unidos este año. En Tai-Shan, en la provincia de Guangdong, dos reactores europeos presurizados (EPR, en sus siglas en inglés) realizados por Areva, un sólido fabricante francés, se espera que entren en funcionamiento a finales de 2017 y comienzos de 2018, respectivamente. Y si todo va según lo planeado, el EPR finlandés Olkiluoto 3 se conectará a la red a finales de 2018, lo que hará que se abra la primera central nuclear en Europa occidental desde 2002.
Se supone que ambas tecnologías son a prueba de bombas y de fusiones del núcleo, con lo que inauguran una era de energía nuclear segura. Concebidas tras el accidente de Chernóbil de 1986 con multitud de medidas de seguridad, se crearon para ser resistentes a ataques terroristas tras el 11-S y se reforzaron aún más tras el desastre de Fukushima de 2011. Y todo ello provocó retrasos inevitables.
Tanto el AP1000 como los EPR sufrieron innumerables problemas internos. El diseño de los reactores era tan complejo que se sucedieron errores a lo largo de la cadena de suministros. Los procesos legales también retrasaron las cosas. De hecho, existe una disputa a cuenta de los sobrecostes entre TVO, la empresa finlandesa propietaria de Olkiluoto 3, y los fabricantes, Areva y Siemens. Esta disputa aún colea y podría amenazar la viabilidad del conjunto del proyecto.
Si estas plantas tienen éxito podrían construirse más. A pesar de la crisis de Westinghouse, en Georgia se están construyendo dos reactores AP1000. Se trata de las primeras centrales que se construirán en Estados Unidos tras el desastre de la planta de Three Mile Island en Pennsylvania en 1979. Hay otros dos proyectos nucleares en Europa, en Flamanville (Francia) y en Hinkley Point C (Reino Unido).
Pero si la energía nuclear tiene futuro, lo más probable es que este se encuentre en China. Además de construir reactores AP1000 y EPR, este país está desarrollando sus propios modelos combinando ambas tecnologías. Hoy China acumula 20 de los 50 reactores que actualmente se están construyendo en el mundo.
Pero la cantidad de energía que generarán las centrales atómicas se ve empequeñecida en comparación con la que ya aportan las renovables. Según el Informe anual sobre la energía nuclear en el mundo 2017, a principios de 2018 la capacidad de la energía solar fotovoltaica en China rivalizará con la de la energía nuclear. Y en 2022 la duplicará. En términos globales, la reducción de costes del gas natural y de las renovables está restando argumentos a la energía nuclear. Además, los políticos no ayudan. Potencias de la fabricación de plantas nucleares como Francia o Corea del Sur, por ejemplo, están gobernadas por presidentes cada vez menos interesados en la energía atómica.
La industria argumenta que las plantas nucleares son fundamentales para reducir las emisiones, complementar a las intermitentes energías renovables y frenar el cambio climático. Pero da igual cuánto aumenten su seguridad. Mientras no se puedan construir plantas sin llevar a sus fabricantes al borde de la quiebra, la industria nuclear seguirá sufriendo una decadencia lenta pero constante.
Henry Tricks: jefe de Energía de The Economist


