El huracán griego sopla sobre Europa
Las elecciones griegas tienen en vilo a Europa. Las declaraciones sobre la salida del euro de Grecia si gana Syriza han hecho crecer la tensión en torno a los comicios.
En Grecia nació el discurso racional y el pasional, y sobre la base de esos dos discursos llevaron a los escenarios la comedia, el drama y la tragedia. Ahora, la ancha y variada geografía griega se ha convertido en un inmenso escenario donde los griegos no representan teatralmente un drama sino que lo viven y lo respiran en las calles y en las casas.
La radiografía de la situación nos dice que Grecia padece una crisis humanitaria que se traduce en el sufrimiento desesperado de millones de personas. Cuatro años de recortes despiadados han dejado el país para el arrastre. Hay millares de personas que no tienen para comer, a otros les han cortado la luz, hay niños que van a la escuela con hambre, tres millones de griegos carecen de cobertura sanitaria normalizada, el paro suma más del 25% y el juvenil está en el 50%, la deuda griega alcanza el 177% del PIB, un PIB que cayó el 30% en los últimos cinco años, y los ingresos de las familias han bajado el 40% durante el mismo periodo. Cifras y cifras conforman los dramáticos diálogos de millones de personas rotas por la desesperación.
En este entorno, los griegos acudirán el próximo día 25 a votar en elecciones parlamentarias de las que saldrá el próximo Gobierno. Ante este panorama el núcleo del debate de la campaña es la economía y solo la economía, tanto de unos como de otros, no está la cosa para otros bordados. Salvando pequeños matices el país está dividido en dos bloques, por un lado los que consideran que a pesar de su dudosa y lenta eficacia, las políticas de austeridad auspiciadas por Bruselas son inevitables y el único camino para salir algún día de la crisis, consideran también, y lo repiten, que una rebelión contra los dictados de la Troika supondría caer por el despeñadero. El otro bloque afirma que hay que terminar con la política alemana –suelen decir política alemana y no europea- a cualquier precio, ya que las políticas de austeridad no conducen a ningún sitio, solo al desastre en el que viven y que hay que plantear un plan de choque para cubrir las necesidades básicas de alimentación, electricidad, alojamiento y sanidad.
Frente a frente.
Dos partidos encarnan el choque frontal, por un lado Nueva Democracia, liderado por el actual primer ministro, Adonis Samaras, y por el otro Syriza, liderado por Alexis Tsipras. Uno representa a la derecha y el otro a la izquierda radical, Syriza significa exactamente eso en sus siglas griegas: Coalición de la Izquierda Radical. ¿Y el Pasok? ¿Dónde está el poderoso Pasok, el clásico Movimiento Socialista Panhelénico? Fundado por Andreas Papandreu en 1974, el Pasok se ha venido alternando en el poder con la derecha y varias veces gobernó con mayoría absoluta, era la gran voz y casi única de la izquierda. Ahora está en plena descomposición, una descomposición que comenzó en 2010, cuando Yorgos Papandreu anunció el primer rescate de la economía del país y apareció la Troika con sus medidas salvadoras. La caída se aceleró cuando el nuevo líder Evángelos Venizelos lo llevó a formar un Gobierno de coalición con la Nueva Democracia de Samaras y aceptó los drásticos recortes impuestos por Bruselas. El golpe de gracia lo acaba de recibir de las manos de Yorgos Papandreu, hijo del fundador, que en un ajuste de cuentas con el actual líder Venizelos, lo abandonó para fundar el Movimiento de los Demócratas Socialistas.
El gran perturbador de estas elecciones es Syriza, trae un viento fresco e iconoclasta que rompe con la monotonía de la resignación y ha conectado con una buena parte del pueblo griego. Según la encuesta elaborada por RASS para el periódico Elefteros Typos, Syriza lograría el 30,4% de los votos, mientras Nueva Democracia se quedaría en un 27,3%. El Pasok se movería sobre el 5% y otros partidos estarían a mucha distancia de los dos primeros. Mientras Nueva Democracia dice que va a seguir con los programas de austeridad aliviada con ligeras rebajas de impuestos, Syriza sostiene que los resultados de la austeridad están a la vista y sus propuestas rompen con la ortodoxia dominante. No dice que quiera salir del euro sino que tiene voluntad de permanencia. Sobre la deuda, que es el gran escollo, sostiene que hay que ser realistas y la realidad es que Grecia no puede pagar los 320.000 millones por mucho que lo diga Samaras, nunca podrá pagarlos y por eso propone una quita de aproximadamente el 50% y una reestructuración del resto, haciendo unos calendarios de pagos posibles y realistas. Considera que esta proposición es la adecuada para que los griegos puedan seguir viviendo con dignidad. Declarará la guerra a la evasión fiscal y los impuestos serán progresivos, la contrapartida que promete es una redistribución justa de los ingresos del Estado. Renacionalizará el agua, la electricidad, el transporte y algunos bancos para inyectar liquidez a la economía real. Los bancos, según Tsipras, se han llevado el 75% de los préstamos de la Troika.
Los planteamientos de Syriza han provocado encendidas y apasionadas polémicas no solo en Grecia sino en toda Europa, donde la señora Merkel ha montado en cólera. El prestigioso semanario Der Spiegel, apoyándose en fuentes cercanas al Gobierno alemán, informaba de que la canciller consideraba casi inevitable la salida de Grecia del euro en el caso de que ganase el partido antiausteridad Syriza.
Reacciones.
La información ha desatado una irritada polémica, aunque no fuera una gran revelación, porque el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schauble, ya había dicho que si Grecia emprendía otro camino iba a ser difícil que continuara en el Eurogrupo. Las elecciones, añadió, no modifican los acuerdos alcanzados por el Gobierno griego y cada nuevo Ejecutivo debe cumplir con los acuerdos a los que llegó el anterior. Estas posturas provocaron que saliera a escena el secretario de Estado para Asuntos Europeos alemán, el socialdemócrata Michael Roth, y twiteara: “Grecia es miembro del euro y debe continuar. Es necesario no provocar por la palabra consecuencias políticas y económicas indeseables”. La portavoz de la Comisión Europea, Anika Breithard, ha recordado que la pertenencia de un país a la Eurozona es irrevocable y que esta norma está establecida en el Tratado Europeo. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sido más cauto que Merkel, pero también ha arrimado el ascua a su sardina al declarar: “Me gustará que Grecia sea gobernada por personas que tengan la mirada y el corazón hacia los pobres de Grecia, donde los pobres son numerosos, pero que también comprendan los procesos europeos. Mi preferencia será ver de nuevo a rostros familiares en el poder”.
Lo cierto es que nunca unas elecciones en Grecia, ni en ninguno de los países mediterráneos, fueron seguidas tan apasionadamente como las griegas del próximo día 25. Dentro del país el debate crece en decibelios, se arrojan unos a otros palabras como piedras. Los de Syriza tampoco olvidan a Merkel, diciéndole que se comporta como si fuera la propietaria de Europa y que Europa es un cuerpo enfermo por la cura de austeridad a la que la someten. El discurso de los conservadores locales como Samaras coincide con los de los dignatarios europeos y es el mismo desde hace tres años: fuera de la austeridad no hay salvación, cualquier otra orientación conducirá el país a la catástrofe o al caos de la salida del euro. Syriza replica que están en la catástrofe y la salida digna es la que ellos proponen. La política del bastón hay que sustituirla por la de la ilusión.
El suspense es grande mientras la tensión crece. En Atenas se concentran las miradas de Europa y también de Washington y del Fondo Monetario Internacional. En esas urnas se juegan muchos futuros, no solo el de Grecia.



