El gran desafío de la cohabitación
La victoria de la oposición en Venezuela, agrupada en la Mesa de la Unidad Nacional, deja abiertas muchas incógnitas sobre el futuro inmediato del país tras las elecciones legislativas del 6 de diciembre
La del chavismo en Venezuela era una derrota anunciada, pero nadie había profetizado un rechazo tan masivo a Nicolás Maduro. Ha sido un no rotundo, redondo y sin matices. La Mesa de la Unidad Nacional (MUD) controlará la Asamblea que se constituirá el 5 de enero con 112 de los 167 escaños.
Pero, ¿qué es la MUD? Es una coalición de una veintena de partidos y movimientos cuyo pegamento sustancial es la oposición crítica y activa al chavismo, pero de un amplio espectro ideológico que va desde el centro izquierda que podríamos calificar de socialdemócrata hasta la extrema derecha. Para comprender el terremoto político que resquebrajó el suelo sociológico venezolano debemos echar un vistazo y analizar los resultados de la gestión de Maduro al frente del chavismo. Por principio, el chavismo sin Hugo Chávez era un imposible, el éxito del chavismo se basaba en el carisma populista de su creador, del que carece por completo Maduro. Los días más dorados de Chávez brillaron al resplandor del alto precio del petróleo, que le permitió hacer políticas sociales en el país, sobre todo en la lucha contra la pobreza, y proyectarse hacia el exterior apoyando económicamente a Cuba con la generosa entrega de 90.000 barriles de petróleo diarios a un precio simbólico. También era muy generoso con Ecuador, Bolivia y Nicaragua, países de la Alianza Bolivariana (Alba). La estrepitosa caída del precio del petróleo ha destruido todo el andamiaje político-económico del chavismo.
Maduro es un político elemental y primario, está perdido en medio de la gran crisis económica que devasta al país. En sus discursos resulta una caricatura esperpéntica de Chávez, mientras la inflación crece al 200% o más (ya no se dan cifras oficiales), la cotización del bolívar en relación con el dólar se ha despeñado, hay una carencia dramática de los productos de consumo básico. Las estanterías de las tiendas, almacenes y comercios están vacías. En nombre de su neurosis revolucionaria, Maduro ha perseguido a la oposición, encarcelando a algunos de los dirigentes más notables como Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, y al exalcalde de Caracas Antonio Ledezma. La inseguridad es otro de los males que atenazan a Venezuela, en un régimen de corte autoritario sorprende que se produzcan 24.000 homicidios al año, una cifra semejante a la de los países en guerra.
Palabras conciliadoras. La corrupción generalizada ha contribuido al rechazo del poder. Maduro creía que invocando a Chávez y repitiendo la palabra “revolución” conjuraba todos los males, pero esa palabra se ha deteriorado de manera alarmante. Varios días antes de la cita con las urnas apeló a salir a la calle si ganaba la oposición, sin embargo, conviene decir que al conocer los resultados reaccionó con palabras conciliadoras, asumiendo la derrota y aceptando las reglas de la democracia. El presidente de la Asamblea Nacional y número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, duro entre los duros y perdedor directo manifestó: “Asumimos absolutamente los resultados de estas elecciones”.
Hubo un estallido de alegría en las calles al conocer las dimensiones de la victoria, pero los dirigente de la MUD no echaron las campanas al vuelo, ni hicieron leña del árbol caído, tendieron con generosidad la mano, hablando de la reconciliación del país. El portavoz de la MUD, Chúo Torrealba, declaró: “Aceptamos la victoria con humildad, firmeza y tranquilidad. La nueva mayoría no va a aplastar a la vieja. Vamos a gestionar el éxito sin poner en peligro los programas sociales del Gobierno”. Otros líderes de la oposición hicieron declaraciones análogas, pero una cosa son las palabras, llevarlas a la práctica es diferente. Va a ser muy problemática la cohabitación de dos poderes con ideologías tan antagónicas. A Maduro le quedan todavía tres años de presidencia y la Asamblea Nacional tiene ante sí cinco años de mayoría absoluta. De la Asamblea Nacional depende la aprobación de los gastos operacionales del Banco Central de Venezuela, la autorización del presupuesto nacional, así como sus modificaciones y créditos extraordinarios. Con una mayoría tan amplia pueden paralizar la acción del Gobierno.
La reacción del Ejército. Hay dos preguntas clave: después de esta victoria, ¿se mantendrá la unidad entre el mosaico de partidos tan diversos como los que forman la MUD? Y, ¿después de una derrota tan estrepitosa seguirá cohesionado el chavismo? Es muy posible que los halcones de la MUD le busquen muy pronto la yugular al chavismo, tratando de desplazar a Maduro, también puede haber una presión popular en ese sentido, los fervores pueden encenderse y cambiar de bando. Con la derrota se pueden resquebrajar las filas del chavismo y empiezan a surgir voces que señalan a los culpables de la debacle, entre ellos Maduro. ¿Habrá confrontación en las calles? Es otra de las preguntas. Esperemos que los discursos de la convivencia predominen sobre los de la confrontación. Dejo otra pregunta en el aire: ¿qué hará el Ejército en caso de tensión extrema en la calle? ¿Se comportará como un Ejército democrático?


