El futuro de Europa se juega en Francia

28 / 03 / 2017 Alfonso S. Palomares
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Dos candidatos se perfilan para disputar la segunda vuelta de las presidenciales francesas: Macron, centrista y europeísta militante, y Le Pen, líder de la extrema derecha y partidaria de abandonar el euro y la UE.

De izquierda a derecha, los cinco candidatos que participaron en el debate del lunes pasado: François Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Mélenchon, Marine le Pen y Benoît Hamon. Foto: Patrick Kovarik/Efe

A menos de un mes para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Francia hierve en un revuelto mar de pasiones encontradas. Pocas veces se jugó tanto en unas elecciones de esta naturaleza, ya que no solo están en juego los tradicionales valores republicanos sino que también lo está el futuro de la Unión Europea.

Hay once candidatos, dos mujeres y nueve hombres, que cumplen con los requisitos exigidos por la ley electoral, pero solamente cinco cuentan con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, a celebrar el 7 de mayo. La televisión francesa eligió a los cinco que encabezan las encuestas para el debate que se celebró el pasado lunes. Marine Le Pen es la viva estampa de la extrema derecha, le viene de casta, preside el Frente Nacional, fundado por su padre, Jean-Marie, aunque ha rebajado totalmente los decibelios de antisemitismo que cultivaba su progenitor, para quien el Holocausto no había pasado de ser un accidente burocrático. Ha sustituido el odio a los judíos por el odio y el desprecio a los musulmanes. La idea central de la identidad francesa la basa en demonizar a todo lo extranjero, especialmente a los árabes. En su programa está la salida de la Unión Europea para no depender de Angela Merkel, ni de ningún canciller alemán, ni diluir Francia en el desvertebrado conglomerado europeo. Su objetivo económico es abandonar el euro y volver al franco para poner en marcha un capitalismo patriótico donde adquiera protagonismo el trabajador francés de clase obrera, marginado en las apuestas mundialistas. Imita en esto como en otras cosas al populismo de Donald Trump: los franceses primero. Se le llena la boca con evocaciones a ¡la France! Rechaza el mestizaje, lo considera la adulteración de la identidad. Con este discurso, recitado de forma apasionada, ha conseguido que le siga la cuarta parte de los franceses, entre un 25% y un 27%, que se sienten frustrados por los partidos clásicos.

El golden boy

Entre los candidatos de los otros partidos hay mucha movida interna, tanto que en estos primeros días de campaña y después del debate televisado se ha puesto en cabeza alguien que al principio parecía un outsider, me refiero a Emmanuel Macron. El golden boy, muchacho de oro, que sin mucha experiencia política, pero con una gran formación económica y capacidad dialéctica es el favorito para disputar la segunda vuelta a Le Pen y, por tanto, el que tiene más posibilidades de alzarse con la presidencia el 7 de mayo. Tiene 39 años, ha sido ministro de Economía con François Hollande tras haber sido banquero y graduarse en la ENA, la escuela de la élite de la Administración francesa.

En principio no era el predestinado a la victoria, el mejor situado, a gran distancia, era el candidato de Los Republicanos, el ex primer ministro François Fillon, que había ganado en las primarias a dos pesos pesados de la derecha como Nicolas Sarkozy y Alain Juppé. Los medios le sometieron al análisis del carbono catorce y saltó el escándalo, un escándalo de unas dimensiones inesperadas. Durante varios años había tenido como asistente a su mujer en la Asamblea Nacional, que la buena señora nunca pisó, pero sí cobró religiosamente la nómina. Un juez le ha imputado por apropiación indebida y malversación de caudales públicos. A pesar de eso sigue en la carrera presidencial, pero con el prestigio hecho harapos. Le han abandonado muchos de los suyos y, aunque el partido lo mantiene, lo hace sin convicción. Representa la derecha rancia, acusa a Macron de coger algo de la derecha, algo de la izquierda y hacer un brebaje.

Precisamente, en esa síntesis radica el éxito de Macron, tiene la habilidad de atraer a unos y a otros y articularlos en su movimiento En Marcha, que él fundó. Le está haciendo un gran roto al candidato socialista, Benoît Hamon, que venció en las primarias a Manuel Vals, pero que ha perdido atractivo al balancearse hacia la izquierda radical, coincidiendo con el esquemático izquierdista Jean-Luc Mélenchon. En los últimos días el goteo de ilustres socialistas, desde alcaldes hasta ministros, hacia las filas de Macron ha sido constante y parece que esta fuga irá cada vez a más. Hamon mantiene el sector de la izquierda socialista y Los Verdes le apoyan, hasta el punto de que el líder de ese partido, Yannik Jadot, ha retirado su candidatura para integrarse en la de Hamon.

Buenas maneras

Durante el debate, los cinco mantuvieron las formas, evitando los ataques muy personales, nadie, a excepción de Mélenchon, y muy de pasada, sacó el tema de la corrupción de Fillon, tampoco aludieron a los problemas que tiene Marine Le Pen con la Justicia por el desvío de fondos para la financiación ilegal de su partido.

Según los distintos medios, el debate lo ganó Macron y Le Pen mantuvo su discurso. Macron es un europeísta militante y convencido, y Le Pen, partidaria de la salida de Europa. Los dos se perfilan para disputar la segunda vuelta. No solo está en juego el destino de Francia sino también la supervivencia de la Unión Europea. Con Marine Le Pen llegaría el desastre.

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