El efecto de la crisis argentina
La crisis cambiaria que sufre Argentina, donde el peso se ha depreciado un 20% desde comienzos de año, ha producido catástrofes a miles de kilómetros.
El dinero ya no está en los bancos, está en las redes, y cualquier agitación negativa en la moneda de un país importante produce verdaderas catástrofes en los valores de las bolsas situadas a miles de kilómetros. Acaba de suceder en España, en Italia, en Alemania y en otros muchos países. Hace unos días la bolsa española, que caminaba con los pulmones respirando el oxígeno de lo que llaman recuperación (la verdad es que solo se recuperan los bancos, en la calle nadie se ha enterado, ni tampoco en las empresas o en las cifras del paro), registraron una bajada importante de tres puntos en los índices del Ibex 35. Llegó inmediatamente la explicación. Todo era debido a la crisis cambiaria que sufría Argentina, donde el peso se había depreciado hasta un 20% desde comienzos de año. Desde hace trece años, en el imaginario argentino ha quedada instalada la penosa incertidumbre de lo que significó el llamado corralito y el temor a que regrese de nuevo, por eso en estos días ha aparecido su fantasma como un tango triste. Ya se sabe que por los tangos corren las aguas fangosas de los amores frustrados y traicionados. Recientemente un periodista argentino habló del corralito y el tango y comentó que ambos llevaban un fondo de tristeza, pero la del tango era de una belleza radiante y desgarrada, y la del corralito, triste y asfixiante. El corralito es una expresión argentina que contribuyó al enriquecimiento del español. Con ese nombre se denominó la restricción de la libre disposición de dinero en efectivo de depósitos a plazo fijo, cuentas corrientes y cajas de ahorros impuesta por el Gobierno de Fernando de la Rúa. Ahora, la depreciación de la moneda pone en serias dificultades a todos los sectores del país, empezando por el Gobierno, para responder a sus compromisos internacionales de los pagos en dólares. Ya hay un doble mercado para el dólar, por un lado el oficial, por el otro el negro. Con una gran diferencia del uno sobre el otro. Con lo del idioma, los argentinos son muy exquisitos y en vez de mercado negro le llaman mercado blue, mercado azul. También hay el dólar Messi, en honor del gran jugador del Barça. Se llama así cuando el precio del dólar supera la barrera de los diez pesos. En el aire de la economía argentina vuela el fantasma de la inflación y aquí también hay divergencias entre las cifras oficiales y las extraoficiales. Las oficiales la sitúan en el 10,99% y las extraoficiales en el 25%.
El ejemplo de Brasil.
Como pueden ver, una diferencia muy notable. La esencia de la crisis cambiaria radica en la bajada del superávit por cuenta corriente, que ha caído desde una cuota del 3% del PIB a niveles negativos en los últimos meses. El Gobierno de la señora Fernández de Kirchner busca razones y justificaciones en la coyuntura económica de los países vecinos, especialmente en Brasil, el país que en sus momentos expansivos fue el verdadero pulmón que dio oxígeno a la economía argentina y que ahora ha frenado su crecimiento y reorientado sus inversiones exteriores para no contagiarse de los males que afligen a su vecino del Sur.
En Argentina todos miran al ministro de economía, Axel Kicillof, el hombre en el que depositó su confianza y provocó su encumbramiento la presidenta Fernández de Kirchner. Era amigo de uno de sus hijos, un tipo llamativamente brillante, que estudió y fue profesor de la Universidad de Buenos Aires. Es joven, 42 años, y tiene pinta de yupi. La primera responsabilidad que le confió Fernández de Kirchner fue la de presidir Aerolíneas Argentinas, y de ahí le llevó por diversos puestos de planificación económica. Fue uno de los artífices intelectuales, casi también material, de la expropiación del 51% de las acciones de Repsol en la compañía YPF. El pasado noviembre le nombró ministro de Economía y en estos últimos días se ha convertido en un personaje muy polémico y le esperan decisiones clave para salir de la crisis que ha estallado en el país. Sus partidarios dicen que en la cabeza de Kicillof caben hasta los últimos detalles de la política financiera, monetaria y fiscal del país. Sus oponentes, que crecen cada día, empiezan a coincidir con el diagnóstico que hizo de él el economista y diputado opositor Alfonso Prat-Gay, que fue presidente del Banco Central con el presidente Néstor Kirchner. Prat-Gay sostiene que la política de Axel Kicillof es la de un aficionado que en vez de experimentar con sus alumnos, experimenta con 40 millones de argentinos.
El desafío de la presidenta Fernández y de su ministro de Economía es cómo plantearán y en qué niveles permitirán la depreciación oficial del peso para acercarlo a los valores del mercado negro, mercado blu o como se le llame. Las derivaciones de esas medidas pueden repercutir en la inflación de los bienes básicos del consumo y traerá sin duda graves perturbaciones sociales como las que se han producido hace unas semanas. Los argentinos están nerviosos por desprenderse lo más pronto posible de los pesos. Ante la inestabilidad que se estaba produciendo con surgimiento de tumultos ante las centrales de algunos bancos, el Gobierno se ha visto obligado a anunciar, hace unos días, que a partir de ahora, los ciudadanos argentinos podrán comprar dólares en el mercado oficial, algo que prácticamente no podía hacerse por el cúmulo de dificultades que el Gobierno había puesto desde finales de 2011. El encargado de comunicar oficialmente la decisión fue el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y lo hizo en presencia del ministro de Economía, limitándose a leer un comunicado que decía: “Hemos decidido autorizar la compra de dólares para tenencia de personas físicas, de acuerdo al flujo de ingresos declarador”. Desde el Gobierno se afirma que los vaivenes en la valoración del peso frente al dólar se deben a especulaciones y ataques a su moneda. Algo que también a nosotros nos suena mucho de cuando la prima de riesgo estaba por las nubes. Por esta línea se deslizó el ministro de Economía cuando los periodistas le preguntaron si tenía alguna observación que hacer: “Los mismos que nos dijeron durante diez años –se refería a la década de los 90 del pasado siglo, cuando gobernó el peronista Carlos Menem- que el dólar valía un peso son los que ahora nos quieren convencer de que vale 13”.
El estilo peronista de Kirchner.
La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, rehúye el tema. A ella le va el populismo social en el más puro estilo peronista. Después de estar un mes ausente por motivos de salud, apareció en escena en los días cruciales de la crisis del peso y del aumento de la inflación para anunciar a bombo y platillo un plan de ayuda a estudiantes de 18 a 24 años. Hizo la comunicación, por la cadena nacional, con conexión obligada de todas las cadenas de radio, públicas y privadas del país. A su alrededor estaba La Cámpora, la organización de los jóvenes peronistas que la jaleaba constantemente, cantándole entre otras cosas estas estrofas: “Che gorila, che gorila, no te lo decimos más / Si le tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”.
La ayuda, de la que se beneficiaría un millón y medio de estudiantes, será de 86 dólares al cambio oficial actual. Lo vendió al mejor estilo peronista. Al día siguiente, sin importarle que el país estuviera afectado de una manera inmisericorde por las turbulencias de la crisis financiera, viajó a La Habana para asistir a la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC). Fue la primera en llegar. Visitó a un envejecido Fidel Castro, difundiendo desde los servicios de prensa de la Casa Rosada la fotografía del encuentro. Los caminos que pueda tomar la crisis económica argentina son imprevisibles, pero serán llamativos y tensos.



