De esperanza democrática a nido de yihadistas
Túnez parecía el único país en el que la Primavera árabe había logrado hacer convivir el islam con la democracia, pero el atentado del Museo del Bardo ha roto ese sueño.
Túnez, la República Tunecina, es el único ejemplo que queda de aquellos meses de ensoñación esperanzada que calificamos con cierta precipitación como de Primavera árabe. Se hablaba de libertad, de convivencia y de modernidad. Según los portavoces, jóvenes en su mayoría, se abría un tiempo en el que veríamos la convivencia del islam con la democracia y cómo el islam podía integrarse en una sociedad democrática sin imponer sus principios a la sociedad civil de corte laico. Al aludir a los principios laicos, quería decir y defender que las fuentes del Derecho no fueran el Corán ni la sunna, y que la sharia no fuera el código que midiera los comportamientos morales y de convivencia.



