China le pisa los talones a Estados Unidos en I+D
Un reciente informe de Washington desvela que China está próxima a desbancar a Estados Unidos del primer puesto en innovación y producción de alta tecnología.
En su último discurso sobre el estado de la Unión, el presidente Barack Obama afirmó que “la nación que lo apueste todo a la innovación hoy será dueña de la economía mundial mañana”. También señaló que a este respecto China no está precisamente “quedándose al margen”. Un reciente informe del Gobierno federal, de hecho, muestra hasta qué punto Pekín se está esforzando por no quedar rezagado en cuestiones de innovación.
Después de más de tres décadas de implantación de la denominada “política de hijo único”, que ha contribuido a provocar lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha calificado de “declive pronunciado” en la producción fundamentada en mano de obra intensiva (léase “barata”), ahora China es un país mucho más pujante en innovación de lo que el estadounidense medio (con su imagen de ingentes cadenas de montaje neomaoístas), podría pensar. El ámbito chino de las start-ups es un hervidero de nuevos productos, ideas y posibilidades de financiación, hasta el punto de que algunos de sus artículos, como la aplicación de mensajería instantánea WeChat, pueden competir en igualdad de condiciones con cualquier producto análogo estadounidense. El pasado 16 de enero The Wall Street Journal proclamó en sus páginas “el auge de la maquinaria de innovación de China”. Por otro lado, la Junta Nacional para la Ciencia (NSB, en sus siglas en inglés), que establece las líneas políticas del organismo público Fundación Nacional para la Ciencia, ha publicado hace poco un informe donde se detalla cuál es la naturaleza exacta de este vuelco.
A pesar de que el informe de la NSB subraya que su análisis se centra en “tendencias generales”, su conclusión principal es inequívoca: el centro de gravedad de la alta tecnología se está desplazando hacia Asia en general y hacia China (el mayor rival geopolítico de Estados Unidos) en particular. La cuota mundial de productos manufacturados de alta tecnología de China ha pasado del 8% en 2003 al 24% en 2012, según el informe. Así, la cuota de producción del 27% de Estados Unidos podría en breve dejar de ser la mayor del mundo, debido a que el presupuesto global de I+D chino está creciendo a un ritmo del 18% anual. Y parece probable que estas tendencias se mantengan.
En una conferencia celebrada el pasado 6 de febrero para presentar el informe, el presidente de la NSB, Dan E. Arvizu, afirmó que era “posible” que China superase a Estados Unidos en producción de productos de alta tecnología “en un futuro próximo”. Esto no implica necesariamente que Estados Unidos esté empeorando en este aspecto, pues se da la circunstancia de que a escala internacional el pastel de la I+D está creciendo, y solo en esta medida la parte correspondiente a Estados Unidos parece más pequeña. Sin embargo, a pesar de que tanto EEUU como Europa han incrementado en gran medida sus inversiones públicas y privadas en I+D a lo largo de la última década, lo cierto es que sus porciones del pastel son cada vez más reducidas. Entre los años 2001 y 2011 la cuota estadounidense cayó desde el 37% al 30%, mientras que la cuota china pasó del 2,2% en el 2000 al 14,5% en 2011.
El factor de la educación.
Otro aspecto en el que China está ganando terreno claramente es en el que el informe denomina “intensidad de I+D”, ratio que compara el gasto de un determinado país en I+D en proporción con su PIB. Este valor en Estados Unidos se ha mantenido prácticamente estancado a lo largo de los últimos veinte años, e incluso llegó a descender entre los años 2010 y 2011. El informe, sin embargo, muestra hasta qué punto China ha progresado en este aspecto.
Y luego está el factor de la educación. En 1999 se graduaron menos de un millón de estudiantes universitarios en China, mientras que en 2013 esta cifra aumentó hasta casi siete millones. La conclusión general a este respecto, según el informe de la NSB, es que en este momento China dispone de mayor número de “títulos universitarios de referencia” que Estados Unidos, entendiendo por esto último aquellos programas académicos capaces de hacer que sus graduados estén lo bastante cualificados como para desempeñar un trabajo o entrar en un programa de investigación en alta tecnología.
Esto no debería resultar demasiado sorprendente o preocupante si tenemos en cuenta que la población de China es de 1.300 millones de habitantes, frente a los 316 millones de estadounidenses. Pero el diablo está en los detalles, como por ejemplo en el tipo de títulos que se obtienen. Mientras que en el país asiático el 31% de los estudiantes recibe al acabar los estudios un diploma en ingeniería, en Estados Unidos esta cifra es de solo el 5%.
Nada de esto quiere decir que China vaya a dejar a Estados Unidos en la obsolescencia de la noche a la mañana. Las industrias de la alta tecnología suponen una proporción del 40% del PIB estadounidense, más que en ningún otro país. Y mientras que la crisis financiera global y la recesión económica posterior golpeó con contundencia la economía norteamericana, hasta el punto de que entre los años 2009 y 2010 las partidas en I+D se estancaron por primera vez en cincuenta años, la inversión tecnológica no ha tardado en recuperar sus antiguos valores.
China, por su parte, todavía debe superar grandes retos en su empeño por convertirse en líder mundial en innovación. Así, muchos de sus mejores investigadores abandonan el país para estudiar o dirigir productos en países más ricos, mientras que su sistema universitario está lastrado por su enorme burocratización y por las acusaciones de fraude intelectual de algunas de sus investigaciones.
“Un ladrillo clave”.
Sin embargo, conforme vaya pasando el tiempo, está claro que la ingente inversión en investigación de China marcará la diferencia. Ray M. Bowen, profesor emérito de la Texas A&M University y miembro de la NSB, insiste en que “el desarrollo de una mano de obra nacional competente en alta tecnología” es “un ladrillo clave para la construcción de la innovación”.
Tomados en su conjunto, los datos del informe confirman dos tendencias fundamentales para explicar las relaciones entre Washington y Pekín. La primera, que Estados Unidos es y seguirá siendo algún tiempo el centro del mundo en cuestiones de tecnología, con más investigadores e inversiones en I+D que cualquier otro país y con una tradición de innovación capaz de seguir alentando desarrollos tecnológicos asombrosos. La segunda, que China le está pisando los talones.
Bowen subraya que “un cambio en el panorama tecnológico global” implica que Estados Unidos “tendrá que estar muy atento” si quiere mantener su liderazgo en este terreno. ¿Y lo conseguirá? Bowen se muestra optimista: históricamente los investigadores estadounidenses siempre han encontrado el modo de superar a sus competidores internacionales. Este profesor afirma que no le sorprendería descubrir que Estados Unidos “mantiene prácticamente intactas” las condiciones que le han llevado a ser primera potencia tecnológica, y por tanto es probable que lo siga siendo durante algún tiempo.



