Austria gira a la extrema derecha

03 / 05 / 2016 Alfonso S. Palomares
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La contundente victoria del ultranacionalista Höfer en la primera vuelta de las elecciones presidenciales augura una nueva era en un país en el que socialdemócratas y conservadores se repartían el 80% de los votos desde hace 70 años.

Norbert Höfer, el candidato del ultranacionalista FPÖ, celebra en Viena su victoria ante sus votantes.

Costaba creerlo. Fue como si los austriacos perdieran el sentido de la ley de la gravedad, los resultados electorales tuvieron el efecto de un terremoto. El pasado domingo se celebraron elecciones presidenciales en Austria. Tradicionalmente, unas elecciones sin trascendencia, ya que el papel del presidente es representativo y protocolario, sin incidencia en las políticas cotidianas. Todo en él es representativo y simbólico. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial se han alternado en el cargo personas ligadas a los dos grandes partidos: los socialdemócratas del SPÖ y los conservadores cristianos del ÖVP. También estos dos partidos han mantenido sin problemas el poder. Desde 2008 forman una gran coalición de Gobierno, y en los últimos tiempos también han compartido el desgaste y el desprestigio. En esta ocasión presentaron como candidatos a dos figuras veteranas e históricas: los socialdemócratas, al exministro de Asuntos Sociales Rudolf Hunddstorter, y los conservadores cristianos, al experimentado Andreas Khol. Han obtenido poco más del 11% de los votos cada uno, entre ambos el 22%. Una debacle sin precedentes, teniendo en cuenta que desde el final de la guerra esos partidos se repartían el 80% de los sufragios.

Los ultranacionalistas del FPÖ, con Norbert Höfer como candidato, esperaban buenos resultados, pero no el desbordante éxito que han logrado. Los sondeos les pronosticaban el 25%, ligeramente por detrás de los Verdes, representados por el independiente Alexander Van der Bellen. Los ultranacionalistas han pulverizado los sondeos demoscópicos al obtener su candidato el 36,4% de los sufragios, el récord histórico de esa formación en unas elecciones nacionales; mientras Alexander Van der Bellen se ha quedado a mucha distancia con el 20% de los votos. Euforia en el nacionalismo radical, mucho más numeroso de lo que se pensaba y escribía. Los populismos nacionalistas europeos han saludado con entusiasmo los resultados, el Frente Nacional francés de Marine Le Pen lo ha calificado de magnífica victoria, el holandés Geert Wilders, de éxito fantástico, y los Alemanes por Alemania, de hecho grandioso.

Buena imagen

La segunda vuelta, que se celebrará el próximo 22 de mayo, la disputarán el nacionalista Höfer y el ecologista Van der Bellen. Cuando el todopoderoso y radical líder del FPÖ, Heinz Christian Strache, decidió que Höfer fuera el candidato de su partido a la presidencia produjo una cierta sorpresa, ya que su figura no era muy conocida para la opinión pública. Este ingeniero aeronáutico de 45 años era vicepresidente del Parlamento, tiene una sonrisa amplia y está parcialmente incapacitado a causa de un accidente de parapente. Ofrece una imagen cortés y un aspecto impecable. Suaviza la imagen de su líder, Christian Strache.

Por su parte, Alexander Van der Bellen, de 72 años, es un antiguo catedrático de Economía que se presentó como independiente, pero con el respaldo de los Verdes, de hecho solo los Verdes pedían el voto para él. La campaña ha sido la más dura y la más politizada de todas las campañas presidenciales, que solían tener un bajo perfil político. En esta ocasión, no ha sido así. Bellen ha llegado a decir que si fuera presidente haría lo posible para no designar ni tomar juramento como canciller al líder del FPÖ, Heinz Christian Strache. También ha defendido la política de acogida a los refugiados y se ha posicionado contra los límites que quiere imponer el Gobierno y, por supuesto, contra la política de rechazo de los nacionalistas. La crisis de los refugiados ha sido el gran debate de estas elecciones y ha condicionado los resultados. Se ha creado en la opinión pública un clima de islamofobia que ha ido calando en buena parte del electorado. El año pasado hubo 90.000 peticiones de asilo, el 1% de los habitantes de Austria, y muchos lo consideran inasumible en unos momentos en los que el paro está creciendo. Los radicales consideran que un aluvión de estas dimensiones cambiaría los valores esenciales y tradicionales del país. Bellen, por el contrario, considera que es perfectamente asumible por Austria, que incluso la enriquecería. Por su parte, Höfer ha sostenido que si es presidente analizará la posibilidad de adelantar la disolución del Parlamento y convocar elecciones antes de 2018, que es cuando corresponden.

Partidos sin futuro

Es cierto que la coalición SPÖ-ÖVP ha sufrido un severo desgaste, hace tiempo que va cuesta abajo. La insatisfacción con el Gobierno se ha generalizado. El canciller socialdemócrata, Werner Fayman, y el vicecanciller conservador, Reinhold Mitterlehner, han decidido no tomar medidas en caliente. Tendrán que esperar a que el paisaje se serene y ver los resultados finales del 22 de mayo. Es cierto que el ultra Höfer lleva una importante ventaja que solo podría neutralizar Van der Bellen si consigue aunar un frente antinacionalista, cosa que no está nada clara. Lo que nadie duda es que ha comenzado una nueva era en la que los dos grandes partidos tradicionales han perdido el paso en el desfile de la historia. 

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