Así ha cambiado el mundo la CIA
La agencia de espionaje estadounidense cumple 70 años, siempre rodeada de polémicas acciones.
Oficialmente tiene 60 veces el presupuesto del CNI español, aunque como es secreto pocos se lo creen y algunos calculan que esos 15.000 millones de dólares (13.670 millones de euros) que podrían gastar al año rondan como mínimo los 20.000 (18.230 millones de euros) o más. Y es que es impensable que sin una cantidad astronómica de dinero la CIA estadounidense haya podido ejecutar en los 70 años de su existencia, que se cumplen ahora, tantas misiones en cualquier lugar del globo, que sin duda han cambiado la historia.
Sustituta de la OSS, la Oficina de Servicios Estratégicos, que actuó durante la Segunda Guerra Mundial con fines militares, la CIA fue creada para hacer frente a las amenazas que se generaron por la Guerra Fría, la partición del mundo en dos bloques. Así lo demuestra una de sus primeras actuaciones, en 1948, cuando desplegaron en Italia sus medios sibilinos de propaganda –también los directos de financiación– para que la izquierda perdiera las elecciones, algo que consiguieron.
Nazis contra la URSS
Frente a la URSS montaron una delegación en Alemania, a cuyo frente no tuvieron remordimientos en colocar a un destacado nazi, Reinhard Gehlen, acompañado de cientos de militares que habían apoyado a Hitler. Ya no importaba lo que hubieran hecho unos años antes, ahora tocaba frenar como fuera las ansias expansionistas soviéticas. Todo valía para que ningún país de la Europa no comunista cayera del lado soviético, incluida una alianza con la España franquista.
En Latinoamérica, a finales de los 50 y en los 60, el mismo pretexto les llevó a actuar con determinación para evitar Gobiernos de izquierdas. Cuba se les fue de las manos por culpa de la revolución de Fidel Castro y cuando la chapuza de la invasión por Bahía de Cochinos fue aplastada, intentaron por todos los medios cambiar el régimen, aunque no lo consiguieron. No pudo ser porque la CIA, como brazo alargado de la diplomacia estadounidense, utilizó estrategias indirectas que no dieron resultado. Ni las decenas de intentos de asesinato contra Fidel Castro, ni las falsas trampas contra el régimen dieron resultado.
Sí lo obtuvieron unos años después en países como Chile, Argentina, Brasil o Paraguay. Militares de esos países y de otros, formados en la Escuela de las Américas, ayudados por la CIA, dieron golpes de Estado contra Gobiernos de izquierdas, que instauraron el terror, la represión y los asesinatos como medio de obligar al pueblo a aceptar dictaduras. Cuando alguien les hacía frente, como fue el caso de Ernesto Che Guevara, se aliaban con las fuerzas militares locales –las bolivianas en este caso– y terminaban con su vida.
Controlar las mentes
En los años 60, la posibilidad de hacer cualquier cosa sin control les llevó a crear el programa MK-Ultra, el más deleznable de todos los que han montado en su historia. Con el fin de buscar un camino para controlar la mente, experimentaron primero en prisioneros de guerra y luego en enfermos una serie de fármacos que lo único que consiguieron fue matar o producir daños irreversibles en cientos de personas.
Tras la intervención de la URSS en Afganistán en 1979, la agencia desplegó todos los medios a su alcance para evitar que triunfaran los soviéticos, lo que llevó a preparar militarmente y a dotar de armas a los rebeldes que se opusieron a ellos. La consecuencia fue que tras la derrota soviética, emergió la figura de uno de esos mujaidines, Osama Bin Laden, que se volvió contra ellos y levantó grupos terroristas que atentaron contra Estados Unidos en los años siguientes.
La caída del Muro de Berlín en 1989 hizo que la CIA introdujera cambios importantes en su organización, volcándose en la adquisición de medios técnicos. Suponían que los conflictos del futuro necesitarían otro tipo de actuaciones. El 11 de septiembre de 2011 quedó demostrado que en parte se equivocaban. Los atentados contra Estados Unidos mostraron una nueva gran amenaza mundial, la del terrorismo yihadista, a la que tuvieron que hacer frente a partir de ese momento. Los agentes de campo recuperaron su importancia, pero los medios técnicos de espionaje ocuparon un lugar importante, en el que los drones de la agencia visualizaron oficialmente su licencia para matar.



