Alemania: Angela Merkel se hace de izquierdas

26 / 02 / 2014 9:42 Salvador Martínez
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La canciller alemana impulsa medidas de corte progresista desde que su Gobierno depende del Partido Socialdemócrata.

La canciller Angela Merkel gobierna en Alemania complaciendo a los progresistas. Se sabe que no hay barreras ideológicas para ella, pero su ideario es ahora más flexible que nunca, cuando el Ejecutivo germano está en manos de la Gran Coalición, formada por la Unión Cristiano Demócrata (CDU), su hermanada Unión Social Cristiana de Baviera y el Partido Socialdemócrata (SPD). Lo demuestra el pronunciado acento social que llevan las primeras y más sonadas medidas del Gobierno teutón. La creación de un salario mínimo universal asoma en el horizonte y la mejora de las pensiones ya es un hecho solo pendiente de aprobación parlamentaria.

Se viene aplaudiendo desde Berlín el que las economías del sur de Europa se hayan apretado el cinturón en los últimos años y que, de hecho, lo sigan haciendo. De puertas para dentro, sin embargo, conservadores y progresistas se han puesto de acuerdo en rascarse el bolsillo para contentar a la opinión pública. Esto explica, por ejemplo, el contenido del proyecto de ley sobre las pensiones presentado recientemente. 

El texto prevé que las personas que hayan cotizado 45 años, incluyendo periodos de desempleo de hasta un lustro, puedan jubilarse a los 63 años. Para estos casos, se acorta ostensiblemente el límite para alcanzar la jubilación, fijado en 67 años desde que aquella otra gran coalición liderada por Merkel entre 2005 y 2009 materializara la Agenda 2010 del otrora canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Pero Merkel y su actual equipo de Gobierno no solo han hecho realidad el deseo del SPD de mejorar las jubilaciones de los más veteranos del mercado laboral. Además, el Ejecutivo ha pensado en hacer avanzar la agenda política socialcristiana ampliando las retribuciones a las madres de familia que han tenido hijos antes de 1992.

Peter Weiß, diputado de la CDU y destacado responsables en cuestiones laborales del Bundestag, el Parlamento alemán, reconoce que “resulta difícil determinar cuánta gente podrá beneficiarse de esta mejora”. Eso sí, los expertos no dudan al apuntar que, independientemente del número de beneficiarios, la reforma saldrá cara. Lo indican las cuentas que hace para este semanario Andrä Gärber, director de estudios económicos y sociales del think tank de inspiración socialdemócrata Friedrich Ebert Stiftung. La factura de la rebaja de la edad de jubilación “crecerá con el tiempo: en 2014, unos 900 millones de euros; en 2015, unos 1.900 millones, y en 2030 se alcanzará el máximo, 3.000 millones de euros”. Por otro lado, sobre la mejora de las jubilaciones a las madres con niños nacidos antes de 1992, Gärber apunta un coste de 6.000 millones anuales, aunque otros ven más realista la cifra de alrededor de 7.000 millones por ejercicio. En total, se ha evaluado que el Estado gastará 160.000 millones de euros de aquí a 2030.

Satisfacer al público.

Pero el precio no importa. Satisfacer al público es clave para Merkel y compañía, y la política de jubilaciones también, especialmente en un país como Alemania, donde casi un tercio de los electores son sexagenarios o más mayores –unos 21,5 millones de personas–. “Merkel ha apostado por mejorar las pensiones porque la mayoría de sus votantes están por encima de los 50 años”, señala a Tiempo Judy Dempsey, investigadora en Berlín del Carnegie Europe, centro de estudios dedicados al Viejo Continente del Carnegie Endowment for International Peace, un think tank estadounidense que figura entre los más prestigiosos del planeta. Para Dempsey, en Alemania “estamos ante un Gobierno de centroizquierda, por el momento”. “Merkel se ha movido hacia el centro políticamente” y “se presenta ahora bastante socialdemócrata”, asegura Dempsey, que no olvida las presiones que han llegado a la canciller de un SPD “que está mucho más a la izquierda que el de la era de Schröder y el de la anterior gran coalición”.

Para explicar lo que pasa en Alemania, Thomas Denkler, corresponsal en Berlín del diario progresista Süddeutsche Zeitung, alude a que los socialdemócratas aún buscan redimirse de las derivas contenidas en la Agenda 2010, las macrorreformas estructurales que están detrás de la presente robustez económica germana. “Para muchos electores del SPD la jubilación a los 67 años fue un gran error”, señala Denkler. Ahora “el partido quiere ser creíble como el partido de la justicia social y para ello necesita la jubilación a los 63 años”, agrega. En este sentido, Peter Weiß apunta que si bien la “Agenda 2010 ha tenido sus efectos positivos, también tenía sus defectos” como “la masiva expansión de los salarios reducidos”, realidad contra la que los conservadores germanos dicen llevar años luchando con “contrarreformas y responsabilidad cristiana”. Precisamente a este tipo de compromiso sonaba aquello que dijo Angela Merkel al presentar sus nuevas ideas para las jubilaciones: “La humanidad de una sociedad se mide según el trato que dé a los débiles, sobre todo cuando son mayores y están enfermos”.

En definitiva, socialdemócratas y democristianos están decididos a rebajar la dosis de medicina liberal ideada por Schröder para tratar a esa Alemania que se apodó en su día “el enfermo de Europa” por sus malos datos macroeconómicos. De ahí el patente enfado del excanciller socialdemócrata, quien ha dejado caer algunas reflexiones sobre aquello que ocupa actualmente a Merkel y a sus compañeros de partido. Según Schröder, acortar la edad de jubilación implicará que tenga que haber en un futuro “reformas dolorosas para que las cotizaciones sean abordables”. Es más, pasar de 67 a 63 años la edad mínima de jubilación implica enviar un “mensaje completamente equivocado, especialmente a los socios europeos a los que les pedimos, con razón, reformas estructurales”.

Un problema político.

La situación que resulta de que el Ejecutivo alemán incentive la austeridad fuera de sus fronteras mientras anima la demanda interna, mejorando los estándares laborales, es “políticamente problemática”, según los términos de David Pothier, experto del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW, por sus siglas en alemán). Solo hay que remontarse a mayo de 2011 para recordar las palabras de la propia Merkel, cuando afirmaba que era “importante que la gente en países como Grecia, España y Portugal no puedan jubilarse antes que en Alemania” y que el euro no puede existir cuando, entre los países de la moneda única, “unos tienen muchas vacaciones y otros muy pocas”.

Para los alemanes, las propuestas sociales del Gobierno están lejos de ser un dolor de cabeza. “Hay un gran consenso entre la población y la élite política del país en este tema”, indica Torsten Schneider-Haase, analista en el centro de investigaciones demoscópicas TNS Enmid. “En general, la rebaja de la edad de jubilación siempre que se hayan trabajado 45 años es algo muy popular, incluso entre los electores conservadores. Del mismo modo, la creación de un salario mínimo ya no es un tema específico de la izquierda pues una gran cantidad de votantes democristianos se muestran a favor”, añade.

En este contexto es donde interviene el pragmatismo del que siempre ha hecho gala Merkel. Su flexibilidad en términos ideológicos y políticos le ha permitido modernizar un partido como la CDU, antes considerado “polvoriento y retrógrado en temas relacionados con la familia o de sociedad”, dice Thomas Denkler. De resultas, si “los electores quieren ahora una canciller de la CDU que también sea socialdemócrata, ella se lo sirve”. Por paradójico que parezca, según Gärber, la popularidad de Merkel responde a que no es “la típica democristiana”. Ella resulta “muy moderna, con un perfil muy interesante al ser divorciada, no tener hijos y estar siempre dispuesta a apropiarse las ideas del SPD”, añade el investigador del Friedrich Ebert Stiftung.

Por su parte, las élites económicas germanas no aprueban el tono social de la gestión de la canciller. El diario económico Handesblatt, portavoz del liberalismo alemán, ha tachado la política de jubilaciones del Ejecutivo de “regalo electoral” que irá “en detrimento” de las otras generaciones del país. En esta línea, Peter Wollseifer, presidente de la Asociación Alemana de Artesanos, ha calificado los planes gubernamentales en materia laboral de “gigantesco paso atrás”. Y en el periódico Die Welt, otro bastión conservador, se piensa que el país es víctima del “populismo arriesgado” de la clase política.

Alemania es uno de los países más viejos de Europa, con una media de edad de 45 años, y en él nacen menos niños que en ningún otro Estado de la UE. Estos males demográficos todavía no repercuten en el rendimiento económico del país. Pero esos imperativos y los relacionados con los trabajadores peor pagados o las reformas fiscales son los que Merkel tendría que considerar, según Judy Dempsey. “La canciller Merkel se ha equivocado eligiendo los temas económicos”, asegura esta experta. Pese a tener toda la legislatura por delante para rectificar, lo normal es que no lo haga. No es muy suyo contradecir a los votantes.

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