Alarmante escalada de tensión en Venezuela
La inflación desbocada y la tensión social dibujan una situación dramática cuya salida debe ser política. La oposición, sin embargo, carece de programa alternativo.
El paisaje social, político y económico de Venezuela es dramático desde cualquier punto de vista que se mire. En las dos últimas semanas descargó sobre el país una tormenta perfecta de malas noticias, incluido el intento de golpe de Estado denunciado por el presidente Nicolás Maduro, que atribuyó la abortada asonada a miembros de la oposición y a exponentes del Ejército del Aire. La noticia no despertó inquietud en Venezuela. En los medios críticos con el Gobierno se lo tomaron más bien a broma, lo interpretaron como una cortina de humo para distraer la opinión pública. Un golpe militar en Venezuela es prácticamente imposible ya que las raíces, el tronco y las ramas del chavismo son militares. Los militares están en el Gobierno y se proyectan en todas las instituciones. El golpe contra Hugo Chávez fue la aventura de unos pocos amotinados. Muy diferente al también fracasado golpe que el comandante Chávez, al frente del Movimiento Bolivariano Revolucionario, encabezó contra el presidente Carlos Andrés Pérez en 1992. Fue un movimiento de oficiales de graduación media y la gestión de la derrota de los rebeldes por parte del Gobierno les dio a los golpistas una gran visibilidad. Incluso cuando el jefe golpista se rindió, dijo: “El golpe ha fracasado, por ahora”.
En las circunstancias actuales hay caldo de cultivo para la rebelión y la protesta, así como para consolidar una alternativa de oposición que gane las próximas elecciones legislativas. La salida debe ser política, nunca militar. Eso jamás. La espectacular bajada de los precios del petróleo le ha dado la estocada a la, de por sí, maltrecha economía venezolana. Desde el pasado junio el barril de petróleo bajó a la mitad de precio. No es previsible que vaya a subir mucho a lo largo de este año. Esta bajada perjudica a los países productores de petróleo, pero Venezuela es posiblemente el más perjudicado. En teoría era el más vulnerable y en la práctica se está confirmando.
Una inflación desbocada.
Las exportaciones de crudo suponen el 95% de su cambio de divisas. Maduro ha manifestado que para mantener el equilibrio presupuestario necesitaban mantener el precio del barril a cien dólares. Venezuela importa el 70% de los bienes de consumo, incluidos los alimentos. Esto explica, en parte, la falta de artículos básicos en los comercios del país y las colas desesperantes que hay que guardar para conseguirlos cuando los hay. En la tormenta perfecta de las malas noticias está la que dio el Banco Central, en vísperas de carnaval, al informarles, con cierto retraso, que la inflación de 2014 había sido del 68,5%, una de las más altas del mundo. Doce puntos y medio por encima de la del año anterior, que ya había sido altísima. La de los bienes de consumo se eleva al 93%. Una barbaridad. Los venezolanos suelen comentar que el Gobierno da las malas noticias en vísperas de carnaval para que se diluyan en medio de los jolgorios festivos.
Por carnaval los venezolanos olvidan las penas y quebrantos buscando las aguas cálidas y las acogedoras arenas de sus playas. A estas alturas, ya no resulta tan fácil olvidar las carencias tomando los soles caribeños, aunque se hayan llenado las playas. Estos días también se conmemoraron las protestas que hace un año estremecieron Caracas, dejando el terrible saldo de 43 muertos y unos 300 heridos. El Gobierno practicó más de 3.000 detenciones y todavía siguen en la cárcel 60 personas, entre ellas el líder de las revueltas, Leopoldo Torres. Este año se han producido manifestaciones, pero de menor intensidad. El sociólogo y economista Luis Vicente León, presidente de Datanalisis, opina que el fracaso económico de Venezuela no es de capitalismo o socialismo, es de falta de racionalidad. Hay economías socialistas modernas que funcionan y cita la de Rafael Correa en Ecuador y la de Evo Morales en Bolivia. El control de la economía a base de sentimientos y veleidades del chavismo no podía funcionar. Está bien subvencionar a los sectores más pobres, pero había que incorporarlos a la producción económica. Como estamos viendo la dependencia del petróleo es absoluta y lo es porque en los años de bonanza, en los que a Venezuela le sobraba dinero, el Gobierno no se empleó en diversificar la economía creando sectores industriales sólidos y fomentando una agricultura potente.
El álter ego de Fidel Castro.
Si se hubiera hecho, ahora no sería necesario importar bienes de primera necesidad en la cantidad en que se importan. Conviene precisar que esta última reflexión no solo vale para Chávez sino que incluye también a muchos de sus predecesores, pero Chávez tuvo veleidades revolucionarias infantiloides. Deslumbrado por el castrismo, quiso convertirse en el álter ego de Fidel Castro no solo para Venezuela sino para toda América Latina. La comercialización exterior del petróleo fue un disparate, a Cuba se lo suministraba gratis y a otros países donde quería implantar su liderazgo se lo vendía a precios por debajo del coste. Le faltó eso, racionalidad. Tenía carisma y una enorme facilidad verbal basada en la exageración. Le gustaba escucharse y que le escucharan los venezolanos, con este objetivo se pasaba horas ocupando la televisión estatal. Deslumbró a gran parte de los venezolanos, que le votaban masivamente en unas elecciones democráticas, aunque hay que reconocer que la democracia venezolana es de baja intensidad. Las presiones sobre los medios de comunicación son evidentes y Maduro incluso las ha aumentado.
La democracia no consiste solo en convocar elecciones sino en permitir el ejercicio de las libertades. Una institución como Reporteros sin Fronteras, situada en el paisaje político de la izquierda, ha denunciado que el país donde más se deterioró el año pasado la libertad de prensa fue Venezuela. Hace unos meses el presidente de Reporteros sin Fronteras remitió una dura carta a Maduro donde le recriminaba sus desmanes contra los periodistas y contra la libertad de información, a la que Maduro respondió con una crítica feroz a Reporteros, acusándoles de pertenecer al coro de los enemigos de la revolución bolivariana. El Gobierno mantiene una hegemonía total en la radio y en la televisión, mientras que en la prensa escrita tiene acorralados a los medios críticos y maneja a su antojo los estatales. Al periódico Tal Cual lo tiene amordazado y al Nacional y al Universal, dos cabeceras de referencia continental, los tiene sitiados. No pueden acceder a las divisas para comprar papel y están saliendo gracias a la ayuda de 15 periódicos de distintos países. La Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios de Comunicación Electrónica permite controlar los contenidos e imponer sanciones a los medios que no se alinean con las tesis oficialistas.
A la vista del desastre económico Maduro tendrá que tomar medidas para evitar las asfixia total, es difícil resistir la devaluación del bolívar en caída libre. En la práctica se ha devaluado un 90% aunque los responsables de la economía le den mil vueltas para no admitirlo.
Inseguridad y violencia.
La salida de esta situación es política, pero conviene decir que la oposición también está hecha unos zorros. Carece de cohesión y de un programa alternativo sólido. Para ir a las elecciones con ciertas garantías de éxito tendrá que estructurarse mejor y elaborar un proyecto viable. Las elecciones legislativas para la Asamblea Nacional se celebrarán en el último trimestre de este año. Todavía no está señalada la fecha. La Asamblea, dominada por el chavismo, es clave para el debate político y para el control del Ejecutivo, función que ahora está muy lejos de cumplir. Ha dimitido de su soberanía para elaborar leyes, se las dan hechas desde el Gobierno. En la Asamblea también reside del poder de designar a los miembros de instituciones como los jueces del Tribunal Supremo o los miembros del Comité Electoral. Para que nada faltara en la tormenta perfecta de las malas noticias, el Observatorio Venezolano de la Violencia también ha dado sus cifras: el año pasado se produjeron 25.980 homicidios, 82 personas por cada 100.000 habitantes. En 1998, cuando Chávez subió al poder, los muertos por homicidio eran 19 por cada 100.000 habitantes. Es el segundo país más inseguro del planeta, después de Honduras. Para desolación de un país desolado, la oposición tampoco ofrece garantías de buena gobernanza. Pobre rica Venezuela.



