Los reyes padres europeos

25 / 06 / 2014 Javier Otero
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En otros países hay monarcas que dejaron de serlo. Algunos mantienen el título de rey. Otros, además, se meten en problemas.

Tras su abdicación, el rey Juan Carlos ha realizado los primeros gestos para no restar protagonismo al nuevo monarca. El papel que juega el padre del Rey se está modelando en las primeras semanas tras la abdicación. Las primeras decisiones han sido el tratamiento. Juan Carlos y Sofía seguirán siendo reyes. Luego, está pendiente el paraguas jurídico que tendrá el rey Juan Carlos después de que pierda su inviolabilidad, para lo que se tramita su aforamiento.

El Gobierno se ha apresurado a tramitar de forma urgente en el Congreso la fórmula para que el rey Juan Carlos esté aforado, como lo están también, por ejemplo diputados y senadores. Esto significa que en el caso de que tuviera que ser juzgado, lo sería por el Tribunal Supremo. El aforamiento sería en el ámbito penal y civil.

Además de la situación jurídica, también se va a ir poniendo en práctica el papel público de los padres del rey Felipe VI. La situación ya se ha producido en otros países, como el Reino Unido, hasta la muerte de la reina madre en 2002. También es el caso de Holanda y de Bélgica, tras la abdicación de sus reyes, donde ya se ha producido algún incidente incómodo con los padres de los monarcas reinantes.

Durante muchos años, en Europa la figura que encarnaba esta atípica situación en la monarquía fue la reina madre de Inglaterra. La esposa del rey Jorge VI dejó paso a su hija Isabel II en el trono en 1952, por lo que durante medio siglo, hasta su muerte en el año 2002, ha sido un referente sobre el papel que tienen estas figuras en la monarquía.

Dicen que la reina madre de Inglaterra fue la persona más popular de la Familia Real de Inglaterra, especialmente durante los problemas de imagen que soportó esta monarquía desde la muerte de la princesa Diana. La labor de la reina madre fue sobre todo de representación de la monarquía y de apoyo a su hija, la reina Isabel II, aunque también fue ron criticadas desde sus aficiones a sus presuntas simpatías políticas.

El de la reina de Inglaterra ha sido el principal referente y el más antiguo para esta situación de padres de reyes en ejercicio, que a su vez fueron reyes. En Holanda llevan menos tiempo que el experimentado en el Reino Unido. Desde el 30 de abril 2013, en el que se celebra el día de la reina, este país cuenta también con una reina que abdicó la Corona. Beatriz de Holanda ha dejado el trono en favor de Guillermo y Máxima. En Holanda las abdicaciones han sido la fórmula habitual en el relevo en la Corona. La reina Beatriz hizo efectiva su abdicación un 30 de abril, la misma fecha en la que, en 1980, abdicó su madre, la reina Juliana, y poco antes de cumplir 75 años.

La primera diferencia de Holanda respecto a España ha sido el tratamiento oficial. En el país de los tulipanes, los reyes que abdican pasan a ser príncipes y conservan el tratamiento de alteza real. En su caso, pasa a ser su alteza real la princesa Beatriz de los Países Bajos, princesa de Orange-Nassau y de Lippe-Biesterfeld. Cede, además, el palacio real de La Haya a los nuevos reyes y traslada su residencia al castillo de Drakensteyn, cerca de Utrecht. A partir de ahí, el papel de la princesa Beatriz se convierte en simbólico, aunque no se retira de la vida pública. Oficialmente ha declarado que se ha sentido fortalecida porque el dar paso a una nueva generación no significa rebajar su presencia en la vida pública ni renunciar al contacto con los holandeses.

Un caso mucho más complejo es el de la casa real belga. El 3 de julio del año pasado abdicó el rey Alberto II. Tras dejar el trono, sigue recibiendo el tratamiento de rey. En Bélgica, al decidirse por esta fórmula, existen tres reinas y dos reyes. A la nueva reina Matilde hay que sumar a su madre, la reina Paola, y la viuda del rey Balduino (padre de Alberto II), la española reina Fabiola.

La convivencia de rey abdicado y rey ejerciente sí ha provocado problemas en Bélgica. Cuatro meses después de su abdicación, la prensa publicó que Alberto se quejaba de las estrecheces que sufría al ver reducida su asignación económica de la casa real de los  11,5 millones de euros que cobraba antes a los 923.000 que ingresa ahora. Los reyes Alberto y Paola siguieron provocando dolores de cabeza, ya que trascendieron detalles familiares perjudiciales para su imagen relacionados con la poca atención que prestaron ante la hospitalización de su último hijo. Ante este problema, el rey Felipe cesó el pasado mes de abril al jefe de la oficina de su padre, Alberto. Por si no fuera bastante, el 9 de junio se emitió una entrevista con el padre del rey Felipe. De nuevo hubo problemas con la casa real, que no fue informada de este hecho.

Al antiguo monarca le persigue también la sombra de la hija que habría tenido con la aristócrata Sybille de Sélys. Una vez que ha dejado la Corona, la hija ha iniciado un proceso de reconocimiento de paternidad en los tribunales. En Bélgica el rey es inviolable e irresponsable, como en España. Las leyes no contienen ninguna previsión sobre su estatus jurídico una vez que deja el trono, por lo que es posible llevarle a los tribunales. Lo mismo ocurre en Holanda. Ni siquiera gozan del aforamiento, como se prepara en España para Juan Carlos, que les llevaría a ser juzgados solo por el Tribunal Supremo.

La viuda del rey Balduino de Bélgica, la española reina Fabiola, también ha tenido problemas que han acabado salpicando la imagen de la monarquía. Volcada en actividades de carácter social y cultural, preside varias fundaciones que se dedican al desarrollo de las condiciones de vida de la población, el apoyo a las personas que padecen discapacidad mental, el tratamiento de la dislexia; preside un concurso internacional de música o eventos como la cumbre sobre el progreso económico de las mujeres rurales. Sin embargo, la reina Fabiola se vio envuelta también en noticias que perjudicaron una vez más la imagen de la monarquía belga.

La reina tenía una fundación que utilizó para que sus herederos pagaran un 70% menos de impuestos. Esto provocó un escándalo hasta que un tribunal ordenó la disolución de esa fundación y que el Gobierno reformara la financiación de la casa real. Por lo pronto, les obligó a pagar impuestos, de lo que antes estaban exentos. Además, redujo las asignaciones económicas de sus miembros drásticamente. A la reina Fabiola le tocó pasar de ingresar 1,4 millones de euros anuales a 461.000, de los que 90.000 son estrictamente su sueldo. Los príncipes no herederos mantendrán por ahora sus asignaciones, pero los que vengan en adelante no contarán con ninguna.

El recorte presupuestario ha provocado que la reina Fabiola reduzca el número de trabajadores a su servicio, que constaba de veinte personas, entre camareros, conductores, secretarios, consejeros o encargados de la limpieza, entre otros.

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