Difícil solución
Cuando mil personas que no tienen nada que perder echan a correr hacia un sitio, no es nada fácil detenerlos si no es a tiros. Y eso, lo de los tiros, no lo va a hacer España jamás, afortunadamente. Ya sabíamos que en el norte de Marruecos aguardan unos 30.000 seres humanos para saltar las vallas de Ceuta y Melilla como sea. Al precio que sea. Ahora, el ministro del Interior ha elevado esa cifra a unos indemostrables (pero desde luego posibles) 100.000 desesperados. No hay valla, ni doble ni triple, que pueda con eso. Porque a nosotros, los del Norte, nos paralizaría el miedo. Pero ellos hace mucho que ya no tienen ni eso, y saben que en el intento de salto algunos quizá mueran, y que la mayoría resultarán heridos: sufrirán cortes severos y llegarán al otro lado sangrando a chorros. Pero es igual: llegarán. En la madrugada del miércoles 19 echaron a correr hacia la valla de Melilla mil personas. Pasaron más de la mitad y, heridos, sangrantes, eran felices y gritaban: “Bosa, bosa”. Significa victoria. ¿Con qué alambradas se detiene la desesperación? Difícil respuesta.



