Con Abbado se va una generación de genios

28 / 01 / 2014 13:57 Tiempo
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Era el último de su tiempo. El siglo XX vivió dos generaciones consecutivas de directores de orquesta irrepetibles, que imprimieron una personalidad muy marcada a las formaciones con que tocaban. Siempre es comprometido aventurar nombres (porque se olvidan otros), pero los abuelos Toscanini, Walter y Furtwängler (entre muchos más) abrieron paso a los padres, cuyos nombres esenciales bien podrían ser Solti, Karajan, Giulini y, desde luego, Claudio Abbado. La desaparición de este, fallecido de cáncer a los 80 años, es el final de un tiempo (el de los hijos) al que sucede otro: la actual y brillante tropa en la que militan Barenboim, Rattle, Muti, Osawa, Gardiner, Harnoncourt, Mehta Maazel... y ese venezolano deslumbrante, Gustavo Dudamel, que es el mascarón de proa de los nietos. Abbado fue el sucesor de Karajan en la Filarmónica de Berlín (¿quién otro podría haberlo sido?), el alma de la Scala de Milán durante veinte años, el creador de milagros musicales como la orquesta de Lucerna, el mejor apoyo mundial a maravillas como el Sistema de Orquestas de Venezuela... Su discografía es colosal y su influencia en la concepción de la música actual es incuestionable. Es el último de los viejos maestros. Quien le haya visto dirigir nunca lo olvidará.

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