Voluntarios por la patria

15 / 04 / 2014 Miriam V. de la Hera
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España cuenta con una reserva militar formada por civiles que durante periodos breves aportan conocimientos específicos al Ejército.

Van vestidos de calle, nada de su vestimenta indica que pertenezcan al Ejército, pero a su llegada se saludan unos a otros con un “a sus órdenes” castrense. Daniel, Manuel, Teresa y Juan Carlos forman parte de los más de 5.300 reservistas voluntarios que existen en España.

La palabra reservista llenó titulares cuando, tras la crisis de Crimea, Ucrania movilizó a este colectivo cívico-militar ante la posibilidad de entrar en guerra. Lejos de ser una excepción, prácticamente todos los países del mundo cuentan con una figura similar. “No puede haber unas Fuerzas Armadas profesionales sin un contingente de reserva”, opina Santiago Carrasco, técnico de telecomunicaciones en el Ministerio del Interior y presidente de la Asociación de Reservistas Españoles (ARES). En España, se creó en 1999, tras la suspensión del servicio militar obligatorio, aunque hasta 2003 no se convocaron las primeras plazas. Son médicos, mecánicos, periodistas, abogados... que se comprometen a dedicar parte de su vida a las Fuerzas Armadas. “La reserva está enfocada a que sus miembros utilicen los conocimientos de su vida civil en el Ejército”, explica Luis Placencia, presidente de Federación de Organizaciones de Reservistas (FORE).

Sin embargo, en todos ellos existe una vocación de servicio a la patria. “Yo me hice reservista por servicio a España”, exclama Manuel Flores, que además de ser arqueólogo presta servicio como alférez del Ejército de Tierra. Cualquier español mayor de 18 años y sin antecedentes penales puede solicitar una de las plazas que se conceden según un concurso de méritos. Ser reservista no conlleva ningún extra al mes, y solo cobran por los periodos que prestan servicio en el Ejército. “Te incorporas por compromiso con la defensa de un país, y de su democracia”, explica Teresa Deida, sargento de la Armada y una de las 994 reservistas mujeres que hay en España, para quien el sistema de acceso podría ser “mejorable”. Las bases priman ser funcionario o haber hecho la mili, con lo que los jóvenes y las mujeres parten con desventaja. Deida, que es funcionaria en el Ayuntamiento de Madrid, ganó una de las plazas, mientras que su hijo se quedó fuera. “El problema es que estamos creando una reserva de ancianos”, lamenta Carrasco.

Un curso acelerado.

Una vez conseguida la plaza, basta con superar dos semanas de instrucción militar básica y otro curso específico en la unidad de destino. Todos coinciden en calificar la formación de insuficiente. “En la mili se empleaban al menos dos o tres meses para formar al soldado antes de que pasara a hacer otras funciones”, explica Daniel García, licenciado en Derecho y teniente de Infantería de Marina. Esta situación provoca además el recelo de los militares profesionales, que ven cómo adquieren su mismo puesto tras superar un curso exprés.

La reserva militar tampoco se ha librado de los recortes. El reglamento obliga a los reservistas a activarse, es decir, a prestar servicio como militares un mínimo de días al año. Sin embargo, las activaciones, que conllevan un coste, se han reducido a la mínima expresión desde el inicio de la crisis. Buena cuenta de ello da Juan Carlos Salamanca, técnico de emergencias y soldado de la Marina. Consiguió su plaza en 2011, y desde entonces no ha vuelta a su unidad. “Llevo tres años sin ser activado”, lamenta. El Gobierno acaba de modificar el reglamento para evitar que los reservistas en esta situación pierdan su plaza, y en 2014 se han incrementado las plazas un 13%. “Pero por el camino han caído 100 compañeros”, puntualiza Salamanca.

Además la crisis ha abierto un segundo frente: cómo pedir permiso en el trabajo. Según el reglamento, a los reservistas se les conserva el puesto “previo acuerdo con la empresa”, pero la realidad es que muchos sacrifican sus días de vacaciones. “El problema muchas veces es que activarte puede suponer el despido”, lamenta Daniel García. En otros países, como Gran Bretaña, existen medidas de apoyo como beneficios fiscales para los empresarios.

Durante la activación los reservistas realizan funciones propias de su profesión civil. Hasta ahora los más solicitados son los sanitarios, que han participado en varias misiones internacionales, como las desarrolladas en Indonesia tras el tsunami de 2003 o en Haití tras el terremoto de 2010. Son el contingente que se activaría si España entrara en guerra. “Si surgiera, no se puede improvisar”, concluye Luis Placencia.

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