Vende `lo normal´ y lo español
A estas alturas de la campaña, el candidato del PP a la Moncloa, Mariano Rajoy, no se anda con rodeos. No hay tiempo que perder: las encuestas no remontan y tiene que ir al grano si quiere lograr la hazaña de ganar las elecciones contra todo pronóstico. Tiene que echar mano de promesas-milagro, de palabras ganadoras.
Su gurú en la sombra, el especialista en comunicación electoral Antonio Sola le ayuda a encontrarlas. Y han apostado por dos: un gobierno “normal”, y mucho “viva España”.
Son las palabras que más sonaron en el mitin del viernes 29 de febrero con el que el PP atravesaba el ecuador de la campaña, en Pamplona, ante un foro limitado pero enardecido.
Por un gobierno “normal” entiende Rajoy un ejecutivo previsible, que “no se ande con ocurrencias e improvisaciones”. Que nadie busque sorpresas conmigo, viene a decir: “ofrezco certidumbre, credibilidad, seguridad. La gente tiene derecho a un Gobierno con rumbo fijo, con objetivos, que conozca los desafíos”. O sea, que según el candidato conservador, se acabó “el debate ideológico”. No se trata de votar a un partido “de izquierdas o de derechas”, sino votar “por un gobierno normal”.
La palabra tiene sus riesgos, pues normalidad suena no sólo a “sentido común”, como la maneja Rajoy, sino también rima con “mediocridad”. Y además, lo “normal”, como no ilusiona, no cuadra con el “gran proyecto nacional” que el líder del PP dice ofrecer como alternativa “al gobierno en la luna de Zapatero”. Los españoles, insiste Rajoy, siempre se han apuntado a un gran proyecto nacional cuando se les ha convocado a él. Lo hicieron para lograr una transición a la democracia, y luego para entrar en la UE, y luego para tener el euro... Y ahora, hace falta otro.
Pero, ¿cuál es ese nuevo proyecto? Llevo muchos días tratando de descubrirlo. Pero Rajoy no da muchas pistas. Cuando lo define, lo hace muy brevemente, con su segunda palabra-talismán: “España”.
España. La palabra con la que ayer hizo vibrar al Auditorio Baluarte de Pamplona, lleno a rebosar de banderitas de plástico de Navarra -que son las que reparte el PP y UPN-, y otras, más grandes y de tela, de España, que son las que la gente se trae de casa.
Pero, podría preguntar una niña curiosa, ¿España, no es mi país? ¿Qué quiere decir que un señor me ofrezca mi país? Claro, una niña no va a entender que España, según el concepto que administra Rajoy, es un sentimiento de amor al país mezclado con una determinada visión de entender el poder en España. El problema es que no explica qué medidas concretas propone para aplicarla. Sólo nos dice que quiere bajar los impuestos, plantar más árboles, trazar más kilómetros de AVE. ¿Es ese el gran proyecto? ¿O tiene un proyecto que se sobreentende pero que no conviene blandir en campaña, cuando se necesitan los votos de determinadas comunidades? Pues en estas ando. Aunque tal vez no debería darle más vueltas. No sea que, al final, lo de citar a “España” sea un recurso tan utilizado como lo es “Catalunya” en Cataluña. Va a resultar que es lo mismo. La utilización de un sentimiento que, aplicado a unos, es definido como “nacionalismo” y, aplicado a otros, es solo “sentido común”.
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