Un hueco para la oposición
A mediados de 1961 se creó la Unión de Fuerzas Democráticas (UFD), el primer intento de socialistas, demócrata-cristianos y nacionalistas vascos y catalanes por formar una oposición moderada que luchase unida contra Franco. Los integrantes de la UFD fueron PSOE, PNV, ERC, UGT, Acción Republicana y ANV, entre otros. Posteriormente se unieron los anarquistas de la CNT.
Todos ellos tenían una clara voluntad de superar los horrores de la Guerra Civil –fue el anticipo de la Conferencia de Munich, que el régimen de Franco tildó de “contubernio”- y el compromiso de no aceptar “coalición alguna con fuerzas de signo totalitario, sea comunista, sea fascista”, según la declaración aprobada el 4 de junio de 1961. A los pocos días se envió una copia en inglés al presidente John F. Kennedy.
¿Por qué este documento es el único relativo a la oposición española que se guardó en la Casa Blanca? Sobre todo porque en la UFD no estaban los comunistas españoles y los partidos que suscribían la declaración apostaban por “evitar una situación de caos que engendraría una nueva dictadura de cualquier signo”. Además, apoyaban una política exterior española que fuese solidaria “con todos los pueblos libres del mundo”. Una terminología que gustaba en Washington, donde todavía se lamentaban de los derroteros que había tomado la revolución cubana de Fidel Castro, que habían dejado a la isla caribeña como estrecha aliada de la Unión Soviética.


