Los peligros de Pegida

05 / 02 / 2015 Carsten Moser
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Los que gritaban en Leipzig hace más de un cuarto de siglo “Nosotros somos el pueblo” derribaron el muro entre las dos Alemanias. Los que gritan hoy lo mismo en Dresde quieren crear nuevos muros contra los inmigrantes.

Desde que en octubre de 2014 empezaran las movilizaciones de Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) en Dresde, el número de asistentes ha ido in crescendo hasta llegar a la cifra de 25.000 el lunes, 12 de enero, pocos días después del atentado terrorista en París. Es verdad que ese mismo día hubo más de 100.000 alemanes que salieron a las calles en todo el país en favor de la libertad de expresión y tolerancia y en contra del terrorismo y de Pegida. No obstante, el movimiento es peligroso por muchas razones:Por sus líderes, varios de ellos personajes siniestros como su fundador, Lutz Bachmann, 41 años. El excocinero y hoy propietario de un pequeño estudio fotográfico en Dresde, con una larga lista de delitos en su haber, tuvo que dimitir hace una semana por una foto que le mostraba disfrazado de Hitler.

Tampoco han ocultado sus posiciones políticas ultraderechistas Sigfried Däbritz, 39, al que le gustaba citar a Hitler en la Red, o Thomas Tallacker, 46, que en el verano de 2013 escribía en Facebook: “¿Qué hacemos con una masa de inmigrantes, un 90% de ellos sin educación, que solo quiere cobrar de la Seguridad Social hasta quebrarla?”.Porque en sus filas se encuentra un gran número de neonazis que creen haber encontrado al fin su nuevo hogar político, camuflados entre los miles de desilusionados con el sistema tradicional como el jubilado Manfred Funke, 72, que critica a los gobernantes porque no se les consulta más, o como Ines Deckert, 48, que tiene miedo a que se pierdan los valores alemanes por la entrada masiva de inmigrantes.Por sus metas difusas. Sus críticas se dirigían al principio contra la entrada de refugiados políticos en Alemania, después contra la inmigración en general y ahora siempre más contra la comunidad islámica asentada desde hace años en Alemania. Sin importarles que los datos les contradigan: en 2013 Alemania solo hubo 110.000 nuevas solicitudes de asilo político registradas; el país tiene una tasa de natalidad tan baja que necesita de la inmigración para cubrir los muchos puestos de trabajo libres; y según un estudio reciente de la Fundación Bertelsmann, el 90% de los extranjeros de origen musulmán –que son menos de un 5% de la población alemana– está muy contento de vivir en un país democrático. 

 Por su oportunismo. Los mismos que el 5 de enero gritaban en las calles de Desde “Periodistas, mentirosos” y reclamaban la necesidad de “realemanizar la sociedad”, una semana más tarde y como consecuencia de los atentados de París coreaban consignas a favor de la libertad de prensa y lucían crespones negros por los caricaturistas, judíos y policías asesinados. Por su instrumentalización de parte del nuevo partido de derechas Alternativa para Alemania (AfD), que nació con la vocación de sacar a Alemania del euro y enseguida encontró un hueco en el panorama político, dado el pánico de muchos alemanes a que algún día no muy lejano se ponga en marcha la mutualización de la enorme deuda pública acumulada en la Eurozona. Y que ahora se ve como el único partido que puede aglutinar a todo este espectro de alemanes cabreados, miedosos, xenófobos e intolerantes que hacen piña en las manifestaciones de Pegida. El copresidente de AfD Karl Adam declaró poco después de los hechos de París: “El atentado demuestra que los manifestantes de Pegida tienen mucha razón y que han sido criticados por la política sin razón. Cuento con que el movimiento siga creciendo”.Por el estrecho margen de maniobra que le deja a Angela Merkel, tanto a nivel nacional como internacional. Su posicionamiento en el sentido de que el islam pertenece a Alemania y su rechazo a Pegida como movimiento de puro odio tiene detractores en su propio partido, que predican más rigor en la política de asilo político e inmigración por temor a que el movimiento Pegida siga aumentando en número. Y en cuanto a la Eurozona, a la canciller le será casi imposible acceder a una renegociación con quita de la deuda pública griega por el riesgo de que el partido AfD, que en las pasadas elecciones europeas sacó un 7,1%, siga engordando en votos. Ojalá me equivoque. 

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