Intermediarios

25 / 06 / 2015 José Antonio Marina
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La crisis de los intermediarios, que ponen en contacto al productor y al consumidor o al ciudadano y el poder, surge por la desconfianza que nos provocan. sin embargo, son necesarios

Acabo de escuchar una estupenda conferencia de Daniel Innerarity sobre la crisis de los intermediarios y la glorificación de lo directo, de lo inmediato. Es un tema de actualidad e importancia. Intermediarios son los que ponen en contacto dos realidades diferentes. El productor y el consumidor, el fiel y Dios, la noticia y el lector, el ciudadano y el poder, la ciencia y el alumno, la ley y la sentencia. Pues bien, intermediarios comerciales, sacerdotes, periodistas, políticos, profesores, jueces... son vistos con recelo. Daré algunos ejemplos. Los periodistas han sido tradicionalmente los intermediarios entre el aluvión de noticias y el lector. Eran los encargados de seleccionar lo relevante, contrastar las fuentes, poner en contacto al lector con los protagonistas. Ahora parecen innecesarios porque se prefiere la noticia directa, el tuit. No hace falta seleccionar lo importante, el trending topic lo señala al instante. La desintermediación puede cambiar tanto los modelos existentes de negocio como el poder de los Gobiernos y Estados. Es una consecuencia de lo que Manuel Castells llamó “sociedad red”. Un poco ampulosamente, este movimiento se denomina “potenciador del consumidor final”. Quien tiene la palabra es el que antes la recibía. El lector hace el periódico.

Otro ejemplo relevante se da en la política. La democracia representativa es un sistema basado en intermediarios: diputados y senadores. Los representantes son el lazo de unión entre los ciudadanos y las instituciones del poder. En los últimos años, se ha reivindicado con fuerza la democracia directa. No queremos intermediarios. Si la democracia se evalúa por la participación, no cabe duda de que la directa es más democrática. Pero si se juzga por la eficacia en conseguir una sociedad próspera y justa, la cosa no está tan clara. En educación sucede algo parecido. Muchos pedagogos defienden el aprendizaje sin intermediarios, sin maestros. Françoise Dolto, en Francia o Sumerhill en Inglaterra son casos famosos. El niño debe decidir, sin intermediarios, lo que quiere hacer. Por otra parte, Internet  fomenta la idea de que puedo acceder directamente al conocimiento, con un clic.

Pondré un último ejemplo, que sirve para comprender la razón de este movimiento. Durante siglos, en la Iglesia católica, los sacerdotes eran los mediadores entre los fieles y Dios. La reforma protestante se alzó contra esta función. Cada persona podía relacionarse con Dios directamente. ¿Por qué surgió este movimiento? Por la desconfianza provocada por los mediadores. Y esta es la raíz de lo que nos sucede. Para admitir el papel de un intermediario hay que confiar en él. Creo que los intermediarios son necesarios. Por tanto, lo que hay que hacer es vigilarlos y exigirles honradez y competencia. El caso de los intermediarios comerciales es paradigmático. Se encargan, por ejemplo, de llevar los productos del campo al supermercado. No parece que sea posible volver al trueque directo. Pero su labor ha de ser beneficiosa para todos, no introducir un sobrecoste excesivo. Aplíquese esto a la política. Los padres de la Constitución de EEUU, que me sigue pareciendo una joya de sabiduría política, eran hombres muy curtidos en asuntos públicos y se negaron a la representación directa porque creían que era necesario un distanciamiento entre el ciudadano y la decisión, un intermedio de reflexión, objetividad y mesura. Lo que hemos perdido. Me parece que lo más sensato es tener un sistema decente de intermediarios a todos los niveles. 

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