El asesinato de Nemtsov estremece Rusia
El atentado contra el líder opositor se encuadra en el clima de sectarismo, odio e intolerancia alentado desde el poder. Quedan por ver los efectos del crimen en la política rusa.
En una reciente entrevista concedida al periódico New York Times, Boris Nemtsov, uno de los más brillantes y carismáticos líderes de la oposición al presidente Vladimir Putin, decía: “Mi madre tiene mucho miedo de que Putin me mate por mis numerosas declaraciones. Yo estoy preocupado, pero no tanto como mi madre”. La muerte presentida por su madre le llegó a Nemtsov en la medianoche del viernes 27 al sábado 28 de febrero a través de cuatro balas disparadas por un sicario. Hubiera bastado una, la que le atravesó el corazón. La noticia del asesinato saltó inmediatamente a las redes sociales y a los medios de comunicación causando un fuerte estremecimiento social y político.
A lo largo de este último año la agresividad de Putin contra las críticas de la oposición y los opositores contribuyó a la creación de un clima de sectarismo e intolerancia insoportables. Hay que analizar este crimen y sus derivaciones en ese contexto de odio. En los últimos tramos de su vida política, Nemtsov había pasado de ser un adversario electoral de Putin a ser un opositor duro, luego desde el Kremlin lo convirtieron primero en disidente y en los últimos años en traidor. En el lenguaje oficial era un traidor. Boris Nemtsov y la bella modelo ucraniana Anna Duritskaya habían cenado en el restaurante Bosco, en la Plaza Roja de Moscú, al parecer llevaban tres años emparejados. Después de cenar decidieron volver a pie hasta el apartamento de Boris, una decisión que le costó la vida, aunque a la vista de cómo sucedieron los hechos es evidente que estaba sentenciado y si no le hubieran disparado en el puente Zamoskvoretski, lo hubieran hecho a la puerta de su casa unos minutos más tarde. Sin duda los sicarios le habían seguido toda la tarde, conocían su oficio. Es el político de más alto rango y de mayor significado como líder opositor que ha caído víctima de una acción violenta en los últimos años. Una acción que ha disparado todas las sospechas y por eso podría servir como punto de partida para una novela de John Le Carré. En los próximos días, en los próximos meses, veremos las derivaciones, las manipulaciones y las mentiras que se acumularán sobre el ilustre cadáver.
La sombra crítica de Putin.
Para entender las dimensiones del crimen debemos conocer la respuesta a la pregunta ¿quién era Boris Nemtsov y qué suponía su figura en el turbulento paisaje de la Rusia de Putin? Tenía 55 años, era doctor en ciencias físico matemáticas y en los noventa del pasado siglo, cuando se desplomó el sistema comunista, militó en el movimiento de jóvenes reformistas que lucharon por una apuesta democrática en un país que nunca había conocido la democracia ya que había encadenado la dictadura de los zares con la del proletariado (eso dice él en un opúsculo que ha publicado contra Putin). En el mandato de Boris Yeltsin, a finales de los noventa, ya fue ministro y vice primer ministro. Brillante y apuesto, en algunas de las crónicas de aquellos tiempos se le compara con un galán de cine y aún ahora tenía la apostura de los galanes maduros si hacemos caso a las informaciones que proceden de Moscú y a las fotografías.
Apuntaba como sucesor de Yeltsin, pero le ganó por la mano un resolutivo exjefe de los servicios secretos llamado Vladimir Putin. Desde entonces, Nemtsov fue, como líder o colíder de diversos movimientos, alianzas y partidos, la sombra crítica de Putin. Fundó el movimiento Solidaridad con el ajedrecista Gary Kasparov y últimamente colaboraba con varios grupos opositores desde el partido Alianza de Liberales y Demócratas por Europa, del que era copresidente. Fue, junto al joven Navalny, uno de los máximos impulsores de las masivas manifestaciones contra Putin en los años 2011-2012, cuando volvió a presentarse a las elecciones presidenciales. Las calles se llenaron de miles y miles de rebeldes que Putin controló con puño de hierro, encarcelando a varios opositores.
Nostalgia del pasado.
Navalny, que ahora está en la cárcel cumpliendo una condena de 15 días de prisión, declaró entonces a la agencia Reuters: “El sistema político controlado por Vladimir Putin está tan debilitado por la corrupción que podría enfrentarse a una rebelión parecida a la de la Primavera árabe en los próximos cinco años”. No fue así y no parece que lo vaya a ser: Putin se ha hecho con todas las riendas del poder y buena parte de los rusos se sienten cómodos en esta autocracia. En Rusia hay una fuerte nostalgia del pasado, se ha mitificado la proyección mundial del zarismo y de la Unión Soviética como la gran potencia que resistía la comparación con Estados Unidos. Putin está vendiendo que recuperará en un futuro próximo el gran pasado de Rusia al aglutinar en torno a Moscú un espacio euroasiático con varias de las antiguas repúblicas, y desde esta perspectiva geopolítica hay que analizar la invasión de Crimea y la guerra en el este de Ucrania. El opositor Nemtsov estaba levantando un entramado de oposición a los diseños de Putin denunciando la corrupción política y económica en torno al presidente y su participación directa en la guerra de Ucrania. Había sido el alma de la organización de la llamada Marcha de primavera contra las políticas de Putin en Ucrania que debía celebrarse el domingo 1 de marzo, y que se vio frustrada por su asesinato a manos de un sicario pagado no se sabe aún por quién. No se celebró la marcha, pero docenas de miles de moscovitas acudieron a lo largo de todo el domingo a depositar flores en el lugar donde fue abatido, de manera que el puente quedó alfombrado de flores. En las fotos parece un jardín. Se oyeron llantos y maldiciones furiosas que se repitieron en el entierro celebrado el lunes.
En los sectores más duros de la oposición no tienen ninguna duda, detrás están las venenosas enredaderas del Kremlin e incluso señalan al mismísimo presidente como el principal motor ideológico del crimen. En buena parte de la ciudadanía y de las redes sociales se ha instalado la idea de que es una consecuencia lógica de la crispación y el odio que hierven en Moscú calentados desde el poder. Los portavoces de la presidencia y del Gobierno se apresuraron a condenar el asesinato y calificarlo de crimen horrendo. Inmediatamente lanzaron la primera tesis de que a los autores había que buscarlos entre los enemigos
de Rusia que pretendían desestabilizar el régimen.
Cortinas de humo.
Los días que el cuerpo permaneció insepulto, las televisiones y los otros medios cercanos al poder emitieron reportajes sobre su joven acompañante y bella modelo, la ucraniana Anna Duritskaya, deslizando al mismo tiempo la hipótesis de que el asesinato podía deberse a un ataque de celos de otro amante despechado. Por lo tanto había que clasificar el suceso como crimen sentimental alimentado por una fuerte dosis de fango romántico. Siguieron otras hipótesis, algunas verdaderamente peregrinas como la del presidente de la República de Chechenia, Ramzan Kadyrov, colocado en ese puesto por Putin. Kadyrov no tiene ninguna duda de que los autores del atentado fueron los servicios secretos occidentales para que todo el mundo culpara a las autoridades rusas, lo que provocaría grandes movilizaciones antigubernamentales. El politólogo Martinov es más preciso al afirmar que los asesinos fueron espías estadounidenses con el argumento de que condenaron el crimen a los pocos segundos de producirse. Hay quien lo atribuye a los islamistas porque condenó la masacre de Charlie Hebdo y había recibido amenazas por ese motivo. También señalan a los servicios secretos ucranianos e israelíes. Demasiados posibles autores para levantar una niebla que oculta a los autores verdaderos. No cabe duda de que hay tema para una gran novela de crimen y misterio. La gran pregunta tiene que ver con los efectos que tendrá en la política rusa este asesinato, veremos la respuesta en las próximas semanas y los próximos meses. Me inclino a pensar que Putin dominará la situación, a pesar del deterioro económico provocado por la bajada de los precios del petróleo y de las sanciones económicas por la guerra de Ucrania. De todos modos hay que esperar y ver.



