Syriza, el espejo envenenado de Podemos

26 / 01 / 2015 Luis Calvo
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Los de Iglesias marcan distancias con los griegos a la espera de la reacción de Europa ante el nuevo escenario político heleno. 

Syriza, el partido que en los últimos años ha arrebatado la hegemonía de la izquierda y relegado a la marginalidad a los socialistas en Grecia, tiene puestas todas las miradas de Europa en él. Formaciones de todo el continente ven la política griega como una especie de laboratorio donde medir el poder de todos esos partidos que han surgido de la crisis y se alimentan en buena parte del profundo descontento de la sociedad. Syriza fue el primero en llegar y ha sido también el primero en desbancar a los inquilinos tradicionales del bipartidismo. En 2004, cuando se fundó, apenas logró el 3,3% de los votos. En 2007 había crecido ya hasta el 5%, pero no fue hasta 2012 cuando dio el estirón. En las elecciones legislativas de mayo de ese año superó en más de tres puntos a los socialistas. Solo un mes después, tras la disolución apresurada de las Cortes, en más de 14. Y todo parece indicar que el domingo se convertirá en la primera fuerza política del país.

Europa, mientras, está partida en dos. Por un lado, el establishment teme las políticas que desde hace años pregona Syriza. Por otro, para los partidos del descontento es una forma de testar el aguante de la UE ante propuestas muy alejadas de la ortodoxia económica alemana.

Uno de ellos es Podemos. Los de Iglesias se mueven en un terreno ambiguo con Syriza. A nadie se le escapa la buena relación entre sus líderes y la coincidencia de varias propuestas fundamentales en su ideario político, pero aun así, desde Podemos prefieren evitar una identificación estrecha con los griegos hasta ver qué les depara el futuro.

“Grecia no es España”.

Poco antes de las elecciones griegas, la secretaria de Análisis Político de Podemos, Carolina Bescansa, cuestionaba los paralelismos que se han establecido entre ambos partidos. A su juicio, Podemos y Syriza tienen similitudes, pero también “muchas diferencias” en aspectos importantes. “Grecia no es España”, zanjó. Eso no quita para que Iglesias en persona haya viajado a Grecia para dar su apoyo cerrado a Alexis Tsipras, el carismático líder de la formación griega. Ni quieren tenerles lejos, ni demasiado cerca. La cautela de Podemos es lógica. Nadie quiere cargar con el peso del castigo que los mercados pueden ejercer sobre la deuda griega en caso de continuar la inestabilidad en el país. Por el contrario, si el experimento de Syriza sale bien, ya habrá tiempo de reivindicarse como sus socios españoles.

No son los únicos que pretenden reclamar ese sitio. Junto a Tsipras, en Atenas, ha estado otro político español, el coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara. ¿Quién es entonces la marca más similar a Syriza en España?

En el terreno de las propuestas hay pocas diferencias. Si bien es verdad que aún ni IU ni Podemos tienen cerrado el programa con el que se presentarán a las elecciones generales de finales de año, sus declaraciones dejan poco lugar a dudas sobre el camino que tomarán. Ambos hablan de una reestructuración de la deuda (antes Podemos mencionaba un posible impago), una mayor carga fiscal a las grandes rentas y una mayor redistribución de la riqueza. En pocas palabras, una vuelta al Estado del bienestar sobre el que se asentaron los primeros años de la democracia.

Las propuestas de Syriza se parecen mucho. Su medida estrella es la auditoría de la deuda, suspensión temporal de pagos y una posible quita parcial. Es el punto que en las últimas semanas ha despertado el nerviosismo en toda Europa y ha elevado de nuevo la prima de riesgo griega a niveles insoportables. Junto a esta propuesta, financiación directa del Banco Central Europeo a los Estados, nacionalización de sectores económicos estratégicos, tipos marginales del 75% para rentas superiores a los 500.00 euros, impuesto sobre el lujo, subida del salario mínimo interprofesional... También fuera de la economía hay similitudes. Tsipras apuesta por sacar a Grecia de la OTAN y restringir la presencia militar de las tropas en el extranjero.

Hay aspectos, sin embargo, donde las diferencias con Podemos son sustanciales. Como IU, Syriza se reivindica como un partido netamente de izquierdas, una definición que en Podemos tratan de evitar a toda costa pese a lo evidente de sus propuestas. Desde la formación insisten: “Somos los de abajo contra los de arriba”.

También se parece más a IU en cuestiones de organización. Syriza es una coalición de pequeñas formaciones de izquierdas, muchas herederas del eurocomunismo moderno. Podemos, en cambio es de nuevo cuño. Parte de un grupo de profesores, organizados sin apenas estructura detrás. Mientras que en las primeras conviven las corrientes ideológicas en difícil equilibrio, en Podemos el grupo de Iglesias ha laminado casi cualquier crítica interna al proyecto.

Política pop.

Muchos analistas identifican, de hecho, la forma de funcionar de Podemos con el cada vez más desinflado Movimiento Cinco Estrellas italiano que con Syriza. El personalismo de su líder y el uso constante de los medios como forma de promoción tienen más que ver con la política espectáculo de Beppe Grillo o la “política pop”, tal y como la definen los sociólogos italianos Gianpietro Mazzoleni y Anna Sfardini. La capacidad de los medios (especialmente la televisión) para distribuir el mensaje de estos nuevos partidos a una sociedad francamente harta de la política tradicional ha provocado el surgimiento de lo que empiezan a definirse como los “partidos del descontento”. Y su extensión va mucho más allá de la izquierda.

Como Syriza, en toda Europa se han consolidado partidos que se reivindican como la resistencia ante Europa y las políticas de Bruselas. No olvidemos que junto al ascenso de Syriza, también crecen los neofascistas de Amanecer Dorado. En Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen consiguió en las europeas superar a la derecha moderada y al Partido Socialista situándose como la primera fuerza política del país. Lo mismo ocurrió con el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP, en sus siglas en inglés) que en cuatro años ha pasado de un 3% de los votos a casi el 30%. Por último, en Portugal Juntos Podemos trata de copiar el éxito de Pablo Iglesias en España. Todos ellos miran ahora a Grecia.

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