Se busca líder en Andalucía
Cospedal prepara el recambio de Zoido, presidente de los populares andaluces, en una región donde Arenas mantiene su influencia. Ambos discrepan sobre el sucesor.
El PP gobierna en todas las capitales de provincia de Andalucía y en cinco de las ocho diputaciones provinciales. Tiene, pues, grandes cuotas de poder, pero no existe. Esa es la percepción que trasladan no pocos miembros del Gobierno y dirigentes desde la sede nacional de la calle Génova de Madrid. El PP andaluz está desdibujado, sin liderazgo, pendiente de decisiones que tardan en llegar, conforme al ritmo que va marcando Mariano Rajoy. A ello se une la lucha soterrada por controlar una de las organizaciones más importantes de España. Es un hueso difícil de roer, con muchas familias enfrentadas, pero, sobre todo, con dos pesos pesados, cada uno a lados distintos de la trinchera: la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el exlíder de los populares andaluces Javier Arenas. Este último dejó el liderazgo del PP andaluz en junio de 2012, tras fracasar en su intento por alcanzar la presidencia de la Junta de Andalucía en las autonómicas de marzo de ese año. Ganó las elecciones, pero cinco escaños le alejaron de la posibilidad de gobernar. Se optó entonces por una sucesión rápida, sin congreso extraordinario, que recayó en el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Pero este no ocultó que su apuesta estratégica seguía siendo la alcaldía de la capital hispalense, consciente de sus escasas posibilidades de conquistar la presidencia de la comunidad.
La sombra de Arenas.
De momento, se alinea con Cospedal para poner freno a las prisas con que otros dirigentes regionales creen que debe abordarse la sucesión, pero no suple la importante tarea de ser un referente que dé réplica en Andalucía a los socialistas y tenga algún peso en Madrid, frente a la socialista Susana Díaz, que lleva camino de convertirse en una de las caras más reconocibles del panorama político.
La cuestión para el PP no es fácil. Cospedal necesita tener controlada una comunidad donde Arenas mantiene importantes cuotas de influencia. Fuentes populares explican que la sombra del exlíder del partido en Andalucía es alargada en Málaga, Almería, Cádiz y buena parte de Sevilla. Además, sigue siendo diputado autonómico, por lo que su presencia allí es constante. Él vería con buenos ojos la candidatura del actual secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Juan Manuel Moreno, de 43 años, que representa una nueva generación de políticos y que, además, ha crecido políticamente a su lado. El de Moreno es uno de los nombres que está en la parrilla de salida, aunque los deseos de Cospedal se inclinan por alguien alejado de Arenas: el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, de la misma edad que Moreno, esto es, lo suficientemente joven como para plantearse este reto como una carrera de resistencia a largo plazo.
Cospedal tampoco pierde de vista a Carmen Crespo, delegada del Gobierno en Andalucía, a quien pretende convertir en un valor emergente del partido. Hay quien cree que Crespo es la tapada en una batalla donde algunos se han puesto especialmente nerviosos. Como el secretario general del PP andaluz, José Luis Sanz, del que un dirigente nacional afirma que “puede ser un buen número dos, pero no encabezar una lista como aspirante a presidir la Junta de Andalucía o ser el referente del partido aquí”. El caso es que Sanz enarbola unos sondeos sobre candidatos en los que, supuestamente, es el mejor valorado para asumir la sucesión de Zoido, ante la incredulidad de Madrid.
Ministros en las quinielas.
La ministra de Empleo, Fátima Báñez, también sale en las quinielas. Su gran fortaleza, ser una de las personas de mayor confianza de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, puede ser también su gran debilidad. Fuentes del Gobierno indican que “lo más probable es que Soraya no la deje escapar de Madrid, aunque podría querer tenerla allí para controlar una de las organizaciones más importantes del partido”. No es Báñez el único miembro del Consejo de Ministros hacia el que se vuelven las miradas. Miguel Arias Cañete, titular de Agricultura, que desea ser el nuevo comisario europeo, es otra opción de peso. Aunque no supone un cambio generacional, tiene a su favor que es uno de los ministros más conocidos y mejor valorados por los ciudadanos, según el CIS.
El control de Andalucía asegura un importante resorte de poder interno, que hoy sigue en buena medida en manos de Arenas. En definitiva, fueron las organizaciones andaluza y valenciana las que con su apuesta por Rajoy garantizaron su continuidad en el conflictivo congreso de Valencia de 2004. Sin la potencia de ambas, con Madrid reclamando su cabeza, la historia reciente del liderazgo del PP se hubiera escrito con otro nombre.
El PP debe dar “la imagen de que va a por todas en Andalucía y eso no se solventa con cualquier persona”, afirman fuentes populares, más con la vista puesta en las elecciones generales que en las andaluzas. Uno de los presidenciables advierte de que se necesita “un nuevo liderazgo con voluntad de cambiar las cosas: hay gente muy bien instalada en la oposición que con su sueldo de diputado autonómico vive de maravilla en su provincia, ese no quiere dar la pelea”. “Nuestro problema es que no existimos –agrega otro-. Tanto poder municipal y da la sensación de que no hay nadie al otro lado”.
Andalucía lleva camino de convertirse en un campo de batalla. Lo cierto es que mientras se soluciona el vacío de poder que provocó la marcha de Arenas y el nombramiento fallido de Zoido, los socialistas, capitaneados por Susana Díaz, van tomando velocidad de crucero. Tienen bajo las alfombras el escándalo millonario de los ERE y también están salpicados (parece que como víctimas) por las facturas falsas de UGT, pero no se les puede negar el impulso que han tomado tras la decisión de José Antonio Griñán, el preimputado, de dar un paso atrás.
Los sondeos sobre intención de voto lo dicen que de celebrarse ahora las elecciones autonómicas, el PSOE ganaría con una distancia de 7 puntos con respecto al PP. Según una encuesta dada a conocer a finales de julio y realizada por el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía, una especie de CIS a la andaluza, los socialistas retrocederían 2,8 puntos (pasando de 39,3% de 2012 al 36,5%), pero es que el PP iniciaba una caída libre de 11,6 puntos (28,98% frente al 40,6% que consiguió en 2012). Pero una cosa es no volver a ganar a los socialistas en su feudo histórico y otra que la distancia adquiera proporciones elefantiásicas.
Lo realmente preocupante.
Para el Gobierno y buena parte de Génova lo que se dilucida en Andalucía no es solo el control del Ejecutivo autonómico, lo realmente preocupante para los populares es el efecto que este desdibujamiento pueda tener en las elecciones generales de dentro de dos años. Andalucía sienta a muchos parlamentarios en el Congreso y la caída del PP puede dejarles muy lejos de los 33 diputados que consiguieron en 2012, frente a los 25 del PSOE. En total, son 60 los escaños que se dilucidan en esta comunidad, que puede dar y quitar triunfos electorales y mayorías absolutas. Rajoy no se puede permitir el lujo de perder de nuevo el ritmo en Andalucía aunque sea hegemónico en los grandes ayuntamientos, no solo capitales de provincia, y en casi todas las diputaciones. Porque en la misma medida en que el PP es consciente de la importancia de esta región, también lo son los socialistas, desde donde intentarán el renacimiento.



