Sánchez abraza a Corbyn y se aleja del centro

06 / 07 / 2017 Agustín Valladolid
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Los primeros pasos del líder socialista sugieren un PSOE en periodo de prueba, demasiado anejo a Podemos.

Pedro Sánchez y Albert Rivera durante su reunión del miércoles pasado. Foto: David Castro

Salvo sorpresa mayúscula, solo imaginable vía tribunales, Mariano Rajoy está en disposición de agotar la legislatura o, en su caso, interrumpirla porque le convenga a su partido o le compliquen la vida más de la cuenta. A Pedro Sánchez no le interesa quemar etapas antes de tiempo. Además, sabe que sin Ciudadanos no hay nada que hacer, no hay moción de censura que valga, por muchas ganas que tenga de llegar a La Moncloa.

De momento, el general secretario transita por lo que algunos califican como primera fase de su estrategia: acercarse a Podemos para que se visualice el cambio de rumbo, la ruptura definitiva con el felipismo, que es lo que se vino a prometer en las primarias. “Somos la izquierda”, y no nos gusta el PP, ni las puertas giratorias, ni los aparatos, ni el CETA, ni la legislación laboral, ni el techo de gasto. El objetivo a corto es reubicarse, reinventar el PSOE. Ya se sabe, la marca lo aguanta todo. Todo menos una cosa, al menos hasta ahora: confundirse con Podemos.

“Si actuamos como Podemos, hacemos propuestas parecidas a las de Podemos y votamos con Podemos, acabaremos engullidos por Podemos”, le oigo decir a un diputado poco partidario. Pongo la oreja en el otro lado de la trinchera: “Ahora toca tomar distancia con el Partido Popular. Ya habrá tiempo de mover la brújula hacia el centro”, dice un sanchista. Estamos donde imaginábamos, pero con los papeles cambiados. La mayoría pensó en una victoria de Susana Díaz, por la mínima, y un PSOE partido en dos. Y partido está, solo que, contra pronóstico, es el susanismo, para entendernos, el derrotado, y la estrategia ya no es la misma.

El núcleo duro de Sánchez se esfuerza estos días en suavizar de puertas adentro –en ciertas puertas– las aristas de un líder al que ahora, dicen, estando aun tan cerca las primarias, no le queda más remedio que actuar como actúa, ofreciendo en público su perfil corbyniano, más ortodoxo. Pero llegará la hora de macronizarse, insisten, de mirar en otra dirección, y enseñar la cara más amable, hoy parcialmente oculta, del líder. Pero todo a su debido tiempo.

Habrá que creerles, pero no lo están poniendo fácil. Más bien todo lo contrario. En relación, por ejemplo, a la integración comprometida, ya van, al menos, tres desplantes a los perdedores. El primero es el nombramiento antiestatutario de Margarita Robles como portavoz parlamentaria. El segundo, el sorpresivo anuncio de abstenerse en la votación sobre el Tratado de Comercio UE-Canadá, interpretado como un desprecio innecesario al trabajo de los eurodiputados socialistas solo para contentar a Podemos. Y el penúltimo: la elección de Zaida Cantera como portavoz de Defensa, una excentricidad difícil de justificar, sobre todo si confrontamos el ascenso de la excomandante con la retirada de galones a otros diputados, como Ignacio Urquizu, que deja de ser portavoz de Universidades.

La teoría es una cosa y la práctica otra muy distinta. La teoría que se nos vende es que hay que subir el tono para robarle terreno a Podemos y empujar a Iglesias a un recodo de la izquierda, el que ocupó en su día su buen amigo Julio Anguita. La práctica, sin embargo, se confunde la teoría. Las nuevas caras parecen querer competir con Irene Montero. En el equipo de Sánchez hay personajes intercambiables. Muy bien podrían sentarse en la bancada morada, y hacer que Íñigo Errejón pareciera un trasnochado socialdemócrata.

Ganarle a Pablo Iglesias

Pedro Sánchez pretende asentar su liderazgo, debilitar la oposición interna y ganarle la partida a Pablo Iglesias en las municipales y autonómicas de 2019. Confirmarse como líder de la izquierda y afrontar las generales con opciones de conquistar el poder. Pero para eso necesitaría en algún momento mirar hacia la zona central del electorado. Y hoy por hoy, y digan lo que digan en voz baja, no hay indicios de que vaya a caminar en esa dirección. Ni por la alineación titular elegida, ni por las apuestas políticas que se van conociendo, más propias de esa izquierda obsoleta que solo saca la cabeza cuando la derecha tropieza, y que representan Corbyn o Mélenchon, que de un partido capaz de superar viejos relatos y ofrecer soluciones reformistas que no contemplen la realidad como un inconveniente.

Los primeros pasos de Pedro Sánchez sugieren un PSOE en periodo de prueba. Un PSOE necesitado del indulto de Podemos. Un PSOE que se aleja peligrosamente del centro del tablero.

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