¿Ratificar al director del CNI o cambiarlo?
El Gobierno se debate entre renovar a Félix Sanz, ascender a su número dos, colocar a otro alto cargo o abrir una cuarta vía con una persona totalmente ajena al centro.
La Ley Reguladora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) establece que el puesto de secretario de Estado-director tenga una duración de cinco años, una limitación introducida en el año 2002 por los legisladores en respuesta al largo mandato de Emilio Alonso Manglano, que ocupó la dirección en 1981 y la abandonó precipitadamente en 1995. Los análisis de ese periodo llevaron a considerar como un gran éxito la primera mitad de su mandato y como un desbarre completo la segunda. Por eso decidieron que no era conveniente que en un puesto tan complicado y conflictivo, que maneja información tan sensible, el secretario de Estado estuviera más allá de ese tiempo.
Si se cumpliera la Ley Reguladora del CNI, Félix Sanz, el actual director, debería ser reemplazado los primeros días de julio. Sin embargo, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ratificó en el cargo a su antecesor, Alberto Saiz, concediéndole un segundo periodo de 5 años, que se vio truncado meses después por su dimisión a raíz de los escándalos filtrados a la prensa por varios agentes descontentos con su gestión. Esta decisión del Ejecutivo socialista supuso una nueva interpretación, que evidentemente no se atenía a lo establecido en el espíritu del estatuto del CNI.
Con ese precedente establecido, sectores cercanos a Félix Sanz consideran probable que el presidente Rajoy decida prolongar su mandato hasta el final de la legislatura y que sea el nuevo Gobierno salido de las urnas el que proceda a buscarle sustituto.
Esa decisión permitiría que Sanz concluyera dos de los temas más importantes a los que ha dedicado la mayor parte de su tiempo de trabajo en estos años. El primero han sido los ataques contra la monarquía, avivados especialmente por el procesamiento de Iñaki Urdangarin y la participación o no en sus turbios negocios de la infanta Cristina.
El otro es el vendaval independentista generado en Cataluña y promovido por el presidente Artur Mas. El plan para hacerle frente, según desveló este semanario, fue promovido por Sanz y sigue estando muy activo.
Aunque la decisión final es del presidente Rajoy, es la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría quien ejerce el mando directo sobre el día a día del CNI y quien despacha con Sanz. En un primer momento, cuando había algunas dudas sobre la lealtad de un general que había subido a los más altos puestos políticos durante el anterior mandato socialista, la vicepresidenta decidió nombrar a una persona de confianza para la Secretaría General, Beatriz Méndez de Vigo, hermana de Íñigo, secretario de Estado para la Unión Europea.
Ventajas e inconvenientes.
La número dos del CNI mantiene buenas relaciones con Sáenz de Santamaría, a la que informa personalmente de diversos asuntos relacionados con el servicio de inteligencia. La apertura de este cauce fue una de las razones por las que las relaciones de Méndez de Vigo no son excesivamente buenas con Sanz, que hubiera deseado ser la única vía de contacto entre el CNI y el Gobierno.
El nombre de la secretaria general estuvo sobre la mesa de la vicepresidenta a principios de la presente legislatura, cuando debió tomar la decisión de confirmar a Sanz o sustituirlo. En ese momento, pesó el hecho de que Méndez de Vigo no había tenido experiencia en los puestos de alta dirección, lo que ahora ya no sería un impedimento.
De hecho, Méndez de Vigo es una de las candidatas al puesto de director si finalmente el Gobierno decidiera cambiar a Sanz. Tiene a su favor que sería la primera mujer en ocupar dicho puesto y al mismo tiempo el inconveniente de que nunca en el CNI o en el Cesid –su antecesor– un oficial de inteligencia de carrera ha mandado el espionaje. El motivo es que se prefiere a alguien desligado, que garantice una inquebrantable lealtad al Gobierno. Los equipos de Félix Sanz y Beatriz Méndez de Vigo se llevan bastante mal y al mismo tiempo que defienden a sus respectivos jefes, sacan a relucir los inconvenientes del contrario.
A la espera de que el Gobierno decida si mantiene su apoyo a Sanz o abre la puerta a una sustitución, han aparecido dentro del Partido Popular los nombres de algunos de sus políticos que conocen sobradamente el servicio de inteligencia y han acreditado una experiencia política en la administración pública.
El primero es Ignacio Cosidó, director general de la Policía Nacional. Nadie conoce como él los entresijos de los servicios de inteligencia. Antes de que José María Aznar ganara las elecciones en 1996 fue uno de los encargados de elaborar el proyecto de reforma del entonces Cesid. Proyectó un plan impecable que no se llevó a cabo porque el Gobierno popular optó por el continuismo.
Dilatada experiencia.
Cosidó ocupó en aquellos años la jefatura de gabinete de la Guardia Civil, con Santiago López Valdivielso, años en los que conoció de primera mano el funcionamiento de los activos servicios de información de este cuerpo.
Tras esa larga experiencia, permaneció ocho años en diversos puestos en el Parlamento, siempre en contacto con los temas de seguridad, que conoce como nadie. Con Mariano Rajoy en el Gobierno, fue designado director general de la Policía Nacional, con lo que conoce directamente el trabajo de los servicios de información policiales. Sin duda, su perfil es el más experimentado para el puesto, teniendo a su favor además la ventaja de ser civil.
Hay sectores, sobre todo de las Fuerzas Armadas y dentro del CNI, que consideran que son mejores directores los militares. Esta opinión se fundamenta en el caos que, según algunos consideran, fue el mandato de Saiz durante la etapa socialista. Desconocía absolutamente lo que era un servicio de inteligencia y se encontró con la oposición de muchos altos cargos, a los que fue destituyendo uno tras otro. Para poner orden en el CNI, Zapatero nombró al general Sanz, cuyas primeras decisiones tuvieron como objetivo restablecer la disciplina. En unos meses dejó claro que no apoyaba la política de su antecesor. Cesó a Francisco Montes, director de Operaciones, y a Raquel González, directora de Inteligencia, a los que, no obstante, entregó una medalla por los servicios prestados.
Otro candidato que suena dentro de las filas del PP es el actual director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, que ha tenido una larga experiencia en temas de Defensa en sede parlamentaria.
Posible sorpresa.
La tercera persona que conoce detalladamente los temas de inteligencia es Rafael Bardají, un estudioso que ha asesorado al PP, pero que actualmente no está cerca del partido en el poder. En sus últimos artículos ha criticado el funcionamiento del CNI y ha propuesto su partición en un servicio de inteligencia interior y otro exterior, siguiendo el modelo estadounidense de la CIA y el FBI. Junto a todos ellos, cabe la posibilidad de la sorpresa. En su día se habló de que la vicepresidenta Sáenz de Santa María tenía como candidata a una mujer que podría proceder del mundo diplomático. Sería un caso como el de Jorge Dezcallar, que fue el director que mandaba el servicio de inteligencia cuando estalló el 11-M y a quien el Gobierno “premió” enviándole a Estados Unidos.
La decisión final está en manos, en un primer momento, de Sáenz de Santamaría, que no parece tener la intención de acortar los tiempos, por lo que las fuentes consultadas consideran que esperará hasta junio para tomar la decisión final con el presidente Rajoy. En los años que lleva Sanz al mando, no ha habido escándalos, algo que viniendo del CNI es ya un gran triunfo. Un hecho que podría jugar a favor para su mantenimiento en el puesto.



