Prohibido decir “Bárcenas”

19 / 03 / 2013 11:44 Luis Calvo
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Rajoy esquiva el nombre del extesorero como hizo Zapatero con la “crisis” o CiU con la “independencia”.

Los políticos españoles tienen pánico a ciertas palabras. Como buenos supersticiosos dan vueltas y vueltas por el diccionario para no mentar la bicha, el término gafe que atrae la desgracia sobre ellos, la mayor parte de las veces en forma de titular. El último ejemplo es el del extesorero del Partido Popular, otrora un “ejemplo de profesionalidad”, cuyo nombre se ha eliminado de todos los discursos del presidente del Gobierno o sus principales subordinados. Incluso de la demanda presentada contra él. Al estilo de “el Artista Anteriormente Conocido Como Prince”, el extesorero se ha convertido en unos meses en “el autor de los falsos papeles publicados que, según un medio de comunicación (El País), es Luis Bárcenas”.

El propio presidente del Gobierno ha reconocido esta estrategia de ninguneo. Tras referirse a Bárcenas como “esa persona”, en el debate del estado de la nación, dejó claros los límites. “No voy a citar a nadie; no lo hice ayer y no lo voy a hacer hoy. Las personas que ha citado hace años que no tienen responsabilidades en el partido”, explicó. Tiene experiencia. Durante meses, Rajoy esquivó la palabra “rescate” y cuando este por fin llegó para el sistema financiero, el presidente lo rebautizó como “un crédito a la banca que pagará la propia banca”.

Sorprende, sin embargo, que el PP se haya apuntado a una estrategia que provocó tantos quebraderos a José Luis Rodríguez Zapatero. El entonces presidente fue prolífico en eufemismos para evitar la palabra “crisis”. Entre otros regaló a los periodistas términos como “brusca desaceleración”, “escenario de crecimiento debilitado” o “difícil momento coyuntural”. Los vericuetos lingüísticos del presidente llegaron a tal extremo que el PP aprovechó para tachar a Zapatero de “mentiroso”. De hecho, durante la campaña, Rajoy se apoyó en el error del PSOE asegurando que su Gobierno llamaría “al pan, pan, y al vino, vino”.

Allá donde se mire es posible encontrar nuevos ejemplos. En 2012, tras una multitudinaria manifestación de la Diada, Artur Mas convocó elecciones que permitieran expresarse a la sociedad. La campaña entera giró en torno a la cuestión soberanista. CiU, en cambio, dejó el término “independencia”, que a muchos votantes les resulta agresivo, fuera del programa. “Estado propio” sustituyó a la palabra tabú en los papeles y “derecho a decidir” lo hizo en los discursos.

También fuera de España destacados políticos tratan de ocultar a sus votantes la realidad tras un buen montón de palabras. Pese a que en las calles no se hablaba de otra cosa, Sarkozy y Hollande trataron de evitar durante su campaña el término “austeridad”. Por su parte, la prensa cubana ha hablado durante meses de la enfermedad de Chávez sin mencionar el cáncer que sufría.

Pero pocas cosas tocan tanto a los españoles como el fútbol. De nada le sirvieron los eufemismos al jugador vasco de la selección Markel Susaeta cuando evitó referirse a España. “Sabemos que nosotros representamos a una cosa”, arguyó. Al día siguiente trató de resolver el entuerto asegurando que hablaba del estilo de juego. Una rectificación muy escasa en política.

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