Podemos y los pactos in extremis

03 / 11 / 2015 Clara Pinar
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Ada Colau y Mónica Oltra cambian el paso a Pablo Iglesias en Cataluña y Comunidad Valenciana, donde se abre en el último momento una negociación para que la candidatura conjunta incluya también a Ahora en Común de Garzón

A menos de una semana del cierre del plazo para registrar las coaliciones electorales para el 20-D, Podemos ultima in extremis sus pactos en Galicia, Comunidad Valenciana y Cataluña, cocinados a fuego lento durante meses pero que en la recta final han dado giros que complican el liderazgo de la formación morada. Los contactos en Galicia, donde desde hace semanas Podemos ve el acuerdo a punto de cerrarse, no terminan de concluir. Sin embargo, la sorpresa la han dado la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la vicepresidenta de la Generalitat valenciana, Mónica Oltra, cuyas formaciones, Barcelona en Comú (BC) y Compromís, han cambiado el paso de la negociación en el último momento. Lo más previsible es que estos cambios obliguen a nuevas concesiones por parte de Podemos, que en la Comunidad Valenciana incluye hasta sentarse con Ahora en Común (AeC), la candidatura de Alberto Garzón, con el que Podemos rompió abruptamente hace unas semanas.

Hace ya muchos meses que Podemos aceptó que Galicia y Cataluña eran territorios con circunstancias especiales que requerían abandonar la regla general, incluir en su propia candidatura a personas individuales, para llegar a acuerdos amplios con otras fuerzas, con las que irían en coalición y con muchas menos imposiciones en cuanto a los candidatos. En Valencia, el entendimiento con Compromís era pleno para ir juntos a las generales. Sin embargo, se ha llegado al sprint final con el tiempo justo. Candidatos, primarias para elegirlos y el nombre de las coaliciones son los principales escollos después de salvar un requisito sobre el que hay acuerdo en los tres territorios: cada coalición electoral aspirará a tener un grupo propio en el Congreso, algo que, con el reglamento en la mano, conseguirá si obtiene el 15% de los votos en cada provincia donde se presente. Se abandona así una dudosa idea inicial de que los candidatos morados en cada territorio pasaran después al grupo de Podemos en el Congreso.

Además de los detalles por cerrar en Galicia, la recta final ha quedado marcada por los contratiempos por parte de dos políticas por las que Iglesias ha mostrado siempre gran admiración, Colau y Oltra.

La alcaldesa de Barcelona, icono municipalista para Podemos junto con Manuela Carmena, se ha lanzado a la arena de las generales en el último momento. BC quiere participar en la coalición de la que ya forman parte Podemos, ICV y EU, pero aportando también candidatos y un nombre suficientemente representativo. Esto segundo no es un problema, porque los malos resultados del 27-S constataron que Catalunya Sí Que Es Pot no sirve. Fuentes de la coalición consideran una buena noticia la inclusión de BC porque creen que mejorará los resultados en las generales. Entre las “condiciones” o “ítems” –según qué parte hable– de BC, se ha aceptado que tenga una “visión catalana”, es decir, grupo en el Congreso, y tanto Colau como otras fuerzas de la coalición que no son Podemos aceptan que la mejor opción para el número uno es el que propone Colau, el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Xavier Domenech, ajeno a la órbita de un Podemos debilitado en Cataluña por la dimisión de buena parte de sus dirigentes.

Vuelco de la negociación. En la Comunidad Valenciana las cosas debían haber sido fáciles. En Podemos se veía el acuerdo como algo “natural” después del pacto en la Generalitat que dio la presidencia al socialista Ximo Puig. Además, Podemos había aceptado todas las demandas de los valencianos, como el grupo propio, las cabezas de lista en Valencia y Castellón o que Compromís apareciera en el nombre de la candidatura. Sin embargo, la negativa a última hora del Bloc Nacionalista Valencià, uno de los tres partidos que forman Compromís, de ir junto a Podemos a punto estuvo de finiquitar las negociaciones. La solución para salvarlas es que, en lugar de un acuerdo solo entre Compromís y Podemos, se intente alcanzar uno más amplio que paradójicamente también incluya a Ahora en Común de Garzón. Las partes –ahora tres en lugar de lugar de dos– se ponían a ello días antes del 6 de noviembre sin garantías de éxito.

En Galicia, los contactos con las mareas ciudadanas que gobiernan Santiago, La Coruña y Ferrol fueron fáciles desde el principio, pero se llegaba a la última semana sin acuerdo cerrado. Hacía meses que se había cerrado un marco de negociación entre Podemos, Anova e IU al que le quedan flecos sobre los que las mareas son muy cuidadosos. Las candidaturas ciudadanas que tanto éxito tuvieron en las municipales temen que una coalición para el 20-D disuelva su potencial de cara a las autonómicas gallegas del año que viene. El final del plazo les pilló también sin acuerdo sobre el nombre –si Podemos o las mareas van por delante– y con la intención por parte de las mareas de que no haya “cuotas de candidatos”. A una semana del 6 de noviembre, se planteaba incluso hacer primarias –“muy rápidas”– para elaborar las listas. Con todo, confiaban en que dará tiempo, sin descartar tener que ir al notario con el acuerdo el 5 de noviembre y el 6, al Ministerio del Interior.

ESTAR A LA ALTURA Y AL BORDE DEL INFARTO

En la recta final de las negociaciones, Podemos ha estado al borde del infarto e Iglesias ha mostrado en público diferencias con Colau. Hace semanas, los de Mónica Oltra tranquilizaban a los negociadores de Podemos sobre las exigencias del Bloc, “expertos” en tensar la situación hasta casi llegar al infarto. Pero en esta ocasión, los nacionalistas valencianos sí lograron una nueva vuelta de tuerca. Iglesias, que tiene a Colau entre sus políticas de bandera, tuvo que pedirle en público que tenga “valentía” y esté “a la altura” para que sea posible la confluencia.

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