Piongyang desembarca en Madrid
La dictadura más hermética del mundo abre su nueva embajada en la misma urbanización en la que se encuentra la sede central del CNI y la vivienda de Zapatero.
La exclusiva urbanización de Valdemarín, en el distrito madrileño de Moncloa-Aravaca, tiene un nuevo inquilino: el embajador de la República Popular Democrática de Corea, Kim Hyok Chol. En el número 43 de la calle Darío Aparicio, a poca distancia de un geriátrico de alto standing y del hotel Eurostars Zarzuela Park, se acaba de abrir la primera embajada de la dictadura estalinista de Corea del Norte en España.
El lugar elegido como sede de la embajada –y residencia de Hyok Chol al mismo tiempo– reúne todos los ingredientes de una película de la Guerra Fría, ya que su ubicación persigue un único objetivo: el aislamiento, vivir con el mayor anonimato posible.
El primer detalle llamativo es que la residencia no tiene vecinos colindantes que puedan husmear lo que ocurre en su interior. Además, unos frondosos pinos impiden la visión de cualquier curioso con prismáticos que se acerque por allí.
Su estructura rectangular, a semejanza de la arquitectura de Le Corbusier, es de dos alturas y desentona con el paisaje de chalés modernos diseminados como setas por esta zona de Madrid en la que se encuentran la sede central del CNI y la nueva vivienda del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.
La fachada dispone de un mástil desnudo a la espera de que sea izada la bandera norcoreana, pero en ella ya se ha instalado un escudo dorado de grandes dimensiones con el que intimidar a los visitantes. Tanto la valla exterior, pintada de color ocre, como la puerta blindada de acceso al recinto, de más de dos metros, simbolizan el hermetismo en el que vive la dictadura estalinista que dirige desde hace un año el joven Kim Jong-un con puño de hierro.
En la citada puerta se ha colocado la placa que identifica el lugar como el primer territorio norcoreano “en el Reino de España”, así como cámaras de seguridad de última generación con las que se puede vigilar todo el perímetro de la embajada. El único elemento pintoresco en este entorno de espías es la marquesina de la parada de autobuses de la línea 161 que se encuentra junto a la puerta de la embajada.
Cartas credenciales ante el Rey.
El embajador Hyok Chol cumplimentó en enero los dos formalismos que le quedaban para ejercer su cargo en España con todas las bendiciones del Ministerio de Exteriores, que dirige José Manuel García-Margallo. Primero presentó en el palacio de Santa Cruz la copia de estilo de su acreditación ante el Gobierno español y el día 15 fue uno de los 17 embajadores que entregaron las cartas credenciales al rey Juan Carlos en La Zarzuela.
Su llegada a España estuvo precedida, a finales de octubre, por la del viceministro responsable de los temas europeos del Ministerio de Exteriores de Corea del Norte, Kung Sok Ung, quien se reunió con el secretario de Estado Gonzalo de Benito. Si bien España mantiene relaciones diplomáticas con este país asiático desde febrero de 2001, lo cierto es que ninguno de los dos había dado hasta ahora el paso de tener una interlocución cercana: durante años, el representante norcoreano en Roma era el que se encargaba de los asuntos españoles, mientras que los embajadores españoles en Seúl hacían lo mismo cuando se trataba de temas norcoreanos.
¿De dónde viene ahora el interés del régimen de Piongyang por abrir una embajada en Madrid? El deseo del Gobierno de Kim Jong-un es tener una interlocución directa con los países más relevantes de la Unión Europea, de ahí que ya tenga representantes en París, Londres, Berlín, Roma, Varsovia y Estocolmo. A ello se añade que en la capital española está la sede de la Organización Internacional del Turismo (OIT), una actividad que los norcoreanos quieren impulsar en los próximos años con estaciones de esquí y de ocio para extranjeros, siguiendo el ejemplo de Cuba.
En la reunión de trabajo entre De Benito y Sok Ung surgió el interés español por saber cuál será el papel que tendrá a partir de ahora Alejandro Cao de Benós, quien se hacía pasar como el representante oficioso del régimen norcoreano en España en su calidad de presidente de la delegación española de la Asociación de Amistad con Corea (KFA, en sus siglas en inglés), presente en 120 países. En concreto, se preguntó si Piongyang le iba a dar algún estatus diplomático, como el de cónsul honorario.
Cao de Benós se ha dedicado estos últimos años a organizar desde Tarragona numerosos viajes de delegaciones extranjeras, incluyendo intercambios culturales y viajes de negocios. En ocasiones ha aparecido ataviado con un uniforme militar del Ejército Popular de Corea. Pero lo que más ha incomodado a las autoridades españoles es su papel de portavoz de Piongyang cada vez que surgía una crisis política en la península coreana. La respuesta de Sok Ung a De Benito es que Cao de Benós no era un representante oficioso de Corea del Norte, sino el presidente de una ONG afín a sus intereses. En todo caso, subrayó que a partir de ahora será la embajada norcoreana la única que transmitirá la posición oficial del país ante los medios, para lo cual han traído a un funcionario que ha aprendido el castellano en la Cuba castrista.
Los representantes españoles manifestaron, por su parte, su firme posición en contra de la proliferación nuclear y la necesidad de que el régimen comunista contribuya a la paz y la estabilidad de la península coreana, según advirtió Exteriores en un comunicado. En este sentido se le pidió al viceministro norcoreano que Piongyang reabra el complejo industrial de Kaesong, en el que trabajan ciudadanos surcoreanos, en aras de un nuevo clima de distensión entre las dos Coreas. España, por el momento, no tiene pensado abrir embajada en la capital norcoreana.



