Objetivo: quemar a Oriol Junqueras
Desde la antigua Convergència quieren aprovechar el escándalo del exjuez Santiago Vidal para pasar factura a Junqueras y quemarle políticamente.
Dice el refrán que no hay mal que por bien no venga. Y los políticos catalanes echan mano de él tras el escándalo en torno a las declaraciones del ya exsenador de ERC Santiago Vidal sobre presuntos delitos cometidos por el Gobierno catalán a la hora de preparar el referéndum secesionista. Si los independentistas ya tenían enfrentamientos internos, este escándalo añade más leña al fuego: se ha materializado una pinza entre el Partido Demócrata Europeo Catalán (PDECat), la formación que ha tomado el relevo a la antigua Convergència, y sus enemigos íntimos de la CUP, en contra de la otra gran formación soberanista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).
El objetivo es salvar de la quema al presidente catalán, Carles Puigdemont, y hacer que las responsabilidades políticas sean asumidas por el líder de ERC, Oriol Junqueras. ¿El motivo? Junqueras es el favorito en unas eventuales elecciones adelantadas: Esquerra quedaría en primer lugar y el PDECat perdería su condición de primer partido para pasar a ser la quinta fuerza. Y la CUP perdería también la mitad de sus diez diputados. Con el escándalo Vidal pueden ajustar cuentas con Junqueras e intentar recuperar esos votos. De ahí que los antisistema no permitiesen que Puigdemont comparezca en el Parlamento para dar explicaciones, como pide la oposición, pero en cambio ponen encima de la mesa el nombre de Oriol Junqueras. Una jugada que no tiene nada de simbólica ni de operativa: es una cruel venganza contra el hombre que les puede dejar en la cuneta. “Que se queme él”, vienen a decir.
Junqueras siempre ha estado en segundo plano. Incluso todas las peticiones de inhabilitaciones que hay en los juzgados afectan a altos cargos de Convergència. Además, su agenda oculta contempla unas elecciones anticipadas que le darían opción de ser president en coalición con pequeños partidos como Moviment d’Esquerra Socialista (MES, el partido que fundó Ernest Maragall). Luego, buscaría el apoyo parlamentario de Convergència, pero en caso de no poder forjar un frente independentista acudiría a Los Comunes (que engloba a ICV, a Podemos y a la nueva formación de Ada Colau) e incluso no se descarta que pudiese entrar en juego el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC).
Pacto con Madrid
Fuentes solventes indican a TIEMPO que, en esa eventualidad, el republicano estaría dispuesto a acabar con el tobogán de inestabilidad de la política catalana pactando con el Gobierno central algunos blindajes (una nueva financiación, la inmersión lingüística y que se reconozca la plurinacionalidad del Estado español en la Constitución) a cambio de una nueva etapa de estabilidad política con lealtad institucional. No renunciaría a la independencia, pero alejaría la amenaza de convocar un referéndum ilegal. Y eso pone de los nervios tanto a Convergència como a la CUP. Así, los deslices de Vidal son aprovechados por los rivales para poner la diana sobre ERC en general y sobre Junqueras en particular. Y, al tiempo que desbaratan los planes de los republicanos, desgastan la figura de su líder, hasta ahora en un discretísimo segundo plano.
El causante de esta jugada maquiavélica es el exjuez Santiago Vidal, que hasta el 31 de enero ejerció también como portavoz de ERC en el Senado. A comienzos del pasado noviembre, Vidal comenzó a pronunciar conferencias itinerantes por los pueblos catalanes. Su misión era animar a los ciudadanos a abrazar la causa independentista y, en lo posible, captar nuevos adeptos convenciendo a los todavía indecisos. Sus teorías no eran ningún secreto. Compartió mesa de conferencia y tertulia con los primeros espadas de la política catalana, que le oyeron decir barbaridades y que, sin embargo, jamás le desmintieron.
Hasta que todo saltó a la prensa. Vidal había dicho que el Gobierno catalán había conseguido ilegalmente los datos fiscales de todos los catalanes. Que había confeccionado una lista con los jueces que apoyarían una república catalana en caso de separación de España. Que buscaba a agentes del CNI infiltrados en los Mossos d’Esquadra. Que había negociado en secreto la incorporación a la OTAN en caso de secesión. Que la mitad de los países de la UE se mostrarían favorables a la ruptura con España. Y que los presupuestos para 2017 que el Parlamento catalán discutirá en dos semanas esconden 400 millones de euros destinados al referéndum.
La tormenta política por la locuacidad del exsenador republicano es de órdago. Los principales partidos de la oposición ya pidieron la comparecencia del presidente Puigdemont y otros altos cargos, pero los independentistas vetaron todas salvo la del vicepresidente Junqueras, que ya estaba prevista en la Comisión de Economía de mediados de febrero.
Ahora, desde el PP, la polémica sobre el exjuez Vidal continúa creciendo. Desde ERC y la CUP se le defiende con el argumento de que la locuacidad puede haberle jugado una mala pasada y tanto PP como Ciudadanos hablan de escándalo mayúsculo y de la necesidad de investigar a fondo sus afirmaciones. En el entorno de Puigdemont, lo dicho, a quemar a Junqueras.


