Noche de terror en Acapulco

18 / 02 / 2013 9:23 Alberto Sierra (Acapulco, México)
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Tiempo publica en exclusiva el testimonio de la primera persona que auxilió a las seis españolas violadas en uno de los destinos turísticos más visitados de México.

La escena del crimen. La casa donde fueron agredidos los turistas españoles.

Eran las cinco y media de la mañana cuando tocaron a mi puerta. Abrí y ahí estaban todos ellos. Entraron desesperados y gritando: "Nos violaron, nos golpearon, nos ataron, nos encapucharon, nos robaron todo”.

Es el testimonio de la primera persona que prestó auxilio a las seis mujeres españolas agredidas sexualmente en Playa Encantada, Acapulco, y a sus ocho acompañantes, siete compatriotas varones y una mujer mexicana, esposa de uno de ellos.

La entrevistada vive muy cerca de la casa donde ocurrió la violación múltiple. Pide ser identificada como Guadalupe (nombre ficticio). Teme por su seguridad, aunque decenas de militares han estado apostados junto a su puerta todas las noches desde que se produjo la agresión. “Las cosas están muy calientes aquí”, señala. “Al principio me asusté mucho, no sabía qué hacer, cómo reaccionar. Pero entonces uno de ellos dijo que no había muertos. Ahí me calmé un poco”, dice mientras señala su brazo izquierdo para mostrar cómo se le eriza el vello al iniciar el relato de los 90 minutos durante los que cobijó y atendió a las víctimas. “Me pidieron usar el teléfono. Entraron conmigo, les hice un té y me abracé a algunas de las chicas, que estaban histéricas. Apliqué pomada a uno de los hombres, que traía el ojo reventado. Les pegaron mucho a todos ellos”, cuenta Guadalupe.

Fácil acceso.

Empezaron a contarle lo ocurrido. Según la versión dada a conocer por las autoridades locales, eran las dos de la mañana del lunes 4 de febrero, día festivo en México por el 96 aniversario de la Constitución, cuando cinco hombres armados entraron con sigilo en la casa de vacaciones alquilada por los españoles para pasar el puente, en el kilómetro 37 de la Carretera a Barra Vieja, en Acapulco. No les debió de resultar complicado acceder al inmueble. El lado de la casa que da hacia la carretera está flanqueado por un muro de piedra de apenas un metro de altura. Saltarlo no requiere casi esfuerzo. En el costado que da a la playa, el acceso es todavía más fácil. No hay más que caminar por la arena hasta la puerta de entrada.

Los agresores apuntaron con sus armas a dos de los hombres, que se habían quedado apurando la última cerveza en la entrada, mientras los demás se habían retirado a dormir. Les obligaron a abrir la puerta. Después los ataron. A las seis españolas las subieron a una habitación, donde las violaron.

“Me dijeron que de los cinco agresores, tres llevaban la cara tapada. Los otros dos llevaron el rostro descubierto en todo momento”, recuerda Guadalupe. Mientras las chicas eran violadas por cuatro de los agresores, el quinto mantenía bajo custodia a los varones y a la mujer mexicana, a quien no llegaron a violar pero a la que sí sometieron a tocamientos. “Ella pidió no ser agredida, dijo ser mexicana y los atacantes reaccionaron diciéndole que había pasado la prueba”, ha contado la procuradora (fiscal) general de Justicia del Estado de Guerrero, Martha Garzón.

El asalto duró más de dos horas. Les robaron los teléfonos móviles, tabletas, alrededor de 500 euros en efectivo, las carteras con tarjetas de crédito y hasta las zapatillas de deporte.

Delante de Guadalupe, las catorce víctimas comenzaron a discutir entre ellas sobre si debían llamar o no a la policía. La tensión iba en aumento, y llegaron a levantarse la voz los unos a los otros: “Algunos querían denunciar el caso, otros preferían taparlo”. Habían sido amenazados con represalias y tenían miedo a que sus identidades salieran a la luz. Con edades comprendidas entre los 20 y los 38 años, la mayoría de los trece españoles agredidos residen y trabajan en México D.F., según afirman fuentes diplomáticas consultadas por Tiempo. Otros habían venido a pasar unos días de vacaciones desde España para visitarlos. “Esto no puede salir de aquí, si mi madre se entera me hace regresar a España”, dijo una de las jóvenes residentes de México.

Llevan tiempo viviendo en el país, y por lo tanto son conocedores de su historial policial y judicial, donde el 95% de los delitos quedan impunes y solo el 15% de las agresiones sexuales a mujeres son denunciadas, según Amnistía Internacional. Una nación en la que 131.000 mujeres son violadas cada año, una cada cuatro minutos, de acuerdo a estimaciones de la Secretaría de Salud.

“Luego llegaron otros seis españoles a quienes habían llamado desde mi teléfono y que habían venido a pasar el puente con ellos pero se hospedaban en el hotel Princess, a pocos kilómetros de aquí. Les convencieron de que debían denunciar y finalmente sí lo hicieron”. Alrededor de las siete de la mañana salieron del inmueble de Guadalupe y regresaron a la casa del horror para esperar la llegada de la policía y poner la denuncia. Después recibieron atención médica y asistencia consular y fueron trasladados a la capital mexicana. Algunos, según el relato de Guadalupe, con la firme intención de obtener justicia. Otros, quizás, aún con la pretensión de esconder la pesadilla incluso a sus seres queridos.

Las horas previas.

Las 24 horas previas a la agresión fueron de diversión y disfrute en el idílico paraje donde pasaban el fin de semana. Una villa en forma de cabaña llamada Casa Banbaje, que se ofrece en alquiler para fines de semana y está alejada de los grandes complejos turísticos, en la zona de Barra Vieja, una pedanía de Acapulco. “La noche anterior, el sábado, habían estado de fiesta, con la música muy alta, hasta las cinco de la madrugada. Estuve a punto de acercarme a llamarles la atención, no me dejaron dormir”, recuerda Guadalupe.

Al día siguiente, los vio en la playa, tomando el sol. “Las chicas estuvieron haciendo topless, algo que no es costumbre ni tampoco muy recomendable en esta zona”. Lo que en otros lugares puede ser inofensivo, aquí es peligroso, dado el contexto de inseguridad de México en general, y de Acapulco en particular. Aunque pobladores y empresarios de la zona insisten en decir que la violación múltiple ha sido “un caso aislado”, la realidad dice otra cosa. Lo único “aislado” son los ataques a extranjeros, de los que no había habido constancia hasta ahora.

Sin embargo, desde noviembre, la procuraduría General de la República y la procuraduría estatal investigaban la existencia de una banda de encapuchados que se dedicaba a robar, violar y secuestrar viajeros precisamente en esta zona del oriente de Acapulco. Una investigación abierta por la Fiscalía documenta al menos cuatro casos anteriores en que turistas nacionales y sus acompañantes han sido víctimas de violaciones múltiples, robo y agresiones físicas en el área de Playa Bonfil-Barra Vieja. En todos esos casos, muchos de los cuales no habían salido a la luz hasta que se produjo y se dio a conocer el caso de la violación de las españolas, las víctimas fueron amenazadas con represalias por parte de los criminales y además se encontraron con un muro de indiferencia por parte de las autoridades. “Una de las mujeres violadas quiso denunciar, pero en el Ministerio Público, le dijeron que no había médico legista, por lo que era mejor que regresara otro día”, relata el periodista Sergio Sarmiento, del periódico Reforma.

El 24 de enero, ocho personas fueron detenidas y todavía permanecen bajo custodia: siete hombres menores de 26 años de edad y una mujer de 42 años, acusados de ser los integrantes de aquella banda de violadores. Vecinos de la zona han asegurado a la prensa local que los detenidos son inocentes. “Algunos eran salvavidas [socorristas] y otros rentaban [alquilaban] cuatrimotos en la playa”. Diez días después de ser detenidos los ocho supuestos integrantes de esa banda de violadores, y con ellos entre rejas, se produjo el ataque al grupo de españoles.

Las huellas del crimen.

“Estamos desde luego consternados por un hecho tan condenable como el que se dio en este lugar, y no descansaremos hasta que las cosas se esclarezcan y obviamente se castigue a quienes tengan alguna responsabilidad”, señala el gobernador del Estado de Guerrero, Ángel Aguirre, en entrevista a Tiempo, a las puertas de la Casa Banbaje.

El gobernador confirma que ya hay detenidos por su supuesta relación con el ataque a los españoles, pero rehúsa decir cuántos son u ofrecer un perfil de ellos. “Sí, hay gente a la que se está procesando, pero no quisiéramos hacer ningún anuncio si no es con la suficiente solidez, con las suficientes pruebas. Tampoco queremos que mañana se diga que en aras de dar una respuesta pronta, se consignó o se encerró a personas que, a lo mejor, no tuvieron nada que ver con el ataque”.

Habría al menos seis detenidos, según familiares de los arrestados, que han denunciado detenciones arbitrarias sin orden judicial ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos. De ellos, dos han sido ya identificados por las víctimas de una violación que tuvo lugar en la zona el pasado mes de noviembre, según una fuente del Gobierno estatal, quien agrega que elementos de la Marina, la Policía Ministerial y la Policía Federal Preventiva patrullan e investigan en varias barriadas cercanas de Acapulco en busca de más sospechosos. De acuerdo a las distintas versiones que circulan, los detenidos hasta el momento son jóvenes de entre 20 y 25 años de edad que trabajan en la zona.

Informaciones contradictorias.

La información que transmiten las autoridades locales es confusa e incluso en ocasiones contradictoria. Dicen que sí hay pistas, pero las pesquisas avanzan despacio. Aguirre nos dice que no quiere dar más detalles hasta que concluyan las investigaciones y agrega un dato que añade aún más confusión: “Traemos varias líneas de investigación, no solo una. Lo que queremos es agotarlas todas y con base a eso, que nos conduzcan a descubrir exactamente quiénes fueron los involucrados”. Días antes, sin embargo, la procuradora Martha Garzón decía tener una montaña de pruebas que apuntaban a una única línea de investigación, la de que los agresores no pertenecen al crimen organizado, viven en la zona y su móvil fue “el robo y la diversión”.

Ante la magnitud del escándalo, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha instruido a la Secretaría de Gobernación (un organismo equivalente al Ministerio del Interior en España) y a la Procuraduría General de la República (Fiscalía), a coayudar en las investigaciones, a pesar de que la violación y el secuestro están tipificados como delitos comunes y, por tanto, pertenecen al fuero municipal y estatal. “Casos como ese nos deben ocupar a todas las autoridades de los tres órdenes de Gobierno a asumir plena responsabilidad y, sobre todo, a emprender acciones específicas que permitan que las instituciones encargadas de la seguridad pública actúen con mayor eficacia”, ha dicho el mandatario mexicano.

Así, Peña Nieto salía al paso de algunas declaraciones realizadas por funcionarios locales que han desatado la indignación a ambos lados del Atlántico, como la ya citada de la procuradora Garzón, donde decía que la violación había sido “por diversión”. O la que, días antes, hizo el alcalde de Acapulco, Luis Walton, afirmando que “casos así se dan en todos los lugares del mundo”. Aunque es cierto que luego Walton pidió disculpas.

Por su parte, en lugar de denunciar la falta de seguridad ofrecida por parte de las autoridades, la presidenta de la Asociación de Hoteleros de Acapulco, Mary Bertha Medina, pidió a los turistas no hospedarse en casas de la “oferta extra hotelera informal” que se anuncian a través de páginas web en Internet, “donde no brindan ninguna seguridad para el turista, donde no brindan ningún apoyo y no tienen ninguna norma para poder estar hospedando a ningún tipo de turista”.

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